Se cumplen 29 años del fusilamiento del general Arnaldo Ochoa

Brian Latell, una analista de la CIA, asegura que el único crimen de Ochoa fue cuestionar a Fidel Castro.

El general Arnaldo Ochoa, durante su juicio televisado. Foto © YouTube.

Este artículo es de hace 2 años

El 13 de julio de 1989, el general de División Arnaldo Ochoa Sánchez fue fusilado en La Habana junto al coronel Antonio de la Guardia Font, el capitán Jorge Martínez Valdés y el mayor Amado Padrón Trujillo. La suya fue la Causa 1/89. Hoy se cumplen 29 años.

Ochoa y Tony de la Guardia fueron acusados de actos hostiles contra un Estado extranjero, tráfico de drogas en colaboración con el cártel de Medellín y uso indebido de recursos financieros y materiales.

El general Arnaldo Ochoa (Cacocum, 1930-La Habana 1989) era un año mayor que Raúl Castro. Seis meses antes del triunfo de la Revolución, entró a formar parte de la Columna número 2, la de Camilo Cienfuegos, en la Sierra Maestra. Después de 1959 recibió entrenamiento militar en la Unión Soviética y estudió en Checoslovaquia. En los años 60 reunió méritos a ojos de Fidel Castro participando en los combates de Bahía de Cochinos y en la crisis de los misiles. Después vino Angola, donde fue jefe de la misión militar cubana. Allí era considerado un mito.

Cuando lo fusilaron era Héroe de la República y había sido miembro del Comité Central del Partido Comunista.  Para entonces, estaba muy avanzada la gestión para la retirada de las tropas cubanas de Angola.

A pesar de la ayuda soviética, Cuba no tenía dinero para financiar una guerra como esa, a la que el Gobierno cubano se sumó en 1975. El coronel Tony de la Guardia, fusilado junto a Ochoa, dirigía el Departamento de Moneda Convertible del Ministerio del Interior, operado desde Panamá, donde crearon un entramado de empresas para la adquisición de equipamiento al que la Isla no podía acceder debido al embargo de Estados Unidos, según recoge El País.

Por eso se sospecha que el dinero del narcotráfico, del oro y el marfil de contrabando servía para mantener la guerra de Angola.

Desde 1983, el expresidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, tenía la convicción, y así lo dijo, de que altos mandos del Gobierno cubano estaban haciendo negocio con los narcos. Fidel Castro, que respondía a todo, no dijo nada al respecto. Pero en 1989, la Agencia Antidroga de EE.UU. (DEA) descubrió que el Departamento de Moneda Convertible del Ministerio del Interior cubano había hecho una operación con el cártel de Medellín. Castro necesitaba un cabeza de turco. Ochoa le sirvió la suya en bandeja.

En 1989 el general fue detenido, acusado de haber recibido una comisión de 3,9 millones de dólares por permitir que el cártel de Medellín de Pablo Escobar pudiera meter en Estados Unidos 6 toneladas de cocaína a través de Cuba.

El 12 de junio de ese año comenzó el juicio militar en su contra. Fue televisado durante el mes que duró. Lo acusaron de permitir el uso del espacio aéreo, marítimo y terrestre cubano no sólo para traficar drogas sino también marfil y diamantes.

Ochoa admitió ante el tribunal todos los cargos que le imputaban. Se echó la culpa de todo. Según dijo, Fidel Castro no tenía conocimiento de su relación con el narcotráfico y dejó una frase para la historia. "Si soy fusilado, mi último pensamiento será para Fidel, por la gran revolución que le ha dado a su pueblo".

Esa condicional (si soy fusilado...) ha despertado suspicacias. Se ha especulado mucho con que quizás le prometieron que no habría paredón si se autoinculpaba. Los rumores en la cúpula de poder hablaban de que Fidel Castro se planteaba la posibilidad de ocultar a Ochoa en Cayo Largo.

Durante el juicio, al general se le vio confiado al principio y arrepentido al final. "Creo que traicioné a la patria y, se lo digo con toda honradez, la traición se paga con la vida", le dijo al fiscal de la Causa 1/89, Juan Escalona Reguera.

Brian Latell, una analista de la CIA, asegura que el único crimen de Ochoa fue cuestionar a Fidel Castro.

Tras el fusilamiento del general hubo purgas en el Gobierno cubano. Castro se aseguró de apaciguar el malestar, llevándose por delante al ministro del Interior entre 1985 y 1989, José Abrantes, que murió de un infarto en la prisión de Guanajay mientras hacía ejercicios en su celda, según la versión oficial.

De lo que pasó con Ochoa queda un testigo, Patricio de la Guardia, hermano gemelo del coronel Tony de la Guardia (La Habana 1939-1989), fusilado junto al general Ochoa. Según Martí Noticias, vive en Miramar junto a su madre Graciela Font. Tiene 79 años y en la Causa 2/89 fue condenado a 30 años de cárcel. Sabía lo que estaba pasando, pero no participó. Por eso no lo fusilaron.

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