Emilia Morales | Foto © Cortesía de la entrevistada
Emilia Morales | Foto © Cortesía de la entrevistada

Entrevista a la cantante cubana Emilia Morales


Publicado el Lunes, 15 Julio, 2019 - 17:46 (GMT-4)


Espigada, de rostro moreno y hermoso sonriente, elegante, amable. Así me recibe en su hogar del Vedado capitalino una de las representantes inolvidables de la cancionística cubana, la señora Emilia Morales.

Es realmente para mí un placer conversar con esta espirituana de pura cepa que lleva la música en su sangre.

“No tengo miedo en decir mi edad: 27 de julio de 1959, nací en la misma ciudad de Sancti Spíritus y me deleité con el río Yayabo y con las montañas del Escambray como referentes histórico y geográfico.

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“Mis dos padres, maravillosos y lamentablemente desaparecidos, Blanca y Sixto, inculcaron en mis cinco hermanos y en mí todo un caudal de buena educación que yo traspasé a mi hija Amanda Rosa; hoy día a sus 29 años, convertida en máster y estudia doctorado en Filosofía”.

¿Contigo nació la música en la familia o la has heredado?

“Heredada. Por la parte materna me viene la música. Ellos tenían un septeto en el pueblecito Pueblo Nuevo que pertenecía al central Natividad en Guasimal. Casi todos eran familia.

Cortesía de la entrevistada

“El septeto Los Palmeros lo integraban Juanico, tío de mi mamá, cantante, que teniendo la edad de 112 años aún cantaba los boleros Solamente una vez y 20 años y a capella. Él murió a esa edad en plenitud de facultades mentales. Puedes imaginar.

“Mi abuelo era el director del grupo. Ellos me cantaban desde muy chiquitica y yo me ponía a teclear en la mesa. Fue así que me regalaron un pianito”.

Emilia hace toques imaginarios con sus largos dedos y su imaginación rescata del recuerdo toda aquella infancia maravillosa vivida en la ciudad espirituana.

Cortesía de la entrevistada

¿Cuándo entras a estudiar música ya oficialmente?

“A los nueve años llegaron de La Habana unos profesores buscando talentos, haciendo pruebas a niños para entrar en la Escuela Elemental de Música de Sancti Spíritus.

“Ahí entra por la puerta Verenice, la tía de mi papá, y le dice a mi mamá: 'Blanquita, ¿por qué no llevas a la niña a hacer las pruebas?'

“A lo que mi madre respondió: 'de eso nada; ella es la mayor y me tiene que ayudar en la casa'. Ya tú sabes, la tía protestó, yo me eché a llorar y tanto le dimos que mis padres me llevaron a hacer las pruebas.

“Yo quiero aclarar que mi madre tenía una preciosa voz, la cual mantuvo hasta el final de sus días. Con ella canté Pensamiento poco tiempo antes de partir y yo quisiera que la hubieras escuchado con esa voz clara, potente, audaz que la caracterizaba”.

¿Y qué pasó en la captación? ¿Saliste bien?

“Sí, saqué 100 puntos y la primera que no quería (aparentemente) que yo asistiera a la prueba, mi mamá, saltaba de alegría, de la inmensa alegría que experimentaba; pudiera parecer contradictorio pero fue así”.

Realmente, bella tu historia. Y es que el amor de madre es más fuerte que todo.

“¿Y lo dices? Ella me enseñaba a cantar desde pequeñita. Ya a los nueve añitos yo interpretaba Solamente una vez. Mi mamá veía en mí la continuidad de una familia muy musical; eran empíricos, pero musicales. Yo sería la primera que estudiaría profesionalmente”.

El rostro de Emilia sonríe; sus ojos marchan tras aquel día. La evocación se expande por la preciosa sala de su apartamento.

“Entré en la escuela, allí estudié cinco años: piano, solfeo, canto coral, todo lo que se imparte a esa edad. No olvido a mis primeros profesores, Lourdes Caro, quien enseñaba canto coral, y el Dr. Juan Enrique, apreciación musical.

“Lourdes fue la que me enseñó a cantar, integré el coro de la escuela, formé el trío Batalla de la Sacra. Ella me ayudó a comprender, desde el punto de vista vocal, cómo una debía aprender la técnica coral.

“Con Juan Enrique aprendí ese conocimiento general tan necesario de la música universal; quiénes eran Johann Sebastian Bach, Ígor Stravinski, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven así como quiénes fueron los maestros de la música cubana: Manuel Corona, Rafael Gómez 'Teofilito', Sindo Garay, los dos primeros prácticamente empíricos.

