Fotograma de "La muerte de un burócrata" Foto © www.cubacine.cu

10 burócratas cinematográficos, más intensos que el Facundo de “Vivir del cuento”

Aunque todo el mundo sepa que el cine y la televisión en Cuba disponen de distintas flexibilidades a la hora de establecer la función crítica inherente al arte, hubo muchas películas cuya parodia o crítica a este tipo de personajes hacen palidecer la nobleza y cortedad del personaje de Facundo, interpretado con notable exactitud y riqueza expresiva, por el actor Andy Vázquez en Vivir del cuento.

Lo curioso es que en la misma televisión surgieron, recientemente, parodias mucho más corrosivas, del dirigente inescrupuloso y demagogo. Todo el mundo recuerda el personaje de La llave, con su libreta represiva y castigadora eternamente bajo el brazo, o Lindoro Incapaz, donde realmente la brutalidad, salvajismo y torpeza del jefe se convertía en materia de sátira.

Tanto el programa Deja que yo te cuente (de donde proceden La Llave y Lindoro Incapaz), como Vivir del cuento, celebran la imprescindible vocación crítica del humor, en un país que tal vez aspira a progresar mediante la identificación de sus errores mediante el cubanísimo choteo.

El cine, por suerte, siempre asumió con talante crítico, más o menos burlesco o dramático, el personaje del dirigente esquemático o del burócrata inflexible:

1.    La muerte de un burócrata (1966, Tomás Gutiérrez Alea) fue la primera gran burla del cine cubano a los burócratas, los insoportables “atravesados”, los que te “pelotean” y te hacen la vida difícil. Desde la primera escena en el cementerio, o en la siguiente secuencia, animada, que cuenta el deceso del obrero ejemplar, el filme arremete contra la plaga de funcionarios esquemáticos e inflexibles que desesperan al protagonista y a su tía, y los llevan al borde del absurdo.

2.    Se permuta, en 1983, estaba protagonizado por una mujer racista y llena de ambiciones pequeño burguesas (Gloria, interpretada por Rosa Fornés), que intenta por todos los medios casar a su hija (Isabel Santos) con un buen partido, y ahí aparece el personaje del dirigente acomodado, arribista y de doble moral que interpretaba Ramoncito Veloz.

3.    Plaff o demasiado miedo a la vida (Juan Carlos Tabío, 1989) utiliza al actor Jorge Cao en varios personajes, todos ellos funcionarios o burócratas incapaces de asimilar las ansias de renovación de la joven que interpreta Thais Valdés. Con diferente apariencia, pero igual contenido dramático, los varios personajes de Jorge Cao constituyen una de las sátiras más duras del dirigente baboso y parlanchín.

4.    Alicia en el pueblo de Maravillas (1990, Daniel Díaz Torres) hereda una rica tradición de choteo a la hora de satirizar no solo la burocracia y el inmovilismo, sino también la estolidez e intransigencia de quienes impiden el avance de lo nuevo, como el maquiavélico director del sanatorio que interpreta Reynaldo Miravalles, un hombre que dice saber lo que el pueblo quiere y necesita pero solo piensa en manipular y mentir.

5.    Madagascar (1993, Fernando Pérez) se aparta del personaje del dirigente, para interpretar la autoridad, que encarna una profesora universitaria y madre de familia incapaz de comprender la conducta desajustada de la hija. No obstante, la protagonista es perfectamente capaz de ridiculizar con acritud su trabajo, y el de sus colegas, en un puesto de autoridad intelectual que es aburrido e inadecuado.

6.    Guantanamera (1996, Tomás Gutiérrez Alea) es otro ejemplo que retrata ciertas disfuncionalidades del aparato institucional a través del personaje de Carlos Cruz, demasiado aferrado al esquema y a lo establecido por decreto. La caricatura del burócrata.

7.    Nada (2001, Juan Carlos Cremata) nos descubre que los burócratas y dirigentes ridículos no tienen que ser varones: el personaje de Cunda, que gobierna autoritariamente el correo donde trabaja la protagonista (Thais Valdés) es interpretado por Daisy Granados con todos los elementos de la parodia que subrayan su despotismo esquemático, inflexibilidad y prepotencia.

8.    Video de familia (2001, Ernesto Padrón): Precisamente la inflexibilidad y la prepotencia son dos de las características ya no de un funcionario público, sino del padre de familia, excelentemente interpretado por Enrique Molina. Este padre requiere obediencia absoluta e incondicionalidad y repudia las decisiones esenciales de sus hijos: uno homosexual y exiliado, el otro es tomador y negociante, y la muchacha está decidida a ser novia de un negro.  

9.    Conducta (2014, Ernesto Daranas) se aparta de la comedia, y presenta con toda seriedad a una trabajadora social, con poder de decisión en la escuela donde estudia el niño protagonista. Ella insiste en mandar al niño a una escuela de conducta, se empeña en sancionar a la maestra devota, quiere arrancar la estampita de la Virgen del mural… en fin, es una esquemática que no entiende absolutamente nada.

10.    Sergio y Serguei (2017, Ernesto Daranas) se arriesga a parodiar brillantemente (a través de la soberbia actuación de Mario Guerra) nada menos que al chivato, el delator, ese que vigila constantemente los contactos con el enemigo, y está dispuesto a convertir en disidente, y enemigo del régimen, a todo el que se aparte un milímetro de su catecismo ideológico.

 

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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