Elecciones en Cuba | Foto © Icrt.cu
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Derechos sí, descaro no

América Latina Cuba

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Granma, el periódico oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), que es el único legal en la Isla de acuerdo a la constitución vigente, se da el lujo de publicar un monólogo teatral sobre la nación y su emigración. Es decir, sobre el país y sus paisanos desaparecidos.

Dicho monólogo parte del hecho de que en el recién estrenado 2018 “entraron en vigor un grupo de medidas que dan continuidad a la actualización de la política migratoria y el fortalecimiento de las relaciones de Cuba con su emigración”. Literalmente, en el neohabla orwelliano del castrismo clásico, esto significa que la emigración seguirá siendo básicamente eso: una emigración irreversible y no una parte funcional de nuestra nación. O sea, que se legitima en silencio la condición de los cubanos a un exilio sin patria a perpetuidad, pero ahora todo bien disimulado bajo el maquillaje de la normalidad.

Como es ya costumbre de los comunistas cubanos, nunca pueden tomar una sola decisión que no sea atribuida al imperialismo yanqui y el capitalismo global. En este caso, esta suerte de anexionismo inverso del PCC se manifiesta en que esta nueva política migratoria se implementará “a pesar de la agresividad de la administración estadounidense, el fortalecimiento del bloqueo y la puesta en práctica de acciones unilaterales que entorpecen el flujo natural de personas entre los dos países”. Una vez más, según la retórica retro de la Revolución, Cuba interpreta el rol de un David heroico que vence con golpes de dignidad a un Goliat del norte grosero y abusador.

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Pero, en realidad, la gerontocracia déspota de La Habana sigue actuando con toda la arrogancia de lo que en la práctica es: una dinastía indecente que mantiene secuestrados los derechos de nuestra ciudadanía completa, incluidos los derechos a la libertad de movimiento y la libre elección de la nacionalidad, que es de lo que ―demagogias de verde olivo aparte― en plata se trata aquí.

Para colmo, el pasaporte cubano, acaso el más caro del mundo, sigue necesitando ser prorrogado cada dos, a pesar de que su validez es de seis años desde la fecha de su emisión. Más de los gastos adicionales en moneda dura, dado que “las nuevas regulaciones no incluyan la eliminación ni la transformación de esos requisitos” de prorrogación, los cubanos seguimos atados entonces a la cadenita perruna de la buena conducta en el exterior, sin cometer actos ni comentar nada que resulte ofensivo para los jerarcas calvinistas del Ministerio del Interior, si es que queremos entrar y salir de nuestro propio país sin que un burócrata nos desaparezca, al no prorrogarnos más arbitrariamente a nuestro pasaporte nacional.

Como plusvalía, el requisito de la humillante habilitación del pasaporte se mantiene en plena y penosa vigencia para aquellos cubanos que cuenten con un Permiso de Residencia en el Exterior (PRE), de manera que nadie se pueda sentir nunca confiado de que, en el momento menos pensado, el Estado cubano nos convierta en apátridas a perpetuidad.

A esto es sin duda a lo que el periódico Granma llama graciosamente “autorizar de forma gradual y una vez creadas las condiciones”. A este cuentagotas criminal es a lo que nos tienen acostumbrados, en lugar de garantizar de una vez y por todas los derechos plenos de todos los ciudadanos, vivamos donde decidamos vivir cada uno de los cubanos. A este miedo del Estado Revolucionario a respetar la libertad del pueblo cubano tendrán que adaptarse nuestros hijos y nietos. A esta indigencia indignante seguimos sometidos los que tuvimos el privilegio perverso de nacer en la Utopía de la izquierda internacional, tan aplaudida por las diplomacias y las academias cómplices del Primer Mundo democrático. A esta mendicidad incivil es la que nos oponemos todos los cubanos de la iniciativa ciudadana Cuba Decide liderada por Rosa María Payá, los que reclamamos un plebiscito en Cuba como momento refundacional de nuestra nación, lo que necesariamente incluirá un desmontaje radical de la obsoleta y opresiva constitución cubana actual.

El momento de los cubanos es ahora. El Estado no tiene otro rol que garantizar todas y cada una de nuestras libertades fundamentales. Basta de concesiones oportunistas y cambios fraudes para comprar tiempo mientras muere la élite uniformada de la Castrocracia, y esta va siendo remplazada por los Ramfis ridículos de un neocastrismo familioso de guayabera blanca. Los cubanos no somos menos seres humanos que el resto de los seres humanos. Si tú decides, Cuba decide. El 2018 es nuestro momento para, por fin, tarde pero sin tembleque, empezar a vivir una vida en la verdad.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Orlando Luis Pardo Lazo

Escritor y bloguero de La Habana. Actualmente realiza un doctorado en Literatura en Saint Louis, Missouri, EUA.

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Orlando Luis Pardo Lazo

Escritor y bloguero de La Habana. Actualmente realiza un doctorado en Literatura en Saint Louis, Missouri, EUA.

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