Susurros de Silvio Rodríguez

Daños colaterales de un episodio doloroso de hace 40 años

Silvio Rodríguez (i) y Mike Porcel Foto © Wikimedia Commons y Cortesía de Mike Porcel

Este artículo es de hace 1 año

La brutalidad verde oliva ha vuelto a sacar a flote un episodio doloroso de la historia cubana, la lapidación moral de Mike Porcel y los intentos de asesinato de su reputación a manos de sus hasta entonces compañeros de la Nueva Trova, que se sumaron a la ratzia maoísta desatada por el castrismo en 1980, tras los sucesos de la Embajada de Perú, que desembocaron en la estampida del Mariel.

Quizá todo el revuelo que se ha formado no habría existido si el documental Sueños al pairo se hubiera exhibido con normalidad dentro de la muestra de Cine Joven del ICAIC, evitando cierto paralelismo con el también desdichado "Habana, P. M.", que ha trascendido más por la censura que por su acierto cinematográfico.

Voces cubanas han expresado su repulsa y pesar, otras han guardado silencio y Silvio Rodríguez Domínguez ha reaccionado con una nota que revela sus miedos y en la que intenta -torpemente- enjugar la ignominia de la que formó parte hasta el extremo de minimizar su participación en la andanada contra la vivienda de Mike Porcel, donde solo habría susurrado una palabra.

Pero la nota de Rodríguez Domínguez tiene haikus sonoros, como es habitual en sus letras. Duda de la autenticidad de la carta de la Nueva Trova contra Mike Porcel, recuerda que "tres compañeros" fueron a visitarlo en medio del cerco gubernamental, sugiere que se haga otro documental y agrede con supuestas opciones de grabación de Mike Porcel en la isla, por encima de las que tiene en Miami.

Con estas piruetas, Silvio queda retratado como cobarde ante el juicio de la historia, reafirma su condición de millonario por su talento y conservador porque sabe que no goza de igual aprecio de la guara raulista que el profesado por el comandante en jefe que -alertado por Haydée Santamaría- vio las ventajas de usar a las figuras de la Nueva Trova como embajadores cubanos ante la progresía mundial, Europa y América Latina.

Los realizadores José Luis Aparicio y Fernando Fraguela ofrecieron a Silvio Rodríguez y a otros artistas cubanos involucrados en el ejercicio de la violencia revolucionaria contra Mike Porcel y su familia, la oportunidad de dar su versión en el propio documental, ofrecimiento que fue rechazado por el trovador, que ahora aventura la realización de otro corto; quizá asustado por el revuelo, consecuencia de la torpe censura oficial.

Resultan útiles y necesarias las reelecturas de la nación, especialmente del siglo XX cubano, como explicación posible a todo lo que ha padecido Cuba en los últimos 120 años, donde podrán encontrarse claves para entender el presente y vislumbrar el futuro.

Alienta que parte de la ciudad letrada cubana reaccione con vigor a los intentos baldíos de censura, cuarenta años después de una desgracia colectiva que -junto con la guerra de Angola- fueron los hitos que marcaron un punto de ruptura del apoyo popular a la revolución castrista, hasta entonces legitimada con extensos discursos y aclamaciones en plazas públicas.

Una de las ventajas que tiene conocer los detalles siniestros de la historia cubana consiste en evitar conductas totalitarias de unos cubanos contra otros, ejerciendo una superioridad moral impostada y oportunista, que obliga a muchos sujetos a intercambiar los roles de victimario y víctima, según latitudes y circunstancias.

En definitiva, la rabia contra Mike Porcel que cuenta el corto prohibido, no fue más que otro episodio de la desgracia moral de un pueblo que apoyó los fusilamientos castristas, que rompió relaciones con su familia emigrada, que suplantó los cuadros del Sagrado Corazón de Jesús por los del Che Guevara y que aún debate hasta donde se equivocó.

Mientras todo esto ocurre, José Daniel Ferrer, Roberto Quiñones y Luis Manuel Alcántara, junto a otros 118 presos por causas políticas, siguen presos en cárceles cubanas; circunstancias que han generado fricciones con Naciones Unidas, la Unión Europea y mayor tensión con Estados Unidos.

Hace unos días, el aparato ideológico del Partido Comunista de Cuba se robó un beso gay en una película exhibida y mutilada en la televisión cubana, que se vio obligada a rectificar con una nota anunciando la retransmisión íntegra de "Love, Simon"; machetazo que no deja de ser una parábola de la tragedia cubana, donde los besos robados,el extravío afectivo y el dolor son cotidianamente dolorosos.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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