“Él nos ponía un disco de Beethoven, por ejemplo, y nos decía: 'cierren los ojos e imaginen qué sienten'. Un día escuchamos a Franz Schubert y le dije: 'ahora mismo me siento caminando por un campo de yerba fresca, escucho cantar a los pájaros'”.

Y eso Emilia, ¿qué objetivo tenía?

“Sencillamente, desarrollar la espiritualidad del alumno”.

¿Siguiente paso, tras concluir la Escuela Elemental?

“De la Elemental egresé en 1973 y matriculé en la Escuela Provincial de Arte que en aquellos tiempos radicaba en Santa Clara.

“Allí comencé a estudiar dirección coral, pero a los tres años mamá enfermó y tuve que interrumpir mis estudios. Mi papá viajaba mucho por el país, así que tuve que asumir yo.

“Al regresar al Yayabo pasé a estudiar en la Secundaria Básica y luego el preuniversitario, pero nunca dejé la música, incluso, integré el trío Tesis Tres, dirigido por Lourdes Caro y formado además por Marisel Yero y Luisa Dorta, quienes estudiaban en la Elemental.

“El primer guitarrista acompañante fue Guillermo Fragoso, hermano de Argelia, y después Marta Campos, que fue a hacer el servicio social a Sancti Spíritus.

“Siendo aún una adolescente, el trío participó en Festivales de la FEEM (Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media), de la Música, de la Trova. Era una época en que habían desaparecido los tríos femeninos.

“Al tiempo, el trío se desintegró y yo, como solista, recibo en el pre la convocatoria para el Instituto Superior de Arte (ISA) en teatrología, canto y actuación”.

Me imagino que viste los cielos abiertos. Era tu sueño, ¿no?

“Claro, pero fíjate, yo había aprobado el test para la carrera de Psicología en la Universidad, así que no era fácil. Al fin decidí por lo que siempre me había gustado y la guajira que quería conocer La Habana, vino con dos guajiros más a las pruebas del ISA, en mi caso, sin preparación alguna.

“Y, para colmo, lo que exigía la prueba de canto era una zarzuela, una canción lírica cubana o un aria de ópera. Así las cosas, llego yo y voy a hacer el test de actuación, cuyo jurado estaba presidido por el prestigioso profesor y director de teatro, Suárez del Villar”.

Así como así, sin preparación previa, sin haberlo hecho nunca, ¿qué hiciste?

“Bueno… Me mandaron a hacer una improvisación que debía concluir con una canción, y yo, claro que interpreté mi amuleto: Pensamiento. Se hizo el silencio una vez concluí, silencio que fue roto por Suárez del Villar quien me dijo: 'usted ha salido muy bien pero le aconsejo que vaya a hacer las pruebas de canto'”.

¿?

“¿Qué crees? Le dije que yo no estaba preparada para hacer esa prueba y él sólo me dijo: '¡Vaya!'

“Salí disparada y esperando para el examen de canto había ocho muchachos entre hembras y varones, y cuando me toca el turno, el presidente del jurado era uno de los grandes barítonos cubanos de todos los tiempos, Ramón Calzadilla, quien me pregunta qué aria o zarzuela iba a interpretar”.

Me imagino tu cara en ese instante. ¿Te mandaste a correr?

“¿Correr yo? Pues no. ¡Guajira al fin! con los ariques puestos, con mi cultura de la Escuela Elemental respondí: 'me disculpan pero en Sancti Spíritus no se oye nada de eso; pertenezco a una familia muy humilde que canta música campesina'.

“Aquello sonó que lo que te imagines es poco. Se miraron como diciendo: '¿Y esta muchacha de dónde salió? Calzadilla me mandó a vocalizar mientras Arline Pérez pianista acompañante me acompañaba en el piano.

“La sorpresa al escucharme se podía palpar en el ambiente. Aprovecho y les pregunto si quieren que les cantara una canción.

“'¿Cuál?', me dicen, a lo que yo respondo: Pensamiento. Siguió la tensión del momento porque Arline Pérez , no se la sabía y yo dije: 'la canto a capella'.

“Me autorizaron y al concluir me pidieron otra y les canté Perla Marina. Me despedí y mentalmente traté de grabar aquel precioso lugar que alberga al ISA, pues para mí, todo había finalizado.

