Magda González Grau Foto © Juventud Rebelde

Entrevista a Magda González: "No resisto la mediocridad y la ignorancia con poder porque nos hacen mucho daño"

La directora de la televisión Magda González Grau siempre ha alzado su voz enérgica, desnuda, sin medias tintas, en aras de la mejoría de nuestra amada Televisión. En las habituales reuniones en el ICRT esta mujer y su discurso llevaban a la intríngulis misma de la producción de una novela, un cuento, un teatro televisivos 

Dueña del audiovisual, profesora de la FAMCA (Facultad de Artes de los Medios Audiovisuales) y embajadora de esa cultura en muchos países que han contado con su oratoria y sapiencia ha accedido a responder estas preguntas para CiberCuba.

Cortesía Magda González Grau

¿Te gusta que te digan maestra?

Cuando son alumnos míos sí, porque así se acostumbra a llamar al que está frente al aula, pero en ese caso, prefiero que me llamen profesora o profe a secas. Es que se ha instaurado una costumbre en los medios de calificar a casi todo el mundo como 'maestro' cuando se tiene experiencia en el oficio o cuando se ha destacado por algo y eso no me gusta. 

Ese es un título que hay que ganárselo y creo que cuesta muchos años de magisterio, no solo frente a un aula sino en la vida, con una obra contundente que haya sembrado semillas o haya dejado huellas en varias generaciones. 

¿Antecedentes de esta intelectual de lujo?

Nací en La Habana en el año 1956, es decir, para los que sepan contar, tengo ahora 64 años. Me falta uno para que me toque la cuota que están dando para los adultos mayores.

Soy de una familia entrañable. Mis padres eran seres extraordinarios que supieron inculcar en sus hijos el amor por el estudio, por el trabajo y por ostentar una ética donde quiera que te desenvolvieras. 

Mi madre, Angela Grau Imperatori, era lo que se dice en cubano, “una culturosa” pues no era artista, pero sí una promotora cultural de excelencia. Poseía una gran cultura y tenía conocimientos de todas las artes. Por eso me gustan la música, el teatro, el cine, la literatura, las artes de la plástica y todo lo que tiene que ver con la belleza y la creación.

Siempre fue maestra y creo que heredo de ella esa vocación por enseñar. Aún hay alumnos que la recuerdan de cuando les dio clases en el preuniversitario, como Mirta Yáñez, Rafael Hernández y otros grandes intelectuales cubanos. 

Mi padre, Fabio González Ferragut, era contador público y economista, pero tenía tanta cultura como mi madre. Era un cinéfilo empedernido, heredado de sus largas tandas de dos películas en el cine de Santiago de las Vegas. Fue un voleibolista muy bueno. De hecho ganó en 1953 el título de novato del año.

Fue quien me llevó por primera vez al estadio Latinoamericano cuando tenía años años y desde entonces soy industrialista. Nos contaba cuentos inventados por él donde siempre era el héroe y nosotros realizábamos buenas acciones que luego eran premiadas. 

Tuve una infancia y una juventud muy felices gracias a ellos y los recuerdo cada día de mi vida, porque soy lo que soy por lo que me enseñaron a ser. Para mí la unidad de la familia tiene un valor tremendo. Cuando algo la pone en peligro, me da mucha tristeza, pero a veces son cosas que no puedes controlar porque dependen de cada uno.

He amado mucho y me han amado mucho. El amor es lo que mueve todo. Si no vives con amor, si no trabajas con amor, no puedes aspirar a ser feliz.

Sé que querías ser maestra ¿por qué no dedicaste tu vida a eso si era tu sueño? ¿Por qué no permanecer en la Facultad de Filología? ¿Cómo llegas a la tele, precisamente en 1980, mi año de ingreso al ICRT, pero en doblaje? 

Siempre quise ser maestra. Escogí la carrera de Filología para dar clases de Español y Literatura. Allí fui monitora, alumna ayudante y todo lo que me llevara a estar frente a un aula.

Sin embargo, cuando me gradué, la plaza que había en la Facultad para mí se desvió para otra persona que la necesitaba para quedarse a vivir en La Habana y quedé “colgada de la brocha”. Entonces me ubicaron como asesora en una Casa de Cultura y nunca me presenté al trabajo. 

