Colas y larga espera para comprar un pasaje para La Hanana | Foto © CiberCuba
Colas y larga espera para comprar un pasaje para La Hanana | Foto © CiberCuba

“Largas horas de espera sin ventilación, sin agua y sin comida para viajar a La Habana”


América Latina Cuba

Publicado el Lunes, 12 Agosto, 2019 - 05:24 (GMT-4)


A las 11 y 30 de la noche la mujer volvió a pasarse el pañuelo por el rostro para secarse el sudor o para recoger la rabia que le goteaba allí en la frente. Quizás lo hizo solamente para disimular la autocompasión que la embargaba: Tampoco alcanzó un cupo en la última guagua del día, esa que saldría dentro de 20 minutos con destino a La Habana. Ahora tendría que pasarse toda la noche tirada en una esquina de la estación.

Toda la noche con su cabeza apoyada sobre la mochila. Toda la noche entre el calor, los lamentos y los mosquitos, los asientos que no alcanzan y la constante exhortación de los buquenques a tomar un taxi hasta la capital. Un pregón que solo sirve para echarle en cara “lo jodido que está todo”, y principalmente “lo jodida” que está ella, porque no tiene los 20 CUC necesarios para salir de su fastidio.

“Ni siquiera 10”, dice. De tenerlos ya habría sobornado a un chofer, al que anota en la lista de espera, al jefe de turno, o sencillamente a la que rectifica los pasajes en el salón contiguo. Con 10 CUC no tendría que resignarse, como ahora, mientras guarda entre sus senos ese pañuelo cargado de sudor y rabia.

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“Esto se dice y no se cree. Desde las nueve de la mañana llegué y me anoté en la lista de espera y estas son las santas horas en que no he podido montarme en una dichosa guagua, —se desahoga—. Han pasado como 8 y algunas hasta vacías, pero a la hora de llamar por la lista de espera te dicen encantados de la vida que solo se venderán cinco o seis capacidades”.

Personas aguardan para poder comprar un pasaje / CiberCuba

“Luego tienes que callarte la boca cuando ves de lejos cómo se suben a la misma guagua una bola de personas que llegaron después que tú”, continúa, como si creyera que solo ella ha notado la mezquina acrobacia de sobornadores y sobornados que tiene lugar a cada minuto, durante cada día del mes y del año, en la estación de Ómnibus Nacionales de Santa Clara.

La escasez de transporte se agudiza durante el fin de año, los feriados, los días de las madres y los padres, pero sobre todo durante los meses de julio, agosto e inicios de septiembre. Con el aumento de la demanda se disparan los precios de los taxis particulares y los empleados de la terminal, por su lado, también ponen más alto el listón de “sus favores”. Hasta que no subes la oferta no consigues que te digan ese: ‘bueno, deja ver cómo te ayudo’, que minutos más tarde te abrirá las puertas de una Yutong.

Horarios y precios por viajes / CiberCuba

La escasez de medios de transporte ha favorecido el surgimiento de todo un negocio informal, donde los empleados de la Empresa de Ómnibus Nacionales (EON) medran a costa las necesidades del pueblo. Una red de corrupción que comienza por las oficinas Viajeros, entidad que comercializa pasajes con más de 72 horas de antelación, y cuyos agentes de venta “son especialistas escondiéndote la bola”. Su frase favorita es “para esa fecha no me queda nada”.

Sin embargo, las posibilidades se amplían cuando el interesado sugiere que “si le ayudan él también puede ayudar”. Son códigos normalmente compartidos y que no solo se manejan en Viajeros sino también en “72 horas”. Una ventanilla concebida para comercializar tres días antes de la del viaje aquellos pasajes que hayan sido reembolsados o que por algún motivo han quedado vacantes.

Colas para poder comprar un pasaje / CiberCuba

Si a estas alturas el pasajero tampoco logró comprar su boletín, o resolverlo por la izquierda, entonces deberá confiar en su buena suerte, y anotarse en la lista de espera el mismo día del viaje.

A esas alturas, y como la testimoniante de este artículo, estará a merced de que aparezca un vehículo extra o de refuerzo, o de que los ómnibus regulares que transitan por Santa Clara con destino a la capital o el oriente del país tengan capacidades libres. Pero, sobre todo, dependerá de cuánto estén dispuestos a pagar aquellos otros pasajeros con mayores posibilidades económicas para sobornar a un empleado. Como es de esperar, estos tendrán total prioridad para llegar a su destino.

Quienes no pueden pagar 5, 10 o 15 CUC por encima del costo oficial del boletín tienen más probabilidades de pernoctar en las terminales interprovinciales del país. Son los que ahora, al filo de la medianoche aguardan un golpe de suerte en la estación de Santa Clara, una nave de forma cilíndrica con paneles de plástico que un día fueron blancos y ahora lucen un color amarillo viejo.

“Es que esta terminal llevaba aire acondicionado, pero desde hace rato se rompió y no lo han arreglado”, explica una empleada. Ahora, en efecto, la única ventilación proviene de las tres ventanas de vidrio ubicadas a un costado de los andenes.

Por no haber, en la terminal tampoco hay suficientes asientos, y por eso muchos pasajeros se van al piso, o se pasan todo el tiempo caminando de un extremo a otro mientras se lamentan.

Gran cantidad de personas esperan poder comprar un billete para La Habana / CiberCuba

No hay agua potable. Los bebederos fueron desahuciados después de varios años de roturas en sus sistemas de frío. No existe una cafetería en moneda nacional, solo un punto de venta de la Empresa Palmares que se mantiene abierto en horario diurno. Como “las neveras se apagan en la noche para ahorrar electricidad”, el agua o los refrescos que se venden de día, si acaso están frescos. De noche, ni eso.

“No solo es vergonzoso que tengamos que pasar largas horas de espera sin ventilación, sin agua y sin comida para viajar a La Habana. Yo me pregunto qué pensarán de los cubanos esos turistas cuando entran al baño”, reflexiona la mujer, apuntando a una veintena de extranjeros que esperan frente a la pequeña oficina de la agencia Viazul, también ubicada dentro de la estación santaclareña.

Cartel en el baño / CiberCuba

A pesar de la obligatoriedad de abonar un peso en la entrada de los baños, estos no pueden estar más desatendidos. No disponen ni siquiera de agua corriente y, aun así, sobre cada servicio sanitario se ha colocado un absurdo cartel que le pide a los viajeros: “No descargue el baño”.


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