Con más de 300 años, ¿cómo han logrado los carnavales santiagueros mantener la popularidad?

Es el carnaval infantil la mejor manera de mantener vivas las tradiciones que hacen excepcional la cultura santiaguera, pero no esa que se escribe en los libros, sino la que se vive en los barrios, tan genuina, popular y espontánea como la misma conga, o como el deseo incontrolable de un niño cuando quiere arrollar antes de caminar, o llevar a su boca esa corneta que suena y que llama a las personas a las a bailar…

Carnaval infantil en Santiago de Cuba Foto © CiberCuba/José Roberto Loo Vázquez

Este artículo es de hace 3 años

Basta mirar el carnaval infantil, preludio del Rumbón Mayor, para saber la razón: los niños bailan los pasos que siglos atrás trajeron los franceses y sus esclavos, tocan los mismos instrumentos que tan famosas han convertido a las congas santiagueras y aprenden la cultura tradicional que una vez sus abuelos le inculcaron a sus padres.

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En el área del desfile de los grupos portadores se puede ver la rivalidad entre los barrios, traducida en disputas por destacarse como la conga que mejor suena, la corneta que saca las notas musicales más sobresalientes, el capero que mueva su atavío con singular destreza, la coreografía que haga exclamar al jurado.

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Es el carnaval infantil la mejor manera de mantener vivas las tradiciones que hacen excepcional la cultura santiaguera, pero no esa que se escribe en los libros, sino la que se vive en los barrios, tan genuina, popular y espontánea como la misma conga, o como el deseo incontrolable de un niño cuando quiere arrollar antes de caminar, o llevar a su boca esa corneta que suena y que llama a las personas a las a bailar…

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De la historia de más de 300 años de los famosos carnavales de Santiago de Cuba –y que algunos aseguran que son 349 años con exactitud–, una fiesta popular que para los entendidos está entre las mejores del país por sus peculiares características y que hoy ostentan el merecido título de ser Patrimonio Cultural de la Nación, solo un cuarto de siglo cumple en este 2018 su versión infantil.

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Sin embargo, históricamente los niños formaron parte los carnavales, desde ser ellos mismos «gallos tapa´os» (sorpresas que se guarda y se devela ante el jurado) hasta miembros de comparsas, de las evoluciones y de las propias fantasías, también formaron parte como polizones en grupos portadores o en los hombros de padres que llevaban a sus pequeños a admirar los espectáculos rodantes y los enormes pasacalles.

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Como pequeñas versiones de sus padres, el desfile del Carnaval Infantil se llena de reyes y reinas, pero no de cuentos de Disney, sino de las tumbas y cabildos de la cultura popular y tradicional de Santiago de Cuba, también en vez de princesas o superhéroes de películas, están los mamarrachos, diablos rojos, caperos, etc., peculiares figuras de la historia local del acervo inmaterial de la urbe.

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Pero el Carnaval Infantil, aunque cultura popular, no escapa de las famosas dedicatorias que todos los años determinan, en parte, las celebraciones, y que ya hasta forman parte de las tradiciones de estas fiestas. Este año son los aniversarios 65 de los sucesos en los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, además del 60 de la revolución liderada por Fidel Castro.

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Sin olvidar los 25 años del propio Carnaval Infantil y con él, el primer cuarto de siglo de las agrupaciones de niños de Los Hoyos, Alto Pino, San Pedrito, Carabalí Olugo, Carabalí Isuama, la Tahona, Sueño, Tivolí, y el Paseo de Cultura, además de los 15 años de La Kimona y La Placita y los 10 de Los Abelitos.

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Iniciados este 16 de julio y hasta el 20 serán las fiestas de los niños, mientras que las de adultos, el famoso «Rumbón Mayor», comenzará el 21 y se extenderá hasta el 27, de manera oficial, porque desde ya casi se viven los días de trasnochar casi en su máxima intensidad.

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.