Una amiga, graduada junto conmigo, me dice que andaban buscando egresados de Humanidades en el ICRT y entramos a un curso de Subtitulaje y Doblaje en el organismo y empezamos a trabajar allí bajo la tutela de Jorge González Zangróniz, un excelente sonidista que dirigía lo que se llamaba el Departamento de Sincronización.

Me encantó tener que ver con el cine y traducir al español series que todos veían como Policía 110, El Capitán Zeman y películas como La decisión de Sofía, All that jazz y otras que me acercaron al lenguaje cinematográfico, pues de darles para adelante y para atrás, llegabas a sabértelas de memoria, en cada corte, cada gesto, cada secuencia.

Luego pasé a dirigir doblaje y ya me definí como directora de actores. Me fascinaba ver cómo la cadencia o el ritmo con que se decía una palabra, cambiaba el significado de ella. Luego supe que esto tenía que ver con el subtexto.

Aprendí mucho con el doblaje. Es una técnica, pero también es un arte y es casi mágico cuando sabes que no están hablando español, pero logras que el público lo olvide. Pero lo mejor que aprendí allí fue a ser responsable de mi trabajo. Eso se lo debo a Jorge y a sus métodos de dirección. No marcábamos tarjeta ni teníamos una jornada laboral estricta, pero el trabajo y los resultados eran lo primero.

¿Qué pasó contigo para dar el salto que te llevó a la cima? ¿Cómo te haces directora de una obra más allá del subtitulaje? ¿En qué año despegas cual Sotomayor y su récord mundial? 

Eso de “salto a la cima” es una exageración porque aún no he llegado a ninguna cima. En mi carrera ha habido obras que han tenido más suerte que otras, que han gustado más que otras, que han recibido premios y eso las ha hecho célebres, pero no lo sé todo ni nunca me lo sabré. Cada obra exige de ti algo nuevo y siempre estás en una cuerda floja. Trato de no acomodarme sino de que cada trabajo signifique un reto. Eso me mantiene viva.

Pero empecemos por el principio de Magda realizadora.

Estando en el Departamento de Sincronización, a través de la Brigada Hermanos Saíz que así se llamaba entonces, empecé a hacer documentales con Gloria Torres. Nos fuimos a la Isla de la Juventud, detrás del origen del ritmo sucu sucu. 

Gloria era musicóloga, yo no, pero desde el punto de vista sociológico, aquello me atraía mucho. Entre las dos fuimos descubriendo las posibilidades de la realización y hasta ganamos nuestro primer premio internacional y un Caracol con el documental Querido y viejo amigo.

Pasé en el ICAIC un curso multidisciplinario que integraba dramaturgia, dirección escénica, montaje, fotografía, sonido, producción e historia del cine. Meses después, me llamaron para cubrir una plaza de asistente de dirección en el ICAIC, pero acababa de parir y mi hijo era mi más importante película en ese momento y rechacé la oferta.

Fui una mamá que lactó durante más de un año por la importancia de esto para la salud de mi hijo, aunque a veces me sintiera como una vaca o como “Prometeo encadenado” a sus horarios de alimentación, por lo que me alejé de la profesión por ese tiempo. Sin embargo, después de incorporarme al trabajo, un día, llegó Yaky Ortega al estudio de Doblaje a doblar algunas escenas de Las Honradas. 

Esa es una de mis novelas cubanas preferidas y, por supuesto, para dirigir mejor a los actores Broselianda Hernández y César Évora, empecé a argumentar los tonos según lo que yo sabía de las tramas y los estados de ánimo de los personajes en cada escena.

¿Por qué fue necesario doblar escenas de Las Honradas

En Las Honradas, eran escenas donde el sonido directo en la calle delataba su contemporaneidad y había que sustituir la banda sonora. Otro caso es cuando es una peli extranjera; entonces, se dobla toda, y también se dobla cuando el audio original quedó deficiente.

Parece que lo hice bien y Yaky me propone irme con él en la telenovela El año que viene. Ese fue el salto. Empecé como asistente de dirección y terminé como directora junto a personalidades como Héctor Quintero y Rafael 'Cheíto' González. 

