Candlebook revive la nostalgia en los cubanos por los proyectores rusos Foto © Candlebook

Dos cubanos en Suiza crean una versión moderna de los proyectores rusos de los años 80

Este artículo es de hace 1 año

Unidos por una historia común que empieza en la Cuba de los años 80, entre vestigios americanos y nuevos edificios soviéticos, dos amigos de la infancia han creado en Suiza Candlebook: una versión moderna de los proyectores de cuentos rusos, que devuelve la magia y el disfrute en familia de una experiencia, sin dudas, única y enriquecedora para todos.

Tras comprobar que sus respectivos hijos quedaban subyugados y atraídos por las proyecciones de cuentos, como mismo les había ocurrido a ellos en tiempos y contexto tan diferentes a los actuales, se lanzaron en 2018 a la empresa de hacer extensible a otros hogares su pasión y su experiencia, para que su historia de recuerdos, lectura y color fuera una realidad para otros padres y niños.

Erwin Portuondo y Alejandro González, creadores de Candlebook

¿Cómo surge la idea de hacer una versión moderna y mejorada de los proyectores rusos de los años 80?

La idea siempre estuvo ahí. [Erwin] Nunca me resigné a que esa experiencia de lectura en familia desapareciera. Conservé el proyector de mi infancia y seguí mirando mis peliculitas en diferentes momentos de mi vida, como se regresa a un libro que ya se ha leído muchas veces, pero que nos sigue gustando porque marcó nuestra juventud/infancia.

Compartir esta experiencia con mis hijas, en un mundo ya muy cambiado y re-descubrir junto a ellas el placer de esta actividad fue lo que me dio el impulso final para meterme en este proyecto. Alejandro por su parte tuvo la misma experiencia con sus hijos. Fue en ese  momento que dijimos : "Hay que rescatar esto".

Las ideas de mejoras técnicas fueron bastante evidentes. Buscamos adaptar el soporte al confort de la tecnología moderna, sin cambiar la esencia de la actividad de lectura de un cuento proyectado.

Desde el principio decidimos escoger tecnologías de fabricación que estuvieran a nuestro alcance.

Partiendo precisamente de esta premisa esencial y de nuestra experiencia y carreras entre nuevas tecnologías y tecnologías de precisión, nos improvisamos un pequeño laboratorio de diseño óptico, muy simple, pero que nos permitió rediseñar toda la óptica del proyector. Luego pasamos a la electrónica, guiados por un deseo de simplicidad y funcionalidad. Un sistema de alimentación para la lámpara LED, un motor para arrastrar la película y un sistema de control remoto del motor, es todo. La cercanía de un Fablab (asociación que permite el acceso a máquinas de fabricación de calidad industrial) nos permitió finalmente realizar toda la parte mecánica y de exterior, usando técnicas como la impresión 3D o el corte láser.

Al tener las ideas claras con respecto a cómo queríamos nuestro producto, nos fue fácil escoger los materiales apropiados.

Así fue, por ejemplo, que diseñamos toda la estructura del proyector de madera, dándole un aspecto “vintage” en consonancia con otros elementos de diseño, como el soporte de los cuentos en película cinematográfica, o con la actividad misma, que es al mismo tiempo “vintage” e intemporal.

La consecuencia natural de haber diseñado nuestro proyector de esta manera es que actualmente nosotros realizamos completamente todas las etapas de la producción de nuestros proyectores.

Realizamos completamente todas las etapas de la producción de nuestros proyectores

¿Qué ventajas tiene este proyector con respecto al ruso que los cubanos conocemos?

¡Este no quema! No, en serio, este tiene una iluminación por LED, más brillante y eficiente que la lamparita incandescente del proyector ruso. No se calienta, y funciona con baterías recargables. Las lentes son mejores. Es más ligero, transportable, y el avance de la peliculita se gestiona con un control remoto, lo que permite poner el proyector en cualquier rincón de la habitación y sentarse donde más cómodo sea para leer.

Se puede poner en el piso, proyectar sobre el techo y leer el cuento todos acostados, con los niños ya en la cama antes de dormir. También se puede poner en el jardín o en un camping, sin tener que buscar una extensión de corriente y sin el zumbido del transformador.

Lo que no cambiamos es el soporte sobre diapositivas, ni el hecho de que un adulto presente lea la historia. Incorporar una lectura automática con una voz grabada, por ejemplo, sería destruir la experiencia que queremos justamente conservar.

Incorporar una lectura automática con una voz grabada destruiría la experiencia que queremos conservar

¿Bastarán esas mejoras técnicas para convencer a un público ya habituado a la televisión a demanda, Youtube, Netflix, etc. y al confort de tabletas, pantallas planas y beamers?

No. Esas mejoras técnicas no alcanzarían a convencer ni a un público que recién descubra los vídeo-casetes BetaMax, como ya pasó en los años 80.

La fuerza de nuestra propuesta no está en la tecnología, sino en la experiencia de compartir una lectura en familia (o en la guardería).

Las pantallas conectadas, el vídeo streaming, la televisión o los ya anticuados DVD y BlueRay tienen en común que se posicionan como narradores y protagonistas de una historia que se le cuenta al niño, en general al niño solo, en el mejor de los casos acompañado por sus padres, pero siempre en un rol pasivo: todos espectadores de una historia sobre la que no tienen control alguno, ni oportunidad de intercambiar entre ellos mientras se les narra.

