Interferón cubano Foto © Screenshot

Estudio científico asegura que el interferón podría dañar a enfermos de coronavirus

Ahora que el nuevo coronavirus ha destapado a una legión de "expertos" mundiales en epidemiología, conviene estar atento a lo que publican las revistas científicas especializadas sobre el tema.

En medio de una pandemia como la actual, el conocimiento real es escaso. No sabemos con certeza cuántas personas están infectadas o lo estarán. Tenemos todavía mucho que aprender sobre cómo tratar a las personas que están enfermas y cómo ayudar a prevenir la expansión del virus. En los países más desarrollados existen desacuerdos razonables sobre las mejores políticas a seguir, tanto en la atención médica, como en la economía o la distribución de suministros. Y aunque los científicos de todo el mundo están trabajando arduamente y en conjunto para abordar estas preguntas, las respuestas finales aún están lejos.

Otra cosa que escasea, sobre todo en los medios de prensa, es la comprensión de lo poco que sabemos. La prensa cubana, por ejemplo, abunda estos días en espectaculares excesos de confianza y loas al sistema médico cubano, pero sin más argumento que proyectos investigativos en curso.

El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, considerado un centro de excelencia mundial en la investigación médica, sólo ha producido hasta el momento un producto homeopático, el Prevengho-Vir, que las autoridades sanitarias cubanas han distribuido entre sectores de riesgo de la población con el argumento de que "mejora las defensas".

Un buen ejemplo de "triunfalismo" peligroso es el caso del interferón, presentado por Cuba y sus aliados políticos como un "medicamento estrella" que podría curar el virus. Así lo afirmó, por ejemplo, el presidente venezolano Nicolás Maduro, y también el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, si bien sólo se limitó a informar en Twitter que el Interferón Alpha (IFNrec), fabricado por Cuba en China, estaba siendo usado, entre otros, como terapia contra el coronavirus tipo COVID-19.

Medios mexicanos llegaron a afirmar que el medicamento cubano habría curado a 1500 pacientes de coronavirus en China.

El uso de este medicamento "evita que los pacientes más débiles y/o con pronóstico desfavorable, lleguen a agravarse", aseguró el especialista Luis Herrera Martínez, asesor científico y comercial del presidente de BioCubaFarma, empresa encargada de comercializar los interferones de la isla.

El 19 de marzo el diario oficialista Granma volvió a tocar el asunto en tono grandilocuente, con foto de Fidel Castro incluida. Y ayer la Agencia Cubana de Noticias publicó algo en la misma línea titulado "Interferón cubano en la primera línea de combate a la COVID-19", donde el presidente de BioCubaFarma aseguraba que "el uso del interferón contribuye a tener en el país una letalidad del 2,7 por ciento, muy por debajo del seis por ciento mundial".

Pues bien, el diario español El País trae hoy noticia de un artículo que será publicado en la prestigiosa revista Cell, donde se cuestiona el efecto del interferón en enfermos de coronavirus. El borrador del artículo detalla el estudio realizada por un equipo de investigadores liderado por José Ordovás-Montañés, un investigador del Boston Children’s Hospital y la Escuela de Medicina de Harvard, y ha sido "liberado" para su lectura porque en él pueden encontrarse claves para tratar a los miles de afectados por coronavirus en el mundo.

Ordovás-Montañés y sus colegas se dedicaron a estudiar el efecto de los interferones sobre ACE2 y su coenzima TMPRSS2, que le sirven al nuevo coronavirus para asaltar el organismo. Los interferones, proteínas claves en la respuesta del sistema inmune a las infecciones, se utilizan cuando no existe una vacuna o un antiviral. Se han utilizado contra el nuevo virus, pero a falta de ensayos controlados no se sabe si ayudaron, empeoraron o no hicieron nada. "Los datos del estudio que está evaluando Cell sugieren que proporcionar interferón a un paciente aceleraría la producción de las dos proteínas que le sirven de puerta de entrada al coronavirus, facilitando la invasión, pero también protegiendo al tejido, en una auténtica carrera de armamentos", asegura El País.

En el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, Luisa Villar, la jefa de Inmunología del centro, se alegra de conocer los resultados de Ordovás, porque corrobora su experiencia de las últimas semanas. “Los interferones tipo 1, como el alfa y el beta, tienen un posible efecto antiviral y se considera su uso en infecciones como esta, pero nuestros datos indicaban que los resultados no eran los esperados”, explica. “El interferón induce el receptor del virus en muchas células que no lo expresan y lo aumenta en células que ya lo expresan. Así se facilita la infección y es algo que obviamente no queremos”, concluye.

El 19 de marzo, Villar ya avisó a otros hospitales de sus resultados, aunque la evidencia seguía siendo limitada “porque el número de pacientes era pequeño y podía haber variantes de confusión”. África González, presidenta de la Sociedad Española de Inmunología, señala que, a partir del trabajo de Villar, ya había información en la comunidad médica sobre las dudas respecto a los interferones. Por un lado “ya hay una nota del ministerio de Salud español que dice que no están recomendados porque se emplean para enfermedades autoinmunes”, apunta González. Como ha sucedido con otros fármacos, el uso de interferones para el coronavirus podría poner en peligro el suministro para dolencias en las que su eficacia está demostrada y es algo que se quiere evitar. Resultados como los presentados en Cell “apoyarían junto a los datos clínicos que no deberían utilizarse interferones en estos pacientes”, concluye González.

¿Se debe prescindir totalmente de los interferones para tratar a los enfermos del coronavirus? ¿Hay que priorizar la respuesta inmune o los efectos del virus en el sistema respiratorio? Nadie está aún en condiciones de responder estas preguntas, y menos de convertir un medicamento en "la cura" o "la vacuna" contra la pandemia. Esto no quiere decir que los políticos deban posponer sine die la toma de decisiones hasta que tengan todas las respuestas: las decisiones a menudo deben tomarse con información imperfecta. No tendremos un conocimiento exhaustivo sobre lo que sucedió y lo que funcionó con el coronavirus hasta después de que el brote haya terminado y se hayan levantado las medidas temporales.

Pero lo que sí demuestra este asunto del interferón son los peligros del exceso de confianza a la luz de nuestra obvia e inevitable ignorancia sobre una nueva amenaza.

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Ernesto Hernández Busto

Periodista y ensayista cubano. Fundador del sitio Penúltimos Días.

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