Esa fue una prueba de fuego. Aprendí a hacer equipo con los camarógrafos, los asistentes, los editores y el resto del staff, que eran bastante machistas, y sobre todo, a respetar y tratar como dioses a los actores. 

Era pleno 'período especial', grabábamos en exteriores y no había nada o casi nada para hacer más llevadero el rigor de grabar 12 horas diarias con vestuario y maquillaje de época para obtener 12 minutos de obra al aire, y para mi asombro, aquellos actores de primera línea ni se quejaban. Esa fue una lección de ética profesional que nunca olvidaré.

Tras Para el año que viene partes a una experiencia internacional.

Sí, me fui a Colombia a trabajar en el canal estatal. Esa fue otra experiencia muy interesante pues se trataba de otro tipo de televisión. Aprendí lo que era el rey rating, lo que era el horario prime time, lo importante de enganchar al televidente en los tres primeros minutos y cómo mi trabajo era monitorear toda la programación, adquirí la cualidad de ver en breve tiempo lo que está mal hecho y proponer soluciones.

Viajar también te hace valorar lo que tienes en tu país y realizando unas cápsulas para una red de solidaridad que tenía el gobierno de Ernesto Samper, tuve la oportunidad de conocer toda Colombia desde los más pobres y desamparados, como los indios wayú que aún son nómadas o los habitantes del Chocó, una tierra que posee reservas de oro y piedras preciosas, pero cuyos habitantes viven en la extrema pobreza. 

Sí, son realidades que conmueven ¿Fue Colombia tu única experiencia internacional?

Para trabajar en el país sí, la única, pero he viajado como jurado y como profesora o tallerista a varias naciones.

¿Qué hiciste al regresar de Colombia?

Cuando regresé después de tres años estaba preparada para realizar mi ópera prima en televisión. Fue el cortometraje La Rueda de la fortuna, basado en el cuento de Onelio Jorge Cardoso. 

Luego vino Clase magistral, una obra de teatro basada en la vida de la soprano Maria Callas y por ahí continuó todo. Creo que cada trabajo ha sido un peldaño en mi carrera, como debe ser. Cada una de mis obras me ha hecho acumular experiencia y trato de no repetir los errores cometidos, pero creo que todavía no he escalado ni el Pico Turquino.

Aparte de otras cualidades hay que añadir la modestia a Magda González Grau ¿La Magda realizadora te ha conducido a la Magda guionista?

Julita, yo no soy guionista. Puedo escribir o arreglar una escena desde mi papel de directora, pero respeto mucho el trabajo de los guionistas que crean una historia de la nada. Ahora acabo de adaptar un cuento de Mylene Fernández Pintado que se llama La otra vida y espero poder realizarlo pronto.

Escribo los guiones de Una calle, mil caminos porque investigo mucho sobre los temas que vamos a tratar y, como es una página editorial del programa, me gusta hacerlo yo, que tengo las ideas claras sobre lo que queremos decir. 

Una calle, mil caminos ¿Otra escuela para Magda González Grau? 

Puedo decirte que sí. Es una revista juvenil que contiene un telefilme, entrevistas a jóvenes y a especialistas sobre un tema en cada emisión. El objetivo es reflexionar sobre los temas de los adolescentes y jóvenes y eso incluye a la familia como público destinatario también.

Así me dirijo a los jóvenes con un lenguaje desenfadado y coloquial que pongo en labios de mis conductoras. Ha sido un ejercicio excelente que me ha ayudado a “tirarme con la guagua andando” para escribir mi primer guion de ficción. 

¿Prefieres los programas juveniles a los de adultos?

Eso de trabajar para los jóvenes me agrada. Tania Alarcón, una amiga y en ese momento funcionaria del ICRT, me ofreció hacer ese programa y acepté. No es precisamente mi fuerte hacer revistas, pero me pareció una vía de comunicarme con el público adolescente y joven.

Llevo seis años haciéndolo y me ha dado muchas satisfacciones, sobre todo en cuanto al impacto en los públicos. Saber que cuando se acaba el programa la familia se sienta a conversar de los temas que abordamos, es muy importante para mí. 

Esa es mi pequeña contribución para hacer visibles los problemas que padecemos como sociedad y tratar de mejorarlos mediante la reflexión. Una calle, mil caminos sale en la programación de verano los sábados a las 2 pm por Cubavisión.

