Campesinos en Cuba. (imagen de referencia) Foto © CiberCuba

Cuba: La conquista del fracaso

El 17 de mayo de 1959, se firma en La Plata, Sierra Maestra, Cuba, la primera ley de reforma agraria. Según datos de la época, el 80 % de las tierras en Cuba pertenecían a compañías agrícolas norteamericanas. Tras la promulgación de esta ley, las tierras se les entregarían al campesino trabajador.

Las primera expropiaciones fueron contra los que poseían más de 400 hectáreas. Para la misma fecha de 1961 se firma la segunda, y se funda la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Hasta ahí todo parecería justo, lo diabólico estaría detrás de la segunda reforma que buscaba como principal objetivo, erradicar al campesino productor llamándole públicamente, latifundistas.

La propia ley limitaría la cantidad a 33 hectáreas por campesino, y fueron reduciendo hasta dejar al campesino nuevamente sin tierras.

Para finales de los años 70 más del 80% de la tierra productiva del país estaban en manos del gobierno, quien elegía las cosechas, planificaban las siembras y controlaban la maquinaria agrícola.

Una década más tarde con el derrumbe del campo socialista y la escasez de mano de obra, provocado fundamentalmente por los bajos salarios y las migraciones del campesino hacia la ciudad, la producción agrícola cubana se encontraba totalmente deprimida.

Cuba, en muy pocos años, pasó de ser un país exportador de productos agrícolas, a ser un país netamente importador.

Hoy los reyes de los campos cubanos son el marabú y el desamparo, los campesinos viven en condiciones de miseria y la esperanza se marchó para siempre de aquellos suelos fértiles.

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