Cojímar | Foto © Cibercuba
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“Es triste pensar que seré propietario de un inmueble solo cuando mi mamá se muera”


América Latina Cuba

Publicado el Lunes, 11 Marzo, 2019 - 07:09 (GMT-5)


A los 37 años, Manuel está seguro de que “el déficit habitacional en Cuba se va a resolver cuando los ancianos fallezcan. El envejecimiento de la población será lo que resuelva el problema de la vivienda. Como casi nadie pare hoy, habrá hasta casas vacías.

“Es triste pensar que seré propietario de un inmueble solo cuando mi mamá se muera. Heredaré el apartamento que le dieron hace más de veinte años por ser ella militar. Mi trabajo como informático jamás me permitirá comprar o construir una casa propia.

Las soluciones las tiene el Estado. Podrían venderse viviendas a plazos, y construir o disponer de apartamentos para alquilárselos a personas naturales. Sería un negocio súper rentable, que debería, por supuesto, ajustarse a los salarios de los trabajadores.

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“¿Cuánto no se aliviaría la demanda si se rentaran edificios y el dinero recaudado sirviera para inyectar capital a la construcción de nuevas viviendas? Vivir hacinados no ayuda a tener armonía en la base de la sociedad que es la familia. Una parte importante de nuestros problemas tiene su génesis en una convivencia deforme”, explica quien vive con su esposa y sus dos hijos en uno de los dos cuartos del apartamento de su madre.

Según afirma el profesor Pablo, “estimo que en unos 40 años tendré una casa, si guardo mi salario solo para eso. Pasa el tiempo y no cambia nada, no se resuelve nada. Nada se ve, ni se siente. Es como si fuera intangible nuestro desarrollo. No se cumplen los planes ni las proyecciones y todo se justifica con cualquier cosa.

“El problema es que si no hay suministros todo sigue igual. ¿Cómo se puede construir una casa en este país cuando no existe disponibilidad de cemento, acero y otros materiales, y solo se obtienen comprándoselos a revendedores que le duplican los precios? Un saco de cemento te cuesta 10CUC y una barra de acero ocho.

“La otra opción es hacer colas en los rastros durante meses para lograr comprar todo lo necesario para hacer o mantener una casa. O lo que es lo mismo: no trabajar o comprar en la calle. Conozco personas que han pasado más de dos meses atrás de unos sacos de cemento.

“A eso se suma que, lo mismo con el revendedor que con el Estado, la venta es una estafa. No hay quien ensaque el material y así te roban cubos y cubos. Para colmos, a veces tiene uno que meterse a cargar los materiales porque la atención es pésima. Mientras, en los alrededores, los revendedores tienen los portales llenos de materiales”, asegura.

Aunque el gobierno ha prometido recuperar un déficit habitacional de más de 900 mil viviendas (527 mil por construir y 402 mil por rehabilitar), así como responder a la demanda insatisfecha de recursos naturales y fuerza de trabajo y estabilizar la emigración hacia las mayores ciudades del país, no pocos cubanos consideran que dentro de una década las condiciones serán iguales o peores que las actuales.

A tenor con lo que plantea la arquitecta Sara, de 46 años, “ahora la moda es convertir en casas talleres de corte y costura, bodegas y oficinas abandonadas, pero para dárselas a directivos. En tanto, la mayoría de los profesionales tenemos que vivir con nuestros padres. Somos malos con nosotros mismos porque hemos perdido la vergüenza.

“Es una pena ver que los edificios que se caen o que están para demoler, se usan para hacer parques y no casas. ¿Por qué no pueden levantarse edificios allí? Simplemente porque la inversión extranjera no está prevista para construir viviendas, sino servicios comunes, comercios, entre otros, en la planta baja de los edificios.

“Por ese tipo de mentalidades Cuba está como está. El control absoluto de todos los poderes trae consigo el acomodo en el poder y aquí no hay una contrapartida a ese acomodo. Por tanto, las pérdidas millonarias por mala planificación, por robo y desvío de recursos, no las paga nadie y mucho menos el gobierno”, apunta exaltada la especialista.

Datos oficiales muestran que en Cuba se han construido más de dos millones 568 mil viviendas desde 1959 hasta la fecha y que hoy el fondo habitacional de la isla asciende a más de tres millones 800 mil casas.

El cinco por ciento de ese fondo presenta condiciones de precariedad, en tanto, el 39 por ciento de las edificaciones están malas o regulares. El mayor deterioro se concentra en La Habana, Santiago de Cuba y Holguín.

En medio de la crítica situación, las autoridades han dicho que, excepto en La Habana y Santiago de Cuba, el 60 por ciento de las acciones constructivas tendrán que hacerse por esfuerzo propio, y el resto las hará el Estado.

En palabras de Vicente Antonio de Castro y Bermúdez en Cubadebate: “Si desde 1959 hasta 1989 que fuimos dependientes de la URSS, no se logró mejorar el fondo habitacional, imagino que en 12 años no se logre... no hay economía hoy día para sustentar ese proyecto. Tal y como yo lo veo eso es ciencia ficción”.

Desde la óptica de la dependiente gastronómica Marian, de 34 años, que vive arrendada y ya no tiene cómo pagar el alquiler, “yo quisiera tener casa propia, aunque fuera una caja de fósforo, pero que fuera mía. ¿Cuándo se hablará de cuántas familias o personas viven hoy alquiladas (con papeles o no) en Cuba?

“Seguimos utilizando palabras, frases y estadísticas para engrandecer lo que se ha hecho después de 1959, pero lo que debemos analizar es lo poco que hemos hacho en los últimos 20 años. No creo que así logremos avanzar ni darle a la población resultados palpables a corto, mediano y largo plazo. Por eso a los que mandan les conviene que exista el bloqueo norteamericano. A ellos no les duelen las pérdidas, porque controlan y administran a su antojo. El cuento de la vivienda es el de nunca acabar.

“A mis padres le dijeron lo mismo en su juventud, allá por los 80. ¿Cómo vamos a solucionar en una década lo que no se ha logrado en seis? Seguimos teniendo más ideas que hechos y las ideas ni se comen ni tienen forma de techo. La experiencia nos dice que los planes no se cumplen porque no existe infraestructura real para llevarlos adelante, porque falta darles seguimiento”, agrega.

De acuerdo con la económica Lizandra, de 29 años, “no podemos resolver la situación si seguimos utilizando los mismos métodos. Hay que desatar las fuerzas productivas y si es necesario emplear capital extranjero para destrabarlo todo, en vez de seguir echándole la culpa al bloqueo y a algún ciclón.

“Además, con la mala calidad que construyen, dentro de unos añitos habrá que reparar lo que se hace hoy. Mientras no se acaben el robo y la corrupción todo va a ser por gusto. Si se continúan difuminando los recursos, menos harán y más malo será lo que hagan. Los materiales que se hacen localmente son de lo peor.

“Por otro lado, yo vivo en un medio básico y el Estado no me lo ha cedido. Al final, nadie le da mantenimiento porque no es de nadie. Yo digo que es de la empresa y la empresa dice que es mía, pero ni la empresa ni yo nos atrevemos a hacerle cambios. En fin, sigo en un círculo vicioso mientras el inmueble se cae a pedazos”, indica.

El 79 por ciento de la población cubana vive en las zonas urbanas y un millón de personas, en áreas rurales. Alrededor de un 19 por ciento de los habitantes del país se concentra en la capital.


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