Gemelos pinareños que se inyectaron aceite de cocina. Foto © Granma

Dos jóvenes entran al salón de operaciones tras inyectarse aceite de cocina en los músculos

Esta noticia es de hace 2 años

Al joven pinareño Mario Luis Guerra, de 23 años, le daba vergüenza contarle al médico que detrás de la inflamación que tenía en el brazo y la fiebre que sufría había una inyección de aceite de cocina para aumentar la musculatura de sus bíceps.

Según ha contado la víctima al periódico Granma, un amigo le dijo que si se inyectaba el aceite sus brazos estarían irreconocibles en el plazo de un mes. Y no le mintió. Lo estaban, pero de la infección que le obligó a pasar tres veces por un quirófano y que le han dejado una decena de cicatrices en las extremidades. "El brazo se me estaba reventando", confiesa.

Mario Luis se inyectó el aceite dos días seguidos: 20 centímetros cúbicos (cc) en los bíceps y 10 cc en los tríceps. "El brazo se me empezó a inflamar y se puso rojo, con humor. El mismo día que fui al médico, me ingresaron. Me dieron el alta, pero tuve que volver, porque el aceite se me había regado", dice al rotativo cubano.

Su hermano gemelo, Mario Sergio, hizo exactamente lo mismo, sólo que su reacción al aceite de cocina tardó más y pudo completar hasta cinco sesiones de inyecciones, que se ponía cada dos días. Para combatir el dolor, un par de dipironas (analgésicos) y luego una tanda ejercicios. Pero al quinto día, ya tenía el brazo "malo", sentía decaimiento y se le hizo "una pelota de humor en el codo izquierdo".

Todo eso, a sabiendas de que su hermano estaba ingresado en el hospital y que desde allí le llamaba para que ingresara él también. Mario Sergio aguantó hasta que ya no pudo más y acudió al médico porque los dolores y la fiebre eran insportables. Tuvo que entrar cinco veces de urgencia al salón de operaciones.

Los dos hermanos confiesan que de haber conocido las consecuencias de inyectarse aceite de cocina en los brazos no lo habrían hecho. Ahora, en su día a día, reconocen que "pasan trabajo para cargar una cubeta de agua". Pero lo peor para ambos es que tendrán que esperar unos cinco años para volver a levantar una pesa.

Una práctica detectada desde hace dos años

El doctor Luis Raciel Breijo, jefe del servicio de Ortopedia, del hospital Abel Santamaría, de Pinar de Río, advierte de que si bien es cierto que muchos fisiculturistas se inyectan aditivos para potenciar la musculación, la mayoría de los medicamentos están respaldados por estudios previos y son aplicados generalmente por especialistas.

En Cuba se está haciendo de forma clandestina, en condiciones de salubridad cuestionables y utlizando productos que no están concebidos para este fin."Generalmente duele bastante (inyectarse aceite), porque los efectos químicos empiezan a producir la necrosis de los tejidos", aclara el facultativo.

El médico reconoce además que desde hace dos años se viene registrando en Pinar del Río la práctica de inyectarse aceite de cocina en los brazos. En nueve de cada diez casos los aspirantes a lucir músculo llegan en fase de celulitis o con abscesos y hay que ingresarlos, ponerles antibióticos y hacerles un drenaje quirúrgico.

Normalmente los que son atendidos de un absceso tienen que entrar varias veces en el quirófano para sacarles todo el aceite que se inyectaron. Al final terminan consiguiendo un efecto contrario al que buscaban: les quedan muchas cicatrices y hasta problemas funcionales.

Pero la inyección de aceite de cocinar no es el único atajo que cogen los fisiculturistas cubanos. También optan por tomar pastillas para saltarse una dieta estricta y baja en grasas. Pero esta solución también ha dejado malas experiencias en forma de granos purulentos y dolores en el pecho similares a los de un infarto.

Esta noticia es de hace 2 años

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