Vamos a cambiar de tema ¿Pueden vivir escritores, directores, artistas de lo que hacen? ¿Cómo se las arreglan esos artistas que desaparecen de la pantalla y son buenísimos? Lo mismo directores, escritores, productores, camarógrafos, editores.

Has tocado un tema delicado. Realmente con la cantidad de obras audiovisuales que se producen en Cuba es muy difícil que los realizadores y los actores tengan la subsistencia fácil. Eso debe cambiar porque hemos conseguido un marco legal que debe propiciar que se produzca más y mejor audiovisual en nuestro país. 

Por desgracia, en estos años de aridez, muchos han emigrado y otros se han buscado otras formas de sobrevivir. Entonces cuando ves a una actriz excelente, metida en su casa, rentando una habitación o haciendo de animadora de espectáculos nocturnos, o cuando un alumno te dice que está haciendo fotos de bodas y cumpleaños, te duele, porque son artistas de gran valor que se está perdiendo la televisión y el cine. Pero sigo siendo optimista y siento que vienen tiempos mejores. 

¿A qué actores y actrices hubieras querido dirigir?

Mucha gente dice que tengo actrices y actores “fetiches” porque siempre trato de trabajar con Luisa María Jiménez, Edith Masola, Yasmín Gómez, Patricio Wood, Omar Alí y otros, pero lo que busco cuando hago un casting es calidad.

Cortesía Magda González Grau

Es cierto que es muy fácil trabajar con actores que conoces y te conocen y confían en ti, porque se entregan sin reservas a lo que tú les pides y esa es la clave del trabajo de Dirección de actores: confianza y respeto mutuos.

He querido trabajar con actrices como Yuliet Cruz, repetir con Silvia Águila, Yailene SierraCamila Arteche y algunos otros, pero a veces los he convocado y están en otros trabajos o no les ha gustado el personaje que les ofrezco. Nunca he trabajado con Isabel Santos, a pesar de que admiro extraordinariamente su trabajo, pero han sido las circunstancias las que lo han impedido.

Recientemente quise trabajar con Gabriel Wood, a quien vengo siguiendo desde jovencito, pero está de protagonista en una telenovela y así sucede con otros.

Estoy muy contenta porque siento que hay en este momento toda una generación de actores bien formados que tienen gran calidad. Hace falta que haya mucho trabajo para ellos para que no tengan que emigrar de nuestro país o de la profesión.

¿Situaciones que se te pueden haber dado en grabaciones: actores lesionados, galletas más allá de lo normal, dimes que te diretes tan comunes entre los cubanos, problemas con la producción ?¿Nunca ha habido protestas por mala comida, malas condiciones? ¿Cómo reaccionas? pues tú mandas por encima del productor.

El otro día en una conversación alguien decía que los equipos de realización empezaban muy bien y terminaban tirándose de los pelos por la convivencia difícil y la cotidianidad compleja. Miré para atrás y me di cuenta de que nunca he tenido esos problemas en mis producciones. 

Siempre hay dificultades materiales y puede haber personas que se alimenten del “chuchuchú”, pero cuando eso aparece hay que cortarlo de raíz porque como las papas podridas, contaminan el saco. Escojo con quién trabajo.

Ahí también hago casting, desde el productor, que tiene que ser alguien que se ocupe, no solo de cumplir el plan de rodaje sino también alguien que se preocupe por el confort de los integrantes del equipo, hasta los más mínimos especialistas.

Valoro mucho el trabajo conjunto pues sé que sin eso nada sale bien. Si uno de mis especialistas tiene problemas, soy la primera en enterarme y tratar de ayudar. 

Por suerte he tenido buenos productores siempre: Héctor Alfonso, Ernesto García, pero ¡perdón! sin dudas, los mejores productores son las mujeres. No sé si es que nos enseñan desde niñas a que en nuestras manos está la estabilidad logística de una casa y una familia, pero las mujeres son más detallistas y organizadas. 

