Deisy González Bilbao y Daniela Izquierdo Toledo Foto © Facebook Deisy González Bilbao / Daniela Izquierdo Toledo

Testimonio de dos migrantes cubanas en una casa de refugio en México

Este artículo es de hace 1 año

La habanera Daniela Izquierdo Toledo y la cienfueguera Deisy González Bilbao son dos de tantos migrantes cubanos que actualmente residen en el albergue Casa Amar, en la ciudad mexicana de Nuevo Laredo.

Nuevo Laredo es una localidad fronteriza con Estados Unidos, donde arriban decenas de indocumentados en busca de asilo político, para acceder de forma legal al territorio norteamericano.

Daniela, de 23 años, como el resto de sus coterráneos se encuentra a la espera de ser llamada por las autoridades migratorias de Estados Unidos. En una entrevista concedida al diario Líder Web, afirma que en la Isla trabajaba alrededor de 16 horas diarias, con un salario de 750 CUP ( 30 CUC) y atendiendo ocho camas con 24 pacientes.

La habanera se graduó de enfermería con especialidad en Nefrología y Hemodiálisis. Además, dice estar casada, ser madre de un bebé y tener otro en camino, por lo que el trabajo en Cuba no era solo “excesivo”, sino también “mal pagado”.

“Trabajé durante 9 meses en el Hospital Salvador Allende, una institución para atender a las personas con diabetes, un trabajo excesivo”, comentó Izquierdo Toledo.

Su esposo, quien laboraba en una empresa de embutidos, ganaba alrededor de 500 CUP (20 CUC). La suma del salario de ambos no les permitía vivir decentemente en la Isla. Sobre todo, considerando que la familia residía en una casa de solo un cuarto -y un baño- junto a su madre y algunos hermanos.

“Nos prometieron una vivienda y nunca cumplieron, fue cuando mi esposo protestó junto con unos vecinos, eso fue suficiente para que fuéramos perseguidos y tuviéramos que huir para evitar ser detenidos por problemas políticos, ahí en Cuba pasan cosas terribles, es por ello que ahora buscamos llegar a Estados Unidos”. .

Según Daniela, su sueño es continuar ejerciendo su carrera y “tratar a los pacientes con cariño” en Estados Unidos.

“Es algo que me he propuesto y lo voy a conseguir, ya estoy 'loca' por llegar a Estados Unidos, ser libre, expresar lo que siento”, agrega.

Por su parte, Deisy, una ingeniero en informática, trabajaba para el sector privado en Cuba, donde ganaba 40 CUC mensuales. No obstante, declara que esta cuantía no era suficiente. Su esposo, un ingeniero eléctrico, recibía un salario de 350 CUP (14 CUC).

Para la cubana uno de los mayores problemas de vivir en la Isla es que no hay “posibilidades para expresarse”

“No puede uno elegir a quien te gobierne, no protestar, no ser parte de reuniones, hay un solo partido que es el del Gobierno y no existen posibilidades de tener o formar otro partido”, asegura.

El recién finalizado proceso de la Reforma Constitucional fue para Deisy una forma más de “cansar a la población” y un motivo para salir del país.

“Ahora ya cerca de Estados Unidos, el futuro se ve prometedor, esperando no cierren las fronteras, cruzar y pedir asilo, trabajar mucho para lograr mis sueños”, dice Deisy quien se encuentra trabajando en la Casa Amar, apoyando al pastor.

Tanto ella como Daniela indican estar “muy agradecidas” de haber sido acogidas en el albergue de indocumentados, donde han encontrado comida, casa, cobijas, agua caliente, ropa atención médica y apoyo.

Los cubanos siguen tratando de llegar hacia Estados Unidos a pesar del desmantelamiento de la política de “pies secos, pies mojados”.

En marzo la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos informó que en los últimos meses 6.289 migrantes isleños han entrado a ese país desde suelo mexicano.

En la ciudad de Tapachula hay al menos 4.000 indocumentados de la Isla y en Ciudad Juárez hay otros 2.000. Mientras, un grupo se ha unido a una caravana de centroamericanos que está subiendo hacia la frontera.

Este artículo es de hace 1 año

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