El peso, el meme y la represión

Centrar la crítica en el aspecto de una persona es infantil. Encarcelar a un ciudadano por bromear con la posibilidad de hacer bistecs con la magnitud corporal de la gobernadora de Camagüey es sacar las cosas de quicio y dice mucho de la salud mental de los dirigentes cubanos. Uno ha sido desafortunado. Los otros, desproporcionados.

El opositor cubano José Luis Acosta y la gobernadora de Camagüey. Foto © CiberCuba

Los cubanos somos testigos de hasta dónde puede llegar el peso descontrolado de los miembros del Partido Comunista de Cuba que alcanzan algún tipo de responsabilidad política. Es imposible olvidar a aquellos personajes, incluido Fidel Castro, que conservaron una ostentosa acumulación de grasa en la zona abdominal durante los años difíciles del Período Especial. No les daba vergüenza que en la calle, el resto nos estuviéramos apagando. Somos muchos los que crecimos haciendo la fotosíntesis como las plantas: con agua y sol.

Es evidente que la dieta en las casas de visita del PCC y del Gobierno no era ni es saludable. Mucho menos equilibrada. De ahí que entre cubanos asociemos la obesidad a esa forma intransigente e intolerante de hacer política. A una conjunción injusta entre prebendas y casta; a un exceso de soberbia e indignidad.

Pero una cosa es criticar el derecho al buffet libre y gratis del Partido Comunista  de un país empobrecido y hambriento y otra, muy distinta, burlarnos de la obesidad de la gobernadora de Camagüey. No me vale el chiste fácil. Si queremos debatir, debatimos, pero la risa cruel, basada en el descrédito personal del adversario político no pueden tener cabida en un debate responsable, que debería crecer al margen  de la chusma y la chancleta.

Hacerlo nos coloca a la altura de los comunistas cubanos que optan por ataques personales y chanchullos de barrio para quitar de enmedio a quienes no piensan como ellos. Kcho, por ejemplo, puede permitirse licencias a las que no puede aspirar Luis Manuel Otero. Es la diferencia entre negar la farola o intentar arrancarla. 

No somos como ellos. Vaya por delante que entiendo perfectamente el sentido del meme inspirado en la amplitud corporal de la gobernadora de Camagüey, pero creo que ha sido tan desafortunado como la reacción desproporcionada del Gobierno de la Isla al encontrar en esa broma macabra un motivo para encerrar en la cárcel al opositor y activista de Unpacu José Luis Acosta.

Personalmente no le veo la gracia. A mí no me interesa si la gobernadora de Camagüey se comió un vikingo o un vikingo se la comió a ella. Yo no estoy de acuerdo con la rigidez política que esta mujer defiende y me gustaría centrar el debate, por ejemplo, en los resultados de sus diez años de gestión en la Asamblea del Poder Popular en esta provincia. ¿Ha servido para algo? ¿Hay mejores carreteras, más hospitales, más viviendas; más empleo y más prosperidad en Camagüey? Eso es lo importante, independientemente de su peso corporal.

Centrar la crítica en el aspecto físico de una persona es infantil. Lo realmente preocupante es que sigan existiendo casas de visita o tiendas donde la élite cubana pueda acceder a alimentos que no entran ni por equivocación en el frío de un ciudadano medio. La oposición no puede servir en bandeja de plata una entrada en prisión. Así no ganamos esta guerra.

Pero ojo: encerrar a una persona en la cárcel, acusada de amenazas por bromear con querer hacer bistecs con la gobernadora de Camagüey es sacar las cosas de quicio y dice mucho de la salud mental de los dirigentes cubanos. Hay que andarse con cuidado porque la debilidad siempre es cruel.

Los comunistas cubanos no se hacen una idea clara de lo que va a pasar mañana. Siguen pensando en la eternidad de un sistema que hace aguas por todas partes. Hay hospitales en Cuba que deberían estar clausurados por Salud Pública. El  proyecto del PCC agoniza y no pueden resucitarlo: la educación está a la altura de los rodapiés; los servicios sociales no dan abasto; la pobreza avanza y la pandemia ha venido a cantarle las cuarenta a un Gobierno que no quiere oír hablar de derechos humanos, de respeto a la vida ni de prosperidad, propiedad privada o desarrollo.

Que Cuba encarcele a un activista por un meme retrata a un país que ha confundido su caricatura con su foto de carnet. No hay derecho a tanta represión. Y yo me pregunto, dónde está la Unión Europea. ¿Dónde están los demócratas occidentales? ¿Dónde está Michelle Bachelet? Se les olvida que la democracia hay que defenderla cuando nos conviene y cuando no. No se puede ser demócratas sólo a veces. Hay que serlo a toda hora. Cuando nos viene bien y cuando no.

Pero aquí nadie ve nada. Estamos solos y tendremos que ser nosotros, los cubanos, los que saquemos a Cuba del hueco. Nadie nos va a regalar la libertad. Hay que arrebatársela a los represores; hay que recordarles que una cosa es apostar por la transición pacífica y otra muy distinta pasar por alto los crímenes. Tienen que entender que pisotear los derechos humanos no les saldrá gratis. Es responsabilidad de los que nos sentimos demócratas que no se vayan de rositas. Y no se irán. El que la hace, la tiene que pagar.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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