Juan Carlos Cremata | Foto © Cortesía de Juan Carlos Cremata
Juan Carlos Cremata | Foto © Cortesía de Juan Carlos Cremata

Memoria del Exilio: Cincuenta y ocho


Publicado el Sábado, 30 Noviembre, 2019 - 08:11 (GMT-4)


* La foto que acompaña a esta crónica fue hecha en una tienda en Austin, Texas. El sombrero que me cubre la cabeza es súper caro. Lo que está debajo es gratis. Y está en oferta.

Es inevitable el recuento o la meditación al respecto. Me cuesta mucho creer el haber llegado a tanto.*

* Y eso que solo he cumplido un año, pues los otros cincuenta y siete ya los cargaba conmigo. Mi hermano mayor ya llegó a los sesenta y en dos años más le alcanzo. El tiempo vuela. No sé cuántos más me queden.*

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* Ni tampoco me interesa. Pero, estoy seguro, serán muchos menos que los ya vividos.

* O al menos, eso espero. Porque yo sí que no me veo en ningún ingenuo Club de esos, de los Ciento Veinte.

Aunque, hasta ahora, puedo vanagloriarme de haber llevado una vida “vivible” -comparada con la de millones de seres en el mundo
que sufren, de manera más amarga, podría hasta ser catalogada de “dichosa”- no quisiera prolongar mi aliento cuando,
irremediablemente, comience a dejar de sostenerme.*

* Y, en cuanto me den el pase al más allá, ya he hecho saber, por todos los medios posibles, mi deseo de que me den candela y me lancen al mar abierto y al viento.

Desconozco cuánto de camino perdure, mas, rezo -a todos los santos y a ninguno- porque el resto sea lo más grato posible y, en la mayor medida, transitable. *

* Sin tortuosos padecimientos, o despreciables secuelas.

“Lo que me queda por vivir que sea en sonrisa…” - me canta, aún, Omara en el cerebro - aunque no logre borrar todo el pesar experimentado. 

* Al que - para que no se crea cosas - trato de ignorar en cuanto aparece. A veces, lo logro. Pero, casi nunca lo consigo. Por eso, debo agradecer todo el caudal de mensajes y pensamientos de buena vibra, recibidos durante este cumpleaños.

Incluso a aquellos que lo olvidaron - me ha pasado conmigo mismo y con otros - o no pudieron - por algún u otro motivo - entregar la felicitación de costumbre. No es imprescindible y ni siquiera, necesario. Ser buen amigo no significa, necesariamente, asumir esas prácticas.

A mí quiéranme ahora, de frente, de cerca y en persona. Cualquier día y a cualquier hora. * Amarse no tiene horario, ni fecha en el calendario. De lejos, es recomendable y bien fácil. *

* En las redes “sociales” suena hasta divino. De cerca, no se preocupen, ni yo mismo me resisto. A mí quiéranme siempre.

* Incluso, cuando me aborrezcan. Cada vez que me vean. *

* O me lean. O les caiga de fly - sin haberles pedido permiso - en un quicio del alma, o un recodo del pensamiento. La vida es ahora. Ayer ya fue. Mañana, ¿quién sabe? Extrañar demasiado al pasado impide disfrutar, a plenitud, el presente.*

* Por eso, arrepentimiento, no forma parte de mi vocabulario, ¿qué cosa es? Algunos -como buen augurio- me siguen vaticinando, o pretendiendo, un futuro promisorio. Y en Hollywood. *

* ¡Ese sí que es un cementerio de artistas con muertos vivientes! Agradezco la buena intención, pero, nada de eso forma - ni ha formado jamás - parte de mis sueños. Si bien ilumina, con las glorias de su historia, el universo de mis conocimientos.

Hace mucho descubrí otros horizontes y persigo otros derroteros.*

* Si es que algo acecho. Porque he aprendido a tomar lo que la suerte me ofrece, en el intento de ser consecuente con mi forma de sentir, ser y pensar.

Señoras y señores, mi mayor anhelo es holgarme la aurora boreal. *

* Luego de eso, podré morir tranquilo. De otra manera, les anuncio, que seré un espectro bastante incomportable. Sí. Soy de los artistas que se meten en política. *

* El no meterse con la política - que se mete con uno, de todas maneras, querámoslo o no - es también hacer política. No hay porqué huirle a la responsabilidad que se tiene como ser humano pensante, sensible, comprometido y consciente.

Mas, lo hago desde mi arte, es decir, desde la visión del mundo que me rodea.* Rehúso marchas, manifestaciones - lo mismo sea desfiles que procesiones - y acendradas militancias. Detesto todo tipo de multitudes, concentraciones de gente, o moloteras. Me cuadra, mucho más, ser oveja negra que manada.

Hasta hoy, siempre he seguido mis principios, sin preocuparme mucho cuáles puedan ser sus finales. Durante toda esta subsistencia - que no solo en exilio - he tenido que reinventarme.*

* Sin que ello signifique renunciar a mí. No suelo leer los comentarios adversos, desconocedores, o mal intencionados. Tal y como tampoco los soporto en persona. 

* Hace poco, uno me saltó a la vista, recomendándome terapia, ja, ja. Como si todos no necesitáramos a alguien que nos escuche y ayude a razonar. Pero… ¿Quién escucha a quién? Gracias, pensé decirle, pero, ni respondí. Acabo de leer que “mientras más feliz uno es, menos se mete en la vida de los demás.

Cada cual saca afuera lo que guarda dentro. * Así, quienes insultan - a escondidas, o a cara descubierta - solo colocan, en su
vidriera, el oprobio que almacenan en sus fueros internos.

A esta altura de mi existencia, he logrado desarrollar una galopante presbicia, una tímida hipocondría, una declarada hipertensión, combinada con hiper kinesia, soy propenso al delirium tremens, me como los dientes y un bichito - que puede volverse monstruo, en cualquier momento - goza alojado dentro de mi cuerpo, desde hace más de diez años. Tiempo suficiente como para considerarlo parte de mi organismo y hasta cogerle cariño.

No hace mucho, supe de una respuesta de Mariela Castro - con quien estudié en mi adolescencia, sin habérseme dado la opción de escogerlo - cuando alguien le preguntó, sobre si nos conocíamos.

- “Sí, Cremata estudió conmigo en los Camilitos, fue mi amiguito, pero, me salió malito”- fue su “ocurrente” sentencia. Sin duda alguna, está en lo cierto.

En el inhumano y cruento experimento social, al que toda su parentela, ha condenado a nuestro pueblo, por más de sesenta años, mi probeta - como tantas, cientos, millones de otras vidas - debe haber salido dañada, a sus “incólumes” propuestas.

Pero, nadie, jamás, podrá acusar a mis padres - y a mí mucho menos que menos - de censores, castradores, abusadores, mentirosos, inhumanos, ladrones y asesinos.*

* Entre otras joyas notables de la podredumbre humana. Para mí, no habrá mayor regalo que el que se me piense con una sonrisa.*

* De lo contrario, recomiendo, seriamente, olvidarme. Es lo mismo que hago con quienes no me quieren. Dejan de existir de inmediato. Por lo tanto, no puedo, ni siquiera, desearles la muerte.

Suelo dormir bastante tranquilo. Y sueño.*

* Sin resquemores. Que, como artista, puedo darme el bendito lujo de hacerlo
despierto.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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