“Me invitaron a tomar helado mientras esperábamos la decisión del jurado, y en eso llega el profesor Splinger, uno de los grandes tenores de Cuba, y comienza a hacerme una entrevista sobre mí y mi familia. Yo le explico y su respuesta fue: 'muy bien muchachita'.

“Al otro día me voy para Sancti Spíritus y cuando llego a casa enloquezco a todos hablándoles de mis experiencias y la belleza del entorno en el cual pasé las pruebas. Cuando se me había olvidado aquello, a los tres meses, llega la buena nueva: ¡fui la única plaza de canto que otorgaron en toda la Isla para el curso regular del ISA!”

¿Cómo es eso? ¿La única?

“Sí. Para los que no conozcan, existían cursos regulares para muchachos egresados de la Enseñanza Media y Especializada así como cursos para trabajadores donde estudiaban cantantes profesionales en activo. Así que yo tuve de compañeras de aula, por ejemplo, a Linda Mirabal y Hugo Barreiro, quienes ya eran cantantes de ópera en activo.

“O sea, la única que obtuvo la matrícula procediendo de la calle, fui yo. ”

¿Y cómo te las arreglaste?

“No fue nada fácil. Tuve que moverme por todas las facultades. Por ejemplo, yo estudié con Corina Mestre y Ramoncito Veloz las asignaturas complementarias de mi carrera y con otros muchos más otras asignaturas.

“Recuerdo a la profesora rusa Helena y sus magistrales clases de danza universal: danzas rusas, también vals, danza general. Oye, si ves cómo nos divertíamos entre la lamentablemente fallecida actriz Alina Rodríguez, el propio Ramoncito y en sentido general, entre todos los que más tarde fueron figuras del arte cubano”.

Pasaron así cinco años, tiempo en el que la guajirita de la tierra del Yayabo que vino a La Habana con tres mudas de ropa, fue adquiriendo cultura, compartiendo con 60 muchachitas un mismo albergue: diferentes caracteres, diferentes situaciones, diferentes orígenes.

“Así fue. Pero todo lo doy por bien empleado. Además de lo aprendido, tomé experiencia de vida, como decía la profesora coreana Shun Sha Lee, 'sufrí una metamorfosis'.

“Apliqué siempre las enseñanzas de mi abuelita Candita que me enseñó a amar al prójimo, a la familia, al amigo. “

¿Otros recuerdos del ISA?

“Recuerdo a la profesora búlgara Rabda, quien era contralto en la ópera de su país, y me impartió clases de técnica vocal. Ella me clasificó como una mezzo contralto; para mi graduación de canto, la gran soprano y profesora Ninón Lima me buscó un repertorio adecuado a ese registro”.

Emilia, cada vez que hablo con una de ustedes (cantantes, directoras de coro, etc) sale la caracterización de mezzo, soprano, tenor. ¿Esa nomenclatura rige a todos los cantantes?

“Claro que sí. Por ejemplo, Elena Burke era contralto con extensión de mezzo; Rosita Fornés, soprano; Omara Portuondo tiene una extensión muy grande, se mueve desde una contralto hasta una mezzo soprano con extensión de soprano”.

¿Eso puede aplicarse a los intérpretes de reguetón?

“El reguetón es un género rítmico que apela al habla más que al canto. Hay dos tipos de reguetón: el que sólo habla y el que habla y canta. Pero, de veras, no sé qué decirte. Se mueven encima del escenario pero en registros musicales… ¡No!. Jajá. Que me perdonen.

“Y fíjate, no tengo nada en contra. Yo le he dado clases a regentonistas; por ejemplo a Pipey que llega a tener registros de barítono. A él le monté arietas (pequeñas partes de un aria). Este muchacho puede cantar cualquier cosa pero optó por el reguetón. ¿Qué decirte?”

Emilia Morales y yo nos conocemos hace muchos años, casi siempre coincidíamos en homenajes que el arte cubano le rendía al deporte. De ahí la amistad de ella con Ana Fidelia, Mireyita Luis, Sotomayor, Stevenson, Mijaín López, Juantorena y otros más, algo no muy divulgado.

“Yo fui deportista en el ISA. Era buena en jabalina y disco. Disfruté mucho esa etapa de mi vida”.

¿De qué te graduaste en el ISA?

“Yo egresé como Licenciada en Música, especialidad canto. De aquella guajirita que no sabía lo que era un aria, pasé a estudiar y a escuchar al detalle a los mejores cantantes de opera del mundo: Caruso, María Cala, Renata Tebaldi; además de los cubanos pues tuve la oportunidad de asistir a la puesta en escena de grandes obras en nuestros teatros.