En la sociedad actual, sin embargo, hay una toma de conciencia importante sobre los efectos nocivos del consumo excesivo de contenidos de vídeo por parte de los niños. La superconexión a Internet, a los vídeo-juegos y al streaming van de la mano con una desconexión individual a nivel ya del núcleo familiar. La imagen de una familia donde cada cual está mirando su pantalla sin intercambio alguno es un modelo unánimemente rechazado, pero que nos atrapa a todos en la cotidianidad.

El viejo proyector de cuentos de los años 70 y 80 propone, en cambio, una actividad que reactiva la conexión entre los adultos y los pequeños. El adulto no es un espectador más, es el narrador y protagonista de la actividad. Es él quien les cuenta una historia a sus hijos.

El proyector de cuentos propone una actividad que reactiva la conexión entre los adultos y los pequeños. El adulto no es un espectador más, es el narrador y protagonista de la actividad

Para leerle cuentos a un niño ya existen libros con bellas ilustraciones…

Para leerle a un niño sí, claro. Pero con un segundo niño en la ecuación ya empieza a complicarse el leer y mostrar al mismo tiempo las ilustraciones.

Un mercado muy importante para nosotros son las guarderías y bibliotecas escolares donde, dicho sea de paso, no se permiten televisores, ni tabletas, ni juegos de vídeo (al menos en Suiza).

Frente a un grupo de más de cinco niños un libro no permite compartir las ilustraciones. El proyector, en cambio, las muestra en grande y añade, además, esa atmósfera de teatro oscuro que centra la atención de los niños en la historia.

Uno de nuestros primeros clientes, educador en una guardería, nos dijo un día que nuestro proyector hacía de la lectura en grupo un verdadero espectáculo. Los niños lo disfrutan mucho.

Uno de nuestros primeros clientes, educador en una guardería, nos dijo un día que nuestro proyector hacía de la lectura en grupo un verdadero espectáculo. Los niños lo disfrutan mucho

¿Cómo reaccionan los padres jóvenes de países occidentales que no conocieron el proyector ruso de los años 80 cuando ven su propuesta?

Lo primero que les fascina es el objeto en sí. No se parece a nada que conozcan.

No es un juguete de plástico lleno de colores. No es tampoco un dispositivo electrónico moderno con una estética de teléfono móvil, puertos USB o Bluetooth.

Es un objeto de madera de aspecto muy artesanal pero al mismo tiempo con funciones técnicas que lo asemejan a un beamer. Nada es numérico. Los cuentos vienen en una tira de diapositivas que ellos perciben como un objeto casi de valor histórico. Preguntan 10 veces antes de atreverse a tocar la cinta, como si se tratara de piezas de colección. Es muy gracioso ver las reacciones.

La actividad de lectura en voz alta en sí los sorprende un poco. No logran imaginarse qué aporta la proyección con respecto precisamente a un libro… Hasta que lo prueban, entonces invariablemente nos piden que saquemos más cuentos.

¿Y cuántos cuentos han sacado hasta ahora ?

Produjimos una primera tirada de seis cuentos en francés y en español, y muy pronto sacaremos ocho más. Los títulos pueden consultarlos en nuestra página web.

¿Cómo pueden adquirirse los cuentos y el proyector?

Por ahora nos estamos limitando al mercado europeo. Los cuentos pueden adquirirse en español y en francés. Queremos producir un nuevo lote de proyectores para estas Navidades, que se podrán encargar a través de nuestra página web, o adquirirse directamente en algunas tiendas y librerías en Suiza con las que actualmente estamos negociando.

Es posible que este año nuestra capacidad de producción no llegue a cubrir la demanda, pero esperamos desarrollarnos para próximamente satisfacer el mercado y, en particular, a la comunidad de cubanos dispersos por el mundo que comparte con nosotros la nostalgia de esta actividad.

¿Qué proyectos inmediatos y a plazo medio se plantea ahora Candlebook?

Queremos ante todo desarrollar nuestra capacidad de producción, para poder satisfacer a todo el mercado actual (europeo franco-hispano). En función de la respuesta del público, prevemos desarrollar los cuentos en alemán y en inglés e ir extendiendo el mercado en Europa y América.

Con respecto al desarrollo de nuevos productos estamos trabajando sobre varios conceptos nuevos que van más allá de la experiencia del proyector de los años 80.

Finalmente, ¿por qué CandleBook?

Candle y Book, libro y vela en inglés, representan, respectivamente, la actividad de lectura que proponemos y la luz con la que se proyectan nuestros cuentos. Pero en realidad queremos sobre todo asociar la marca a estos dos objetos esencialmente antiguos, que hubieran podido ser reemplazados por tantas generaciones de tecnología, que van de la luz eléctrica al e-book, y que a pesar de todo conservan su magia y siguen deleitando a la gente.

Es en este espíritu de rescatar el encanto de un objeto antiguo que nos lanzamos en la aventura de revivir el proyector de nuestra infancia.

Este artículo es de hace 1 año

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