José Alberto Hernández, médico veterinario de cabecera de Ubre Blanca. Foto © Trabajadores.

El médico de cabecera de Ubre Blanca: "Fidel me dijo que a esa vaca no le podía dar ni catarro"

Este artículo es de hace 1 año

Es de la Isla de la Juventud, tiene 72 años y se llama Jorge Alberto Hernández Blanco, aunque todos le conocen como Yoyi, el médico veterinario "de cabecera" de la famosa vaca cubana Ubre Blanca.

Especialista en fauna salvaje y zoológica, Yoyi es un enamorado de la reproducción vacuna. De hecho, él empezó como técnico medio en Elaboración y Conservación de Semen Bovino, aunque luego cumplió misión en Tanzania y Etiopía como científico.

En una entrevista concedida al diario Trabajadores, cuenta que él era director de Veterinaria en la Isla de la Juventud cuando en junio de 1981 el entonces primer secretario del Partido Comunista en el Municipio Especial, Armando Manresa, lo mandó a buscar para que le pusiera un plan especial de alimentación a una vaquería del Distrito La Victoria y en especial a Ubre Blanca, una vaca que en condiciones normales, estaba produciendo 63 litros de leche en dos ordeños al día. 

Por aquella época, Ubre Blanca ya había parido a su tercera hija, Reina Amalia. En la segunda visita que Fidel Castro le hizo al animal le dijo a Yoyi: "A esta vaca no le puede dar ni catarro".

"Era más fácil atender a Ubre Blanca, que contestar las preguntas de Fidel", reconoce el veterinario.

"En una ocasión Ubre Blanca estuvo siete días sin rumiar y yo estuve siete días sin dormir", cuenta el veterinario.

Un día, recuerda Yoyi, Fidel Castro lo llamó por teléfono para pedirle su opinión sobre Arlinda Allen, una vaca norteamericana de Indiana, que era la recordista del mundo en aquella época. El veterinario le dijo al mandatario cubano que previsiblemente la vaca de Estados Unidos moriría porque la estaban alimentando con mucha carga concentrada mientras que Ubre Blanca sólo comía hierba y pienso. En ese momento, Yoyi vaticinó que podría llegar a dar entre 120 y 140 litros del leche al día. 

Treinta y cinco años después, el médico de cabecera de Ubre Blanca halaga la belleza y la inteligencia de la vaca más famosa de Cuba. "Su comportamiento no era de vacuno, sino más bien parecía un caballo de cuadra", dice.

“Era un reloj biológico. Cinco minutos antes de su comida, se paraba en la cerca de su cuartón, buscaba, miraba y le mugía al Chino, que era quien la alimentaba. Comía por ocho horas, dormía ocho y descansaba otro tanto. ¡Era perfecta!", recalca.

Ubre Blanca tomaba cada día 130 litros de agua, dos litros de miel y se comía 40 kilos de forraje y otros 40 de pastoreo inducido. En total ingería 250 kilos de alimentos lo que para Yoyi era una muestra del fabuloso aparato disgestivo que tenía la vaca. "Ella misma unía la hierba con la miel", insiste.

A la vaca no le gustaba que le tocaran el lomo, pero en una visita de Fidel Castro, éste le puso la mano sobre el lomo y Ubre Blanca ni se inmutó. El veterinario le aconsejó a Fidel que tuviera cuidado porque el animal tenía un 25% de cebú y él contestó que se fiaba de sus piernas.

Entre Yoyi y Ubre Blanca llegó a existir complicidad. Al verlo en el cuartón, la vaca le daba un toque con la nariz. Si no lo hacía, era señal de que se sentía mal.

Cuenta el veterinario que la producción de Ubre Blanca aumentó cuando tomaron la decisión de bajar de cuatro a tres los ordeños diarios que se le hacían.

Fue así como el 25 de enero de 1982 logró su récord mundial de 110,9 litros en un día, con tres ordeños. "Esa noche dio 41,2 litros. Pero no es solo eso lo más grande, pues le contabilizamos 27.674,2 kilogramos en un año —2.400 más que Arlinda— y 1.051,2 kilos de grasa en ese tiempo, casi 300 por encima de la nortemericana. Era tan densa que a mí me ponían seis vasijas con leche de otras tantas vacas, y con certeza yo sabía cuál era la de Ubre Blanca".

Las cifras anuales de producción de la famosa vaca cubana siguen siendo hoy "un récord mundial", según su veterinario. En su opinión, Ubre Blanca resume "lo mejor de la ganadería cubana.

“Es mi orgullo, fue una responsabilidad y me permitió realizarme como veterinario”, concluye.

Este artículo es de hace 1 año

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