“Nuevos horizontes tomó mi conocimiento, de la nada a dominar el bel canto”.

Y después de tus estudios, ¿dónde comienzas a trabajar, regresas al Yayabo?

“No. Me ubican en el Teatro Lírico Nacional, donde estuve sólo meses; de ahí paso a la Empresa Adolfo Guzmán y me evalúan en septiembre de 1983 como cantante popular, algo que me encantó pues si bien es cierto que el saber no ocupa lugar, mis orígenes eran campesinos, música tradicional.

“Sancti Spíritus es, detrás de Santiago de Cuba, la provincia más trovadoresca y la primera en tríos”.

¿Qué hiciste al empezar en la Guzmán?

“Mis primeros pasos fueron ofrecer conciertos en hogares de ancianos e impartir clases de técnica vocal a todos los cantantes profesionales que tenían que evaluarse.

“Así me incorporé a la comisión de evaluación, fui profesora de la escuela de Superación Profesional Ignacio Cervantes. Estuve cinco años en la cátedra de canto popular junto a Argelia Fragoso y Elizabeth de Gracia”.

¿Algunos de tus alumnos que llegaron al estrellato?

“Rojitas, Delia Díaz de Villega, Tony Calá, Yumurí, entre otros”.

¿Cómo te las arreglaste en La Habana?

“¡Uff! ¿Para qué contarte? Pasé mucho trabajo para conseguir un cuartico aquí en la capital, un cuartico de madera, techo de zinc y piso de tierra.

“Pero ¿sabes?, viviendo ahí gané tres premios internacionales de la canción en Hungría, y trabajé en los grandes cabarets de Cuba”.

Miro a mi amiga Emilia Morales y valoro en toda su dimensión lo grande que ha llegado a ser. La recuerdo con sus boleros en teatros y cabarets.

“Mira, si el ISA fue una escuela de vida, los cabarets fue otra. Me dieron una experiencia enorme. Compartí en ellos con Elena, Omara, Elizabeth, Migdalia Echevarría y otras figuras importantes de la cancionística cubana así como con relevantes directores artísticos; en el Rincón del Bolero con Lino Borges, Rita Gil, Fernando Álvarez, Manolo del Valle, Gina León; en el Rincón del Filling del Pico Blanco del Saint John's con César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Ela Calvo, Angelito Díaz, Aurelio Reynoso. En el Pico trabajé seis años.

“Ofrecía funciones en Dos Gardenias, a seis  meses de su creación. Compartía escenario con María Elena Pena, Anaís Abreu, Raquel Hernández, Maureen Iznaga, Mundito González, Roberto Sánchez, Fernando Álvarez. En el Gato Tuerto (1984-2006) también estuve con varios de ellos”.

Nuevamente la mirada serena de mi interlocutora se pierde en su balcón repleto de plantas; la calma, la serenidad se apropian de su bello rostro.

¿Por qué se han perdido esos espacios culturales que tanto agradaban a los capitalinos?

“Tristemente ya no existe el filling en el Saint's John; Dos Gardenias no es el mismo: el bolero que lo caracterizó ha dado paso a otros géneros. El Rojo del Capri desapareció pues se unieron los locales del cabaret con el que se utilizaba para la música popular y ahora todo es bailable, no hay los tan gustados shows. El Gato se mantiene con sus características. Resumen: prácticamente los espacios para la cancionística han desaparecido”.

La escucho y recuerdo a una de las grandes, inmensas cantantes cubanas, la desaparecida Lourdes Torres, quien siempre me advertía sobre la paulatina desaparición del bolero y la canción.

Yo pensaba que la ausencia era sólo en la radio y la televisión. ¿Para qué hablar? De aquellos grandes programas televisivos que dirigían Manolo Rifat, Amaury Pérez, Joaquín Condal no queda absolutamente nada.

“Aquellos espectáculos que comprendían hasta variedades circenses, bailes, cantos…¡no existen!”

La variante de los programas Sonando en Cuba y Bailando en Cuba ¿te gustó?

“Lo que más me gustó fue dar a conocer a los jóvenes cubanos nuestros compositores y la música cubana, y que esos jóvenes pudieran escuchar lo mejor de nuestra hermosa música que para muchos es un referente universal”.

¿Qué se hace para tratar de que no desaparezca por completo la cancionística cubana?