Trabajé mucho con Madelín Fernández, que ya se retiró y Pilar Rodríguez que vive fuera del país, hace años trabajo con Yolanda Rosario y es una maravilla, porque lo hablamos todo y buscamos un terreno común para no renunciar a mis necesidades de realización, pero la ayudo en lo que yo pueda decidir para facilitar la producción. También me gustó trabajar con Argentina Fabré y me alegré que le dieran un Caracol por una obra nuestra, “Me faltabas tú”.

Magda, entre tu amplia obra televisiva, cinematográfica ¿te sería muy difícil seleccionar algunas que te llenen, te satisfagan más que otras? 

Puedo darme con un canto en el pecho de que he amado cada obra que he realizado. Lo aprendí en subtitulaje. A veces te tocaban dulces como La decisión de Sofía, pero también tenía que hacer unos “clavos” que no había por donde entrarles. 

Si no lo tomaba como la obra de mi vida, sufría mucho, así que me acostumbré a emprender cada trabajo con la misma pasión y fíjate, al final siempre me aportan algo como realizadora.

Es cierto que unos me han dado más reconocimiento que otros y eso los hace más queridos, pero he tenido obras con las que he quedado muy satisfecha porque me doy cuenta de cuánto maduré y han pasado sin penas ni glorias para los públicos, la crítica y los premios.

Hablando de premios ¿te halaga recibirlos, no?

Decir que una no trabaja para premios y blablabla es un camino trillado y poco creíble. A mí me encantan los premios, pero también me encanta estar en la cola de la bodega y que alguien se acerque a hablarme de una de mis obras y de cómo le gustó o lo hizo llorar. Ese también es un premio. 

Yo he sido afortunada. Tengo muchos premios nacionales e internacionales, pero eso no me quita el sueño ni me hace creerme cosas. 

¿Tu carácter te ha traído problemas sobre todo por el sistema asfixiante de nuestro organismo?

Tengo una leyenda de mujer conflictiva. No creo que sea así. Ah, ¿que no acepto algo que no entiendo, que lucho por lo que creo justo y mejor para nuestra sociedad, incluyendo nuestro organismo?, eso sí es verdad. No es un problema de carácter, es un problema de responsabilidad con tu tiempo, tu país y contigo mismo.

Soy revolucionaria al estilo de hacer que te enfrentes con los que entienden mal esos conceptos. Me gusta la transparencia, no dejar que los problemas se acumulen. Me gusta polemizar y dialogar, como métodos para encontrar los caminos de la verdad, que siempre es relativa. Trato de ser justa en mis valoraciones de los hechos y de las personas. Trato de ponerme en el lugar de los otros, pero también soy implacable cuando descubro malas intenciones, acciones de falsedad y bajos instintos.

Muchos pueden pensar que ser así me ha traído problemas, pero creo que los me conocen, me respetan por ser así. Siempre me he llevado bien con mis jefes, aunque a veces no estemos de acuerdo en algo. Tuve una relación extraordinaria con Ernesto López, el que fue presidente del Instituto, no exenta de contradicciones. 

La tengo ahora con Alfonso Noya y muchas veces nos fajamos, pero siempre nos respetamos y escuchamos las razones de uno y de otro. No soy una realizadora habitual del ICAIC, pero he trabajado muchos años allí con la nueva legislación para el cine y el audiovisual; he tenido y tengo una relación muy buena con Roberto Smith y con Ramón Samada porque me demostraron que saben dialogar y aunque a veces no estemos de acuerdo, siempre podemos encontrar un camino común. 

Lo que no resisto es la mediocridad y la ignorancia con poder porque nos hace mucho daño. Contra eso, siempre estoy como Elpidio Valdés, con el machete en la mano. Si eso me trae problemas, por lo menos duermo tranquila.

¿Planes actuales?

Estoy preparando una serie juvenil escrita por Amílcar Salatti que se llama Calendario con un formato de 13 capítulos.

¿Salatti, el mismo del exitazo que constituyó Entrega?

Sí, ese mismo, el mejor de los guionistas cubanos del momento.

Gran placer charlar con esta grande de la tele cubana que yo sé sigue discutiendo y buscando soluciones a problemas que dejan de serlo cuando ella los toca con su varita mágica de la ética, los deseos de hacer, la equidad y el profesionalismo. Así que a esperar Calendario, otro seguro éxito para la talentosa Magda González Grau.

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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