Miguel Díaz Canel Foto © Cubadebate

Los cuatro factores de riesgo que enfrentan los cincuentones que asumen el poder en Cuba

Este artículo es de hace 2 años

El tardocastrismo acaba de celebrar la entronización litúrgica de sus enterradores: unos cincuentones en el control del Estado y del Gobierno, que tienen el reto guevariano de hacer un Viet Nam en el Caribe o perder frente al militar cubano más temible: el general deterioro al que han sometido a un pueblo capaz y talentoso.

La recién estrenada cúpula del Consejo de Estado y de Ministros tiene más futuro que pasado; a diferencia de la cúpula del Partido Comunista de Cuba, que tiene más pasado que futuro y se sabe condenada al reloj biológico; circunstancias que son ventajas para Cuba a medio y largo plazo.

Si alguien cree que desde hoy habrá una ruptura violenta con el pasito de Bibijagua que el miedo tardocastrista impuso a las reformas, se equivoca; pero si alguien cree que no pasará nada, también yerra porque Cuba ha ido generando un consenso nacionalista entre jodedores de su plural geografía, a favor de transformar el país y abrirlo al capitalismo de Estado, sin perder el control político absoluto hasta que no quede más remedio que compartir trozos de poder.

Tampoco habría pasado nada, si un grupo de disidentes hubiera sido diputado a la Asamblea Nacional, donde habría expresado su modelo de gobierno y tener que asumir el desgaste político que implica votar en un sentido u otro. Predicar es facilísimo, lo jodido es dar trigo.

Esta vereda tropical no será fácil ni esta exenta de peligros por cuatro factores:

1.- Cuba llega tarde a todo debido a la sobrevivencia de Fidel Castro, que ralentizó y matizó el paquete de reformas raulistas.

2.- Raúl se frustró al enterarse que los verdaderos enemigos no estaban en Washington ni en Miami, que también los hay, sino en la gigantesca maquinaria totalitaria que vive de las penurias cubanas, desde un jefe ministerial o director de empresa que roba y cobra comisiones en moneda dura puesta a salvo en bancos extranjeros, hasta un vanguardia nacional y laboratorista que cobra 20 CUC por hacer unos análisis.

3.- El tardocastrismo reaccionó con miedo al embullo Obama, creyó que Hillary Clinton ganaba; mientras Venezuela se hundía en el caos madurista y aliados circunstanciales como China y Rusia que siguen siendo solidarios en los discursos, pero cobran en los despachos y, cuando no cobran, paran los envíos.

4.- El resto de la comunidad internacional está cansada de Cuba, y asumió el tardocastrismo como un mal menor hasta que la biología arreglara el problema y devolviera a Cuba a la normalidad. La reacción miedosa ante Obama acabó sepultando cualquier esperanza, pero aceleró el relevo del tardocastrismo.

Don Miguel Díaz-Canel Bermúdez más que un premio, recibe una herencia complicada y su reto más inmediato será promover políticas que aseguren algo tan sencillo como que los cubanos puedan desayunar, almorzar y comer con normalidad, sin tener que estar multiplicando por 25 y 37 para adelante y para atrás, según la moneda de referencia que utilice.

Y, por si fuera poco, deberá socorrer de manera efectiva a los más pobres, y bregar con las demandas de una quinta parte de los cubanos que son mayores de 60 años, con los enfermos crónicos, incluidos alcohólicos y drogadictos, y la estructura social de familias monoparentales femeninas, entre otros retos.

La agricultura y la industria cubanas siguen siendo ineficientes, atrasadas tecnológicamente y el turismo, que experimentó un aluvión notable con el impulso Obama, ha vuelto a cifras anteriores y el macrocomplejo con viviendas y campos de golf que se anuncia en Pinar del Río, más allá de las ventajas puntuales que generará a sus gestores y a los vecinos de la zona; genera grandes incógnitas en cuanto al manejo del agua y la riqueza real que aporte a una industria turística en manos de turoperadores internacionales.

El potencial de Cuba –construido en parte por la obra social de la revolución- sigue postergado por el miedo que anida en el Buró Político y en la cúpula militar cubana, donde también viven elementos reformistas y pragmáticos que comprenden el temor de sus compañeros de armas e ideología, pero sienten pánico ante el único General que los puede aplastar: el general deterioro al que han sometido al noble pueblo cubano, convirtiendo a gente capaz y talentosa en mendigos, que un día puedan estallar, como ocurrió en el arranque de la “Primavera árabe”.

La Seguridad del Estado no teme a los disidentes, sino a la frustración e ira acumuladas durante años de deterioro, retroceso, consignas vacías y dependencia externa en todos los ámbitos.

Muchos cubanos están hartos de que un grupito decida sobre sus vidas y haciendas, condenándolos a ser eternamente pobres, cuando en el resto del mundo hay otras formas de vivir, no exentas de dificultades y penurias; pero mejores que la letanía sin pan y sin luz de los últimos 30 años.

En Cuba no hay –al menos de momento- un Putin (ni que Dios lo quiera), por tanto, el tardocastrismo dará paso a un equipo de civiles y militares cincuentones que irán abriendo espacios con menos cautela que Raúl Castro, pero sin correr riesgos excesivos en la construcción del capitalismo en las narices del imperialismo yanqui y sobre la pobreza endémica de cuatro generaciones que dieron lo mejor de sus vidas a lo que creyeron su redención definitiva y que sus hijos y nietos tocarían el cielo.

Cuba es hoy uno de los países más dependientes del mundo, aunque la propaganda oficial y sus exégetas papagalleen lo contrario. Por tanto, del éxito en la gestión de Díaz-Canel, que reiterará su lealtad sin fisuras a Raúl y Fidel Castro cada vez que sea necesario, mientras desmantela gradualmente la ruina heredada, dependerá la felicidad de la mayoría de los cubanos.

Sería útil para Cuba que la tan denostada oposición anticastrista, esos a los que recientemente insultaron en Lima llamándolos mercenarios y esos muchos otros que no pudieron siquiera viajar y sufren detenciones y represión cotidiana, tiendan la mano a Díaz-Canel y Valdés Mesa y pongan encima de la mesa su modelo político y socioeconómico, que será rechazado con un portazo.

Cuba será próspera y feliz con el concurso de todos los cubanos, quien pretenda otra cosa, por muy poderoso que parezca, fracasará estrepitosamente. Por tanto, la designación de Díaz Canel como nuevo presidente puede ser un primer paso para generar un consenso que favorezca la suplantación pacífica del monólogo totalitario de casi 60 años por un coro afinado, sosegado y sensato.

Incluso, en todo ese tránsito el nuevo presidente sentirá miedo, dudará, aguantará presiones de “duros” y “reformistas”. La clave de su éxito estaría en mantener el delicado equilibrio y apoyarse en el pueblo cubano, en los ciudadanos de a pie que tienen derecho a vivir confortablemente y en democracia.

Si Díaz – Canel se aísla y solo cuenta con la guara tardocastrista y con los nuevos ricos insensibles a la democracia y que desprecia a los cubanos impidiendo que negros y gordas trabajen en sus timbiriches, terminará fracasando, como les pasó a sus antecesores en el cargo.

Este artículo es de hace 2 años

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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