“Se realiza un trabajo a todos los niveles de la cultura, donde han tomado un espacio las peñas; también están las casas de la música y el empeño que está tomando nuestro ministerio de Cultura para abrir y crear más espacios, aunque aún hay mucha ausencia de espacios para la cancionística.

“Por ejemplo, el Festival del Bolero es cada dos años y ya casi ni se trasmite por la televisión. Por suerte, al parecer, el Guzmán, desaparecido por tres décadas, va a ser retomado para alegría de muchos”.

Sé que has visitado muchos países llevando la música cubana a otras latitudes.

“Sí, ha participado en conciertos y eventos internacionales en España, Colombia, Venezuela y Canadá así como giras por Nicaragua, Alemania, Santo Domingo, Curazao, Uruguay, Canadá y México, Turquía, Grecia, casi todo los países de Europa Occidental, y Azerbaiyan.

“Guardo muy agradables recuerdos de mi participación en Festivales Internacionales, como el festival de la Radio y la Televisión en Hungría donde obtuve tres premios, también conciertos; el Caravan de Toronto y el Concierto por la Paz en Azerbaiyán. Ahí fui considerada embajadora cultural y recibí varios premios y distinciones. En España, Festivales de Habaneras, muy preciados para mí”.

¿Discos?

“Después de 35 años de trayectoria profesional grabé uno, en solitario, con la EGREM: Sentimiento, que abarca música de los años 50 hasta 1961. Fue un trabajo muy bonito que contó con la recopilación del productor Jorge Rodríguez y la dirección, arreglos y producción de Emilio Vega.

“Hice otros, como artistas invitada, con las orquesta Enrique Jorrin, la Orquesta América, la Charanga de Oro, dos dúos con Omara Portuondo, y con la disquera italiana Azurra Music que se llama La Voz de Cuba”.

¿Hiciste algún concierto sobre esos discos?

“Se hizo el lanzamiento y el concierto de Disco Sentimientos”.

¿Tuvo promoción?

“Sí, gracias a algunos directores y conductores de programas como Edith Massola y su 23 y M; Odalys Torres, Mediodía en TV; Raquelita en De tarde en casa; Jobana Martínez en el Canal Educativo y también en el Canal Habana.

“Se divulgó pero, ¿por qué siempre habrá un pero?, el spot del concierto jamás se trasmitió por la televisión; un spot pagado por la EGREM, y nunca se vio.

“Así y todo, el teatro América vio colmada su capacidad de 900 personas. Lamentable la ausencia de las cámaras del Sistema Informativo y de Cubavisión impidieron que el concierto fuera difundido noticiosamente a nivel nacional. Sí quiero reconocer el apoyo de la EGREM, de mi empresa Artística Musicuba, del Instituto de la Música , en especial del departamento de comunicación”.

Emilia, una pregunta que no puedo dejar de hacerte. ¿Para ti, cantantes, mujeres y hombres, que más te hayan impactado?

La Morales no vacila, tal parece que estuviera esperando esa pregunta.

“Cubanos: Elena Burke, Omara Portuondo, Celeste Mendoza, Lino Borges, Aurelio Reinoso y Mundito González.

“Extranjeros: Whitney Houston, Barbra Streisand, la brasileña Fabiana Cossa, Roberto Carlos, Marco Antonio Muñiz y Marc Anthony”.

¿Agrupaciones?

“Aragón, Van Van y Manolito Simonet , su trabuco”.

¿Canciones predilectas?

“Por supuesto, se deduce de esta entrevista, Sentimiento de Rafael Gómez ´Teofilito´, 20 años de María Teresa Vera y Contigo en la distancia de Portillo de la Luz”.

Eres tan versátil que publicaciones especializadas te sitúan como un elemento de transición entre la trova tradicional y la música tradicional cubana, el bolero, la canción. ¿Es así? Cantas tantos géneros que ¿cómo te catalogas: bolerista, cancionera, trovadora?

Emilia Morales ríe, sus ojos cascabelean; parece que le gustó la pregunta.

Cortesía de la entrevistada

“Bueno, comencé con la trova que traigo de mis ancestros, asistí a conciertos de Barbarito Diez, Enrique Jorrín, la orquesta América.

Todo eso me dio un background de trova y música cubana.

“Los cabarets aumentaron mi caudal expresivo ya que a los 23 años, en el Parisien del Hotel Nacional compartí con Elena, Omara, Chucho Valdés, Rafael Hernández, Andrés Gutiérrez, por mencionarte a unos cuantos.

