Parte de la ayuda humanitaria reunida en Miami que fue enviada a Cuba recientemente Foto © Facebook/Rosa María Payá

Cuando Castro habla por Cristo en Cuba

Los esfuerzos de los cubanos libres, que somos los cubanos sin Castro en cualquier parte del planeta, recién han dado un espectacular resultado. Y es que ya está registrada legalmente, en el puerto de contenedores del Mariel, no lejos de la capital cubana, las toneladas de ayuda humanitaria recogidas en mayo pasado en La Florida (USA), por la campaña Solidaridad entre Hermanos.

Esta iniciativa fue impulsada, entre muchísimos otros actores de la sociedad civil cubana, residan donde residan, por el proyecto de plebiscito Cuba Decide, de Rosa María Payá, y por el influencer digital, Alex Otaola.

Como corresponde, dada la reactividad propia de los cubanos ante el éxito o la grandeza de su vecino, enseguida unas cuantas voces de compatriotas, si bien con escaso impacto en la vida pública, saltaron a ningunear este triunfo sin precedentes de Solidaridad entre Hermanos.

Según estos críticos, supuestamente más anticastristas que un Anti-Castro resucitado, no se puede hacer nada para burlar la represión del régimen en la Isla. Todo esfuerzo ciudadano será sólo una 'perdedera de tiempo' y una misión secreta, infiltrada por la Seguridad del Estado desde La Habana. O, llegado el caso, toda iniciativa será sólo un negocito sucio para generarle más ganancias a la mafia trumpista de Miami.

En fin, y así lo declaran de uno y otro bando los envidiosos y resentidos, para ellos la única solución razonable sería, por un lado, la mítica invasión norteamericana con drones y todo, o, por el otro, la plena aceptación de la dictadura cubana como si esa fuera la legítima voluntad de nuestra nación.

Con semejantes discursos paralizantes y provocadores de apatía y de pánico, además de ser muy infantilizados, ellos ahora acusan al plebiscito de Cuba Decide y, por extensión, a la ayuda humanitaria que es una hazaña de Solidaridad entre Hermanos, de ser ambos cómplices del comunismo cubano y, paradójicamente, también del embargo de Washington en contra del comunismo cubano.

No creo que sea necesario nombrarlos aquí, transmitan desde un mezzanine parisino o encuevados en un efficiency de Hialeah. Ni tampoco vale la pena dedicarles por ahora ningún espacio. Pero el que sí amerita toda la atención posible en la Historia Contemporánea de Latinoamérica es el reverendo cubano Yoel Suárez, presidente del oficialista Consejo de Iglesias de Cuba, una especie de Ministerio Revolucionario de Religión, creado y financiado a título de la tiranía totalitaria.

Como colofón de su labor colaboracionista con un gobierno ateo, que durante seis décadas no ha permitido ninguna manifestación religiosa libre en la vida pública de la nación, el reverendo Yoel Suárez se erige ahora por encima de la soberanía de sus conciudadanos, para él en persona maldecir y repudiar a una ayuda humanitaria que fue la ciudadanía cubana quien desesperadamente la reclamó, en la figura cívica de unas 15.000 familias de la Isla, abatidas, como todos en Cuba, seamos víctimas o victimarios, por la descomposición sistemática del socialismo, y por la crisis de una pandemia fuera de control desde mucho antes de que empezara.

Al reverendo Yoel Suárez no le interesan los reportes anuales internacionales sobre la represión religiosa en Cuba a todo nivel. De hecho, el reverendo Yoel Suárez es uno de los factores que planifican e implementan dicha represión, así como los mecanismos para disfrazarla, ejerciendo un apartheid espiritual que hace de la fe en Cuba una mascarada que sirve para justificar la masacre de todos y cada uno de nuestros derechos humanos y libertades fundamentales.

Precisamente por esto es que el enemigo a muerte de los cubanos es el Estado: porque estataliza todo lo que toca, incluido a Dios, Cristo, y sus predicadores sobre el planeta. Y lo mismo podría decirse de la santería de origen aparentemente africano (el sincretismo hace siglos que convirtió a los orishas en más cubanos que las palmas), del judaísmo sinagogo como vía de escape al díaz-canelato (gracias a un pasaporte israelí), de los budismos más o menos zen (y menos o más sentidos), y de la reciente moda de la musulmanía en Cuba (sea por imitación o para recibir un grant de afuera con la firmita de Alá).

El lenguaje del reverendo Yoel Suárez es el legado viviente de Fidel Castro. Sus metáforas son fundamentalistamente fidelistas. Nos habla de “manipulación”, “calumnias,” “confrontaciones”, “privilegios”, “intereses serviles”, “guerra mediática”, “bloqueo genocida”, “agenda imperial”, “maquinaria anti-cubana”, y un esperpéntico etcétera, que culmina tratando de lapidar la reputación de Rosa María Payá y su propuesta de plebiscito Cuba Decide, con el archiconocido recurso de ningunearla en tanto “llamada ‘activista’” con un “llamado ‘proyecto’”.

Para colmo de cinismo ortográfico, incluso entrecomillando “activista” y “proyecto”, como hace siempre el periódico Granma, órgano del Partido Comunista cubano. Bien, pues, seamos equitativos, tal como pide el Evangelio que tanto citan y recitan los castristas en Cuba y fuera de Cuba.

Al “llamado ‘reverendo’” Yoel Suárez del “llamado ‘Consejo de Iglesias de Cuba’”, comillas y contracomillas incluidas, simplemente no le asiste ninguna potestad para rechazar, tal como él rechaza, una ayuda que no le pertenece a él, ni a nadie dentro de su institución estatal. Porque, dejemos esto bien claro, es falso que el “llamado ‘Consejo de Iglesias de Cuba’” sea el destinatario de las toneladas de ayuda humanitaria recogidas en mayo pasado por la campaña Solidaridad entre Hermanos.

Dicha ayuda fue pagada en tiempo y forma, y, por lo demás, atravesó sin trabas todos los impedimentos legales del “llamado ‘bloqueo genocida’” de Estados Unidos y, genocidamente, ahora es el monopolio militar de las autoridades cubanas quienes intentan secuestrarla, en lo que constituye, en tiempos de pandemia global, un crimen de lesa humanidad contra el pueblo cubano.

En su debido momento, el “llamado ‘reverendo’” Yoel Suárez tendrá que responder ante los tribunales de una Cuba democrática, por contribuir a apropiarse de una carga no comercial que está siendo desviada de su legítimo destinatario en Cuba, que nunca fue el “llamado ‘Consejo de Iglesias de Cuba’”, sino otra instancia que no tiene por qué ser revelada al público, ya que sería facilitar el trabajo sucio de los agentes del G-2 como él, quienes por el momento siguen más que desorientados, disparando disparates por todavía no saber cómo manejar este escándalo internacional.

Asumiendo un escenario mucho más inminente, el “llamado ‘reverendo’” Yoel Suárez debe estar consciente de que, tan pronto como él salga a su próximo turisteo confesional a los Estados Unidos de América, tendrá que responder ante una corte federal no sólo por el robo de propiedades pagadas por ciudadanos norteamericanos, sino por ser cómplice de un crimen que no prescribe, como todos los considerados lesivos para la sobrevivencia de la humanidad. 

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Orlando Luis Pardo Lazo

Escritor y bloguero de La Habana. Actualmente realiza un doctorado en Literatura en Saint Louis, Missouri, EUA.

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