Cáscara de plátano: nueva panacea del régimen cubano Foto © Pickpik

La cáscara guarda el palo, y si es de plátano, el acabose

Bardos del tardocastrismo comienzan a inspirarse en la crisis alimentaria que provocan Donald Trump, acaparadores y coleros y ya colorean la crónica antillana con estampas que, cuando sean leídas por las futuras generaciones, sabrán las amargas verdades del hambre que pasaron sus padres y abuelos.

El plátano ha sido uno de los alimentos más maltratados por el castrismo que primero exterminó la producción de platanito manzano, luego generalizó la variedad Burro, que tuvo su pasaje épico con la técnica del Microjet aéreo, consiguiendo producir la mariquita más cara del mundo; hasta lograr que ya solo vaya quedando ese sentimiento que se llama El platanal de Bartolo, donde se goza y se baila al compás de los maestros santiagueros Electo Rosell Horrutiner (Chepín) y Bernardo Chauvin Villalón (Choven).

El órgano oficial de los comunistas capitalinos, Tribuna de La Habana, en un alarde cucalambeano acaba de proclamar su gozo con un título agresivo: "Maravillosos usos de la cáscara de plátano" y un contenido solo apto para bobos solemnes y oportunistas empeñados en ver una victoria en cada retroceso.

Obviamente, cuando titulan Maravillosos... ya dejan clara la intencionalidad y al limitar el consumo a la cáscara y evitar el fruto, están sugiriendo claramente que viene hambre; aunque sin poder evitar esa manía comunista de intentar presentar la ingesta de la piel del banano como una oportuna ventaja para goce único de los cubanos, que revolucionará cuerpos y mentes, como ya ocurriera con la Zeolita, el vaso de leche raulista o la Moringa olifarera.

La crónica comunista está incompleta porque omite un detalle importante, agricultores cubanos de los ámbitos estatal y privado, usan una sustancia química que llaman Madurín, que acelera la maduración de sus cosechas y que algunos aseguran se trata del viejo carburo de calcio, que entraña riesgos para la salud humana.

Al mezclarse el carburo de calcio con agua se producen principalmente acetileno e hidróxido de calcio, pudiendo también generarse trazas de arsénico y fósforo, según el criterio de biólogos que han alertado contra esa práctica en Ecuador, el mayor exportador de plátanos del mundo, aunque el primer productor sigue siendo la India.

Sería oportuno que los ministerio de Salud Pública y Agricultura y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) lean atentamente la maldad de Tribuna de La Habana e investiguen el uso de agentes químicos en la agricultura cubana, no vaya a ser que estemos ante un episodio como la Roya de la caña de azúcar y la Fiebre porcina africana, que fueron introducidas en Cuba por agentes de la CIA; siempre según el General de División Fabián Escalante Font.

¿Cómo podrá dormir tranquilo el compañero Luis Antonio Torres Iribar sabiendo que el periódico que paga ha recomendado a sus lectores el consumo de cáscaras de fongo, sin haber investigado siquiera la disponibilidad, es decir, cuántas toneladas de corteza de guineo produce Alquízar al año y que todo ese tesoro alimentario sea apto para el consumo humano?

Otro inconveniente serio de la revelación de Tribuna de La Habana es que podríamos estar ante la solución de la crisis alimentaria en el mundo, gracias a la pericia de biólogos cubanos, y ahora se corre el riesgo que enemigos y hasta el traidor Lenin Moreno copien la tecnología castrista de comer cáscara de plátano y priven a GranmaCubadebate, la Mesa Redonda y al Noticiero Nacional de Televisión del doloroso deber profesional de hablar del hambre en Estados Unidos, Europa y Ecuador.

A lo mejor, sería conveniente que el restaurante Versailles (Miami) estudie incorporar a su legendaria sopa de plátanos machos y fufú de plátanos pintones con chicharrones de puerco, trozos de cáscara porque con todo lo que dice Tribuna de La Habana que contiene podría venderlos como un manjar tropical a precio de Caviar Beluga.

El resbalón de Tribuna de La Habana con una cáscara de plátano obedece a la lógica castrista de querer comunicar los avances científicos y técnicos de un país embargado y sancionado por Estados Unidos, pero en estos casos la precaución nunca esta de más para que no se haga realidad el chiste sobre sendas visitas de Raúl y Fidel Castro Ruz al Valle de Caujerí, otro ejemplo de la pujanza agrícola revolucionaria.

Cuentan los jodedores que, en un recorrido por Oriente, el entonces ministro de las FAR se acercó al Valle de Caujerí, donde un lugareño avispado se instaló previamente en los aledaños del trayecto y se puso a fingir que comía hierba; Raúl mandó a detener la marcha, se bajó del Volga y preguntó al hombre porque hacía eso y el aludido, respondió: "Porque no tengo nada para comer, compañero ministro". Raúl ordenó a Julio Casas Regueiro que destinara una cuota extra de alimentos para el sufrido rumiante y su familia.

Poco después, se anunció una visita de Fidel Castro al Valle de Caujerí, y el comedor de hierba quiso repetir el truco y allí se plantó a masticar en medio del yerbazal. La caravana del Comandante en jefe se detuvo, Fidel bajó del Mercedes Benz y el hombre hizo un relato parecido al que había contado a Raúl. El jefe resopló y dijo: "Chomi, dale un Autorizo a este compañero, firmado por mí, para que pueda pastar tranquilamente por esta zona, sin que nadie lo moleste".

El tardocastrismo promete tardes de gloria alimentaria, sobre todo, desde que el presidente Díaz-Canel abrió la veda lírica, renunciando al socialismo próspero y sostenible, cuando abordó la siembras en patios y jardines y conmovió tanto a Víctor Fowler que al presidente una flor dejó caer en Granma: "Dicho de otra manera, la conformación de un tejido productivo del cual forman parte no solo tierras de extensión mayor (por ejemplo, granjas, cooperativas, etc.), sino espacios mucho más reducidos como los utilizados para el desarrollo de la llamada agricultura urbana y, a partir de ahora, patios, jardines y quién sabe si hasta macetas y jardineras".

Cuando creíamos que el poeta de los cinco espías era Antonio Guerrero, irrumpió Gerardo Hernández con las calabazas y piñas de CDR y la regla del uno por 800 mil; por tanto, no ha de sobresaltarnos que Tribuna de La Habana, órgano lírico en Luna menguante, haya salido ahora con la penúltima ocurrencia de soberanía alimentaria, sobre todo, si sabemos que Carlos Linneo llamó a la mata de plátano, Musa paradisíaca.

¿Alguien puede concebir mayor placer que mordisquear la piel de fantasía platanera?

Archivado en:

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

¿Qué opinas?

Cargar más
Cargar más

Playlist de videos en CiberCuba



¿Tienes algo que reportar? escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

 +34621383985