“Yo canto canciones, boleros, chachachá, trova, son, música afro, música lírica (he cantado arias italianas), pero mi pasión son los boleros”.

Ahora que mencionas la música lírica, ¿nunca hiciste Cecilia Valdés o María la O?

“No”.

Pero hubieras sido una intérprete perfecta.

“En efecto, pero esas maravillosas zarzuelas nunca se pusieron en mi camino para que veas. Sí interpreté otras registradas en la cancionística lírica como Siboney, Estás en mi corazón, Mírame así y Júrame y el aria de la Habanera de la Ópera Carmen“.

Hablando de estas sublimes obras, ¿tus compositores favoritos?

“Ernesto Lecuona, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Martha Valdés, Adolfo Guzmán y Bola de Nieve”.

¿Qué opinas del reguetón?

“Pienso que si tiene una calidad musical con una letra buena y una gran originalidad, lo podemos escuchar, pero estamos difundiendo en las guaguas, en los almendrones, hasta a veces en fiestas de niños, reguetón que no corresponde con la ética ni la educación ni la formación adecuadas.

“Hay que tener mucho cuidado porque al niño que oye ese tipo de reguetón le puede perjudicar su formación educacional y ética, además de su oído musical; eso le hace un daño muy grande y también a los jóvenes”.

En relación con esto doy fe propia pues tengo tres nietos, y el pequeño aún está en edad de estas fiestecitas, y yo, me pregunto, ¿aquellas preciosas canciones de Teresita Fernández, Liuba María Hevia, la Lamurut, dónde están?

“No es una guerra contra el reguetón como tal. A mí me gusta Gente de Zona; lo que no me gustan son las vulgaridades que han permitido que se expandan. Menos mal que se han tomado medidas y ya no ocurre así, pero en la calle, no se escucha otra cosa.

“Tenemos que defender nuestra cubanía, nuestra cultura, nuestra música. No tienes que negar ni prohibir nada pero el joven tiene derecho a seleccionar lo que le gusta, no a que le impongan desde pequeño un género determinado”.

Por tus palabras se infiere que todo esto lacera la educación de la que tanto nos hemos vanagloriado siempre. ¿Es así? ¿Consideras a la juventud cubana culta? ¿Es un problema mundial?

“No se puede comparar cultura con instrucción. Se mantiene (no como antes) el nivel educacional, pero la cultura no es eso. Yo diría que sólo una minoría es culta.

“Quiero señalar que la radio ha estado trabajando mucho los géneros cubanos, están haciéndolo muy bien, balanceando lo que ha llegado a gustar tanto, el reguetón, y nuestra rica música cubana”

¿Y en la televisión?

“¿Qué programas musicales tiene la tele? Mejor no hablamos de eso. Yo recuerdo cuando era niña, joven, aquellos programas preciosos, espectaculares. Ya no existen; menos mal que están Bailando y Sonando en Cuba; pero, ¿y los profesionales como yo?¿Dónde cantamos, en qué espacio?”.

A propósito, ¿qué haces actualmente?

“Hace siete años pertenezco a un proyecto llamado Leyendas.COM, dirigido por Juan Carlos Bonet y Alina Püig; su director musical, Jorge Boulet, fue director de la orquesta Rumbavana y pianista y arreglista de la orquesta de la Radio y la Televisión.

“En Leyendas.COM se agrupan grandes músicos cubanos que han formado parte de excelentes agrupaciones como Buena Vista Social Club, Afrocuba All Stars, orquesta del ICRT, Rumbavana.

“Todos los martes, a las 9 y treinta de la noche, nos presentamos en el Salón 1930 Compay Segundo del Hotel Nacional; también lo hacemos en las Casas de la Música de la EGREM, en la Marina de Varadero, en Artemisa.

“Con ese grupo he viajado a Venezuela e Islas Vírgenes”.

¿No te presentas en solitario?

“Sí, en algunas oportunidades lo hago: Casa de la Música de 31 y 2, Piano Bar Convergencias en Fresa y Chocolate, en el tablado del Gran Teatro de La Habana, así como en múltiples actividades y eventos de turismo”.

¿Tienes algo programado en un futuro cercano?

“Tengo proyectos en el camino que están por consolidarse”.

Mi amable anfitriona debe partir para su función en Fresa y Chocolate y aunque me invita, yo me retiro. He pasado una tarde deliciosa con ella y su esposo Héctor Luis, incansable, inteligente y el más fiel de los fan de esta espirituana de lujo que responde al nombre de Emilia Morales.

Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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