El cantautor cubano Amaury Pérez y su esposa Peti González Foto © Peti González / Facebook

Amaury tiene un amor difícil con la Aduana

Este artículo es de hace 1 año

Amaury Pérez está bravo. Y está insomne. Cuenta Peti González, su feliz esposa, que Amaury estuvo dos noches sin dormir luego de que imponderables del destino le llevaran a descubrir un monstruo sin igual: la Aduana de Cuba.

Cuenta Peti en un post -que sirve más para callar que para decir- que luego de un viaje soñado por Estados Unidos los maltrataron de vuelta a La Habana. Que los humillaron, o algo así, cuenta Peti que sintió Amaury. Luego de viajar a Estados Unidos, precisa. De un viaje soñado, acota.

Las madres de los chicos fusilados en La Habana en 2003, que también tenían algo como un viaje soñado a Estados Unidos, y cuyo asesinato exprés apoyó Amaury Pérez con su firma en un comunicado de tinta y sangre, mejor que no tengan Facebook. Que no pierdan el sueño ellas también.

Porque ahora Amaury se ha descubierto un amor difícil con la Aduana de su país y de repente, vaya capricho, se ha sentido indignado. Y Peti lo resume por los dos: “Deberían despedirlos a TODOS de manera irrevocable”. El TODOS así, en mayúsculas. Te lo juro.

El problema es que el hallazgo de Amaury lo conocemos demasiado bien hace, digamos unos treinta años. Por lo bajito. Que los ´90 nos llevaron de vuelta a aquellos gusanos reconvertidos en mariposas multicolor, con sus manos mancilladas de dólares que ahora la Patria necesitaba, pero también nos recordó que una hidra de diez cabezas llamada Aduana acecharía siempre a la entrada.

Ante el portón del infierno cuenta la mitología griega que asomaba Cerbero, perro demoníaco. Ante el portón de Cuba ha aguardado, siempre, la Aduana feroz de hambre enfermiza.

Lo que Amaury ha descubierto con no poco asombro, y frente a lo cual ha sentido algo parecido a la furia o la rebeldía, ha sido el pan nuestro de cada vuelo para millones de cubanos que durante décadas han visto mordisqueadas sus pertenencias, estafados a la cara, trasquilados, chantajeados con impunidad matonesca, amedrentados por un animalejo llamado Aduana donde los derechos se mastican y se escupen sin pudor.

Peti González, en un arrebato de osadía, describió a las causantes del casi infarto de Amaury -más o menos así dijo ella- como “unas jovencitas que están aprendiendo a robar”. No precisó qué le sustrajeron, quitaron, decomisaron. Quiso obviar el jugoso detalle de qué pacotilla imperial las jovencitas del Aeropuerto José Martí le desviaron de su maletín proletario.

“Amaury siempre se calla… hasta ahora!”, amenazó una Peti fuera de control que par de horas después entró en control: borró el post.

Yo creo que en lugar de despedir a las jovencitas TODAS -por citar mayúsculamente a la Peti furibunda- es hora de darles, esta vez, un diploma de reconocimiento: fueron consistentes. Porque si el escarnio de Amaury lo han debido soportar hasta el infinito los albañiles de Hialeah  que viajaban con los ahorros de dos años para llevar comida y consuelo a los suyos; si esas humillaciones y maltratos y abusos de poder se las han tenido que comer con papas los sin voz ni fama ni shows de televisión ni madrecitas famosas, ¿por qué Amaury no? Que cada quien se trague su cucharadita de Socialismo.

Y que se nos haga hombrecito Amaury. Que no pierda, ay, el sueño y los nervios porque le llegue una laptop menos a casa: es la prueba de aguante y temple revolucionario que el mismo gobierno que él aplaude y sostiene ha impuesto a los que no tenían cómo quejarse.

Amaury y Peti se quieren, pero con dos que se quieran no basta. Amaury y la Revolución se quieren más aún, pero con dos que se quieran no basta. Solo bastaría en realidad con que el sistema ante cuyos abusos Amaury ha hecho la histórica vista gorda, quisiera a alguien. Solo que eso él lo ha descubierto luego de un viaje soñado y nosotros llevamos demasiadas pesadillas acumuladas en el equipaje sin que una jovencita de Aduana hubiera querido aliviarnos de ese peso.   

Este artículo es de hace 1 año

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Ernesto Morales

Periodista de CiberCuba

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