Calles de La Habana | Foto © CiberCuba
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La desdicha del diferente en Cuba


América Latina Cuba

Publicado el Martes, 9 Julio, 2019 - 20:41 (GMT-4)


Entre otras muchas, los cubanos padecemos la incapacidad de reconocer al diferente sin aspavientos ni etiquetas políticas, tratándolo con respeto y evitando el asesinato de su reputación que tanto fascina a los totalitarios.

El sexagenario monólogo verde oliva y el carácter cubano han influido en esa tendencia de desconocimiento del otro; pero la responsabilidad principal recae en todos y cada uno de nosotros por nuestra tendencia a establecer afinidades privilegiando la identificación ideológica por encima de valores sanos y tradicionales como la amistad, el respeto, la solidaridad y la lealtad mutua.

A nivel inconsciente esa actitud podría achacarse al miedo patológico que desató el castrismo en las almas de la mayoría de los cubanos y en esa tendencia natural de los últimos años de adoptar un discurso sinflictivo que evade constantemente la realidad y suplanta el valor cívico con una amalgama de indiferencia, recelo y oportunismo.

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Tampoco andamos escasos de perdonavidas, esos elementos de ambos lados del escenario político que exigen pureza ideológica y trayectorias intachables para que unos sean como el Che y otros como Posada Carriles; en vez de seres humanos con fortalezas y debilidades, como la mayoría, incluidos las dos figuras citadas.

Dentro de los perdonavidas hay una¡ segmento de alta disposición combativa que –casi siempre- confunde a las víctimas con los victimarios y se emplea a fondo con los primeros, llenándolo de epítetos como carneros o recomendándole que pasen por el departamento correspondiente a recoger su jabita, como premio a su desempeño político; pero evitando pasarse en el machaque de los victimarios para evitar represalias en materia de viajes y otras canonjías caras.

¿Pretende alguien construir el futuro plural que Cuba exige con fusilamientos y escarnio público? Una cosa es la justicia y otra la venganza.

Por suerte, Cuba está habitada a lo largo y ancho de su plural geografía con playas tan extensas como el exilio y el inxilio, por una mayoría silenciosa que apuesta por el perdón, pero no olvido. Y, sobre todo, por evitar a toda costa el triunfo final de la dictadura sobre el resto con un gran baño de sangre, emulando a Sagunto y Numancia, los niños héroes de Chapultepec o el incendio de Roma, con Nerón y su Lira.

Seis décadas de fragmentación familiar, de amistades rotas, de denuncias y simulaciones debían haber agotado el catálogo de infamias y vacunado a todos los cubanos contra el virus de aniquilar al otro solo porque piensa diferente o se comporta de manera opuesta a la consigna y la máscara; pero aún queda un tramo por recorrer en materia de pluralidad y tolerancia.

La pobreza impuesta por el poder tampoco contribuye a la paz social, pues la lucha por un trozo de pollo, una botella de aceite, un jabón o una perga de cerveza desquicia a muchos; pero frente a esa imposición, solo queda el camino de la cordialidad, el respeto y la generosidad.

En definitiva, los valores ideológicos son secundarios, incluso prescindibles; y la guataquería al jefe –un vicio universal- carecen de sentido porque si alguien tuviera la tentación narcisista de sentirse por encima del resto o dichoso porque se ha colado en la guara, con bajarse un escalón o dos y ponerse al lado de sus semejantes, basta.

La economía se arregla con racionalidad y valentía, la política con asumir en el ámbito de poder lo que ya es normal en la calle bullanguera, plural y ecuménica; pero reconstruir la moral y cívica, que fue asignatura en la República, será lento y doloroso.

El éxito consiste en oponernos con igual contundencia a la dictadura y sus antónimos totalitarios, en defender civilizadamente nuestro derecho a gozar de la diferencia con el júbilo del iniciado que sueña con una Cuba que se parezca mucho a muchos cubanos y poco o nada a los aguafiestas.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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