Rosana Vargas Foto © Facebook / ROX950

Entrevista a orfebre cubana Rosana Vargas: “Nunca me cortarán las alas”

Rosana Vargas ha atravesado ríos y mares desde que la entrevisté hace tres años. Hace solo unos meses volvió a la carga. “Nunca me cortarán las alas”, me dice emocionada, mientras yo pienso que no se llega a ser una de las empresarias cubanas más exitosas sin tener un carácter sobrado de determinación. Madre de tres hijos y de la marca ROX950, la reconocida orfebre es la constancia vestida de mujer. 

En aquella entrevista de 2018 hablamos largo y tendido sobre la influencia de la Ingeniería Civil (que estudió durante un tiempo) en su desarrollo como artesana. Debatimos sobre por qué usaba la plata en sus diseños y cómo trataba de no repetirse. Entonces también conversamos sobre lo exclusivo de su arte sencillo, único y fresco. 

Esta vez, Rosana y yo nos centramos en el manejo de su éxito. Nos enfocamos en la carrera de resistencia que lleva a cabo. Cree que escribe la palabra ‘gracias’ más de cien veces en el día. “Tengo que agradecer por cada cosa que me pasa. Siempre, siempre, siempre, doy las gracias”, asegura la emprendedora holguinera de 37 abriles, que hoy vende sus joyas en La Habana y Matanzas y próximamente, a través de una página web propia. En exclusiva para CiberCuba explica lo que se avecina para ROX950, que ya tiene ocho años de vida. 

Rosana, a quien también le llaman Rox, es pura adrenalina. Siempre se está moviendo, exigente, dedicada, pendiente de los detalles. “No tuve la suerte de tener un padre y una madre que me formaran en una educación”. Los primeros libros que leyó se los dio su tío, pero desde entonces no ha dejado de superarse. 

Aunque se declara “menos amable” que su esposo Tony, Rosana tiene un corazón noble. Según su hija Alejandra, de su mamá le gusta todo y, junto a sus hermanos Rodrigo y Sebastián, pasan los ratos libres de Rox jugando dominó, ajedrez o monopolio, y retozando con las mascotas. A su perro Elías recientemente se le unió una gatica que encontraron en la calle.

Cortesía  Rosana Vargas

¿Cómo han sido los últimos años para Rox? 

Han sido años de muchas vicisitudes, de batallas. Nos han puesto una prueba de fuego en la que ha habido un hilo muy delgado entre perderlo todo y volver a arrancar con todas las fuerzas. Como siempre, apostamos por lo segundo. Ahora estamos marcando una pauta, no solo por Rox, sino por el diseño cubano. Nos gustó la idea de ser más inclusivos, de expandirnos, de abrirnos puertas hacia el mercado internacional desde Cuba y otros países, de ver posibilidades que antes quizás parecían imposibles, por miedo o por ignorancia. Hacer una maestría en Dirección de Empresas en la ESDEN Business School de Madrid, que ya casi termino, me ha ayudado a entender que no hay que cerrarse al crecimiento, y que el mismo lleva sacrificio y riesgo. Entonces nos ha tocado arriesgar. La producción se saldrá de nosotros y la calidad será más difícil de controlar, pero trataremos de que nada de eso sufra y que el producto tenga la misma esencia, que son las emociones, incluso desde unas manos no cubanas. Esperamos que ROX950 logre en el 2021 cruzar la frontera y colocarse como una marca cubana (algo que siempre será) de lujo, en el mundo.

¿Entonces tienes previsto que se produzca fuera de aquí?

Desgraciadamente, sí. Me encantaría poder tener aquí talleres de cien personas trabajando y hacer toda una macro producción, pero los mecanismos de exportación e importación y la materia prima no nos ayudan. Decidimos hacerlo después de conocer a otros orfebres muy talentosos, muy capaces, con una factura incluso mejor que la que a veces podemos lograr aquí porque tenemos carencias de herramientas, de maquinarias. El artesano de hoy no es el mismo de hace 20 años. Nuestra marca ha evolucionado, pero la parte productiva se ha quedado un poco rezagada y ahora estamos listos para