La Cuba de Castro en el 2016 (probablemente mucho antes) comenzó a practicar en secreto con ondas de ultrasonido para espiar y, de paso, dejar casi sordos a funcionarios extranjeros de misión oficial en La Habana. Probablemente esto también se lo hagan a los inversores foráneos que se arriesgan a perder su dinero en la Isla. Y seguro también le aplican la misma técnica a los académicos cándidos o cómplices que aterrizan desde el Primer Mundo en Cuba, para hacer etnografía y/o arqueología (además de sus selfies estúpidos), como si de un parque temático de la Revolución se tratara.

Ahora todos los medios de prensa parecen asustarse en los Estados Unidos de América. Pero es apenas otra fake news: en realidad, a nadie le importa nada en un país cada vez más polarizado y resentido socialmente (y cansado de sus propias ganancias sin ningún sentido trascendente existencial).


Ahora cada partido político en EUA aprovecha para acusar a su oponente por la política reciente hacia la Cuba de Castro, cada cual explotando respectiva y retrospectivamente los beneficios y/o maleficios del embargo norteamericano hacia la Isla durante el último medio siglo.

Ahora, una vez más, los cubanos somos apenas una mera justificación para los intereses de Washington, D.C., donde los destinos de Cuba, como desde hace un par de siglos, se definen acaso apostando duro en un juego de azar, entre las mafias legales de los lobbies congresionales y los halcones del mercadeo global (más un toque de ideología socialista para darle cierto sabor humanista a semejante ajiaco).


Ahora, como siempre, los dólares lo determinan todo. Excepto, por supuesto, al despotismo de la dictadura cubana, que en pleno siglo XXI sigue comportándose obscena y obcecadamente como le da su gana, con o sin embargo comercial y financiero de los EUA hacia Cuba. Con o sin Obama, el bueno en la Casa Mulata. Con o sin Trump, el malo en la Casa Rubia. Con o sin Fidel Castro bajo el reinado represivo a la vez que reumático de su hermano Raúl.

Según Collin Laverty, presidente de una compañía de viajes en grupo a Cuba llamada Cuba Educational Travel, entre Estados Unidos y Cuba “las relaciones eran buenas cuando Obama estaba en su cargo,” por lo que “esto simplemente parece completamente fuera de contexto”. Es decir, ahora no era el mejor momento para dejar sordo a nadie.

Collin Laverty demuestra con esta frase, como la mayoría de los extranjeros (especialmente europeos y norteamericanos), una ignorancia insultante respecto al castrismo. Porque la verdad sigue siendo una infamia demasiado inverosímil para el mundo libre más allá del Malecón de La Habana: las relaciones de Cuba no son buenas ni siquiera con sus aliados, las relaciones de Cuba con el resto del mundo (especialmente Europa y América) dependen precisamente de afectar hasta destruir a las sociedades libres del mundo.


Mientras quede aunque sea un soplo del espíritu de los Castros en el poder, Cuba será siempre como un cáncer sin cura que hace metástasis en cuanto país o persona se les acerca, sea con buenas o regulares o malas intenciones. Tal vez esto pueda interpretarse como chovinismo inverso, pero lo cierto es que Cuba sigue siendo el corazón de la debacle constitutiva de nuestro hemisferio. Como cierto es que, mientras quede castrismo con vida en Cuba, las Américas serán siempre una zona de guerra a favor de la violencia socialificadora instigada desde la Isla, y siempre en contra de las democracias decentes, las libertades fundamentales del individuo y el capital no criminal.

Collin Laverty, como la mayoría de los norteamericanos, se asombra de que en el 2016 el régimen cubano haya dejado casi sordos a varios diplomáticos de Estados Unidos y Canadá. Se azoran y también protestan como de costumbre los congresistas republicanos Marco Rubio e Ileana Ros-Lehtinen, así como parece sorprendida en su solemnidad la vocera del Departamento de Estado estadounidense Heather Nauert. Y muchos y muchos más en EUA se sumarán a este coro de lamentos pro-Obama y anti-Trump que devendrá en una sinfonía de bravuconerías anti-Obama y pro-Trump.

Al respecto, me da mucha pena propia el pueblo cubano, tan abandonado a su suerte de paria incivil entre la dictadura y la democracia más largas de la historia universal, entre la impunidad en la Isla y la indolencia del resto del mundo, entre la brutalidad de sus propios desgobernantes y lo bruto que son los gobernantes vecinos, desde Washington hasta Bruselas.


Al respecto, la Cuba de Castro no ha dejado sordo a nadie con un aparatico ultrasónico ultra secreto. Eso es pura anécdota olvidable tan pronto estalle la próxima guerra o sobrevenga el siguiente atentado terrorista en la Unión Europea o los Estados Unidos. La tragedia para los cubanos es otra, todavía hoy a rastras con una Cuba cuya soberanía ha sido secuestrada a perpetuidad por el castrismo. Lo terrible es que, fuera de Cuba, todos siempre han estado más que sordos ante la sordidez de la Cuba de Castro.

La sabiduría de los refranes de pueblo nunca falla: no hay peor sordo que el que no quiere oír.


Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.


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