Inglaterra celebra su pase a cuartos de final. Foto © Harry Kane / Twitter.

El Mundial que yo veo: Los rockeros sí toman café

Este artículo es de hace 2 años

Cada cual entiende el fútbol –y el Mundial- como le viene en ganas. Es un derecho que nos asiste a todos. Esta columna sintetiza mis impresiones de cada jornada en la fiesta mayor del deporte más hermoso del mundo.

La jornada

Si dijera que no siento predilección por el fútbol colombiano mentiría, porque la selección cafetera es la que más me llena siempre en CONMEBOL, junto a la de Perú. La culpa es de un señor que se llamaba (y llama) Carlos Valderrama.

Pero bien, el asunto es que a Colombia le tocaba superar el torbellino de Caribdis, y que en el ambiente flotaba la posibilidad palpable de que los Kane y compañía forzaran el ‘good bye’ de la gente de Falcao.

Aunque tampoco sería cosa de coser y golear. Los jóvenes ingleses de Gareth Southgate llegaban con superiores argumentos colectivos, pero los sudamericanos saben hacer las cosas en el campo, y su técnico es lo que se dice un viejo lobo del banquillo, y han tenido a más de un jugador (Quintero, Mina, Cuadrado) en estado de gracia mundialista.

Eso sí: mientras que John Stones y Dele Alli estarían listos para salir al césped pese a sus molestias musculares de los últimos días, una pieza vital en el bando latino, James Rodríguez, tendría que ver el juego desde la tribuna. Y eso sería un lastre para el funcionamiento de la maquinaria y una ecuación compleja en la libreta de Pekerman, Pitágoras y cualquiera que debiera resolverla.

No obstante, Colombia le aguantó a Inglaterra... y más que eso. En el terreno del Spartak de Moscú, Colombia se fajó de tú a tú contra los Tres Leones, coja de creación pero sobrada de intenciones ganadoras, espoleada por el hecho de que en cuartos de final habrá una Suecia lo suficientemente asequible como para soñar con un pasaje inédito a las semifinales.

Lo que ocurre es que, sin ánimos de demeritar al adversario, el silbante fue un desastre que echó el juego por la borda. A la altura del 57, Mark Geiger –quien ya tenía antecedentes de perjudicar a la tropa colombiana- se graduó de riguroso al decretar penalti donde nunca debió haberlo, puesto que la falta había nacido de la supuesta víctima, el gran Kane, que cobró exitosamente su tercer tiro desde la mancha blanca y se ratificó en la punta de los cañoneros.

Desde entonces el choque se le fue de las manos al trencilla, que le sacó tarjetas hasta al público y a veces sancionó lo que no era sancionable, y viceversa. ¿Y el VAR? Pues bien, ¿y usted? Ya lo decía un genio del periodismo no hace mucho, que la tecnología en el fútbol solo sería ciento por ciento justiciera en situaciones de fuera de juego y gol fantasma.

La historia parecía escrita. Los de amarillo batallaban ferozmente, mas los de rojo defendían la mínima ventaja con solvencia. Y así habría acabado la novela de no ser porque otra vez apareció el galán improvisado del torneo, Jerry Mina, y sedujo a la novia (la pelota) para llevarla hasta la habitación al fondo de las redes.

Por eso media hora después se llegó a la lotería de las definiciones, donde volvió a perder –antes le había sucedido a España y Dinamarca- el que eligió tirar primero. Eric Dyer acertó en el quinto turno, se vio a James llorar, y los padres del fútbol conjuraron la alternativa parricida con todo el merecimiento de este mundo.

El gol

Jerry Mina ha sido, por distancia, la “cabeza” del Mundial.

El equipo

Los dos. Da placer verlos.

La individualidad

Entre un montón de opciones apreciables como el portero Jordan Pickford, voy a quedarme con el omnipresente Juan Guillermo Cuadrado.

El fiasco

El referee, obviamente.

Este artículo es de hace 2 años

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Michel Contreras

Periodista de CiberCuba, especializado en béisbol, fútbol y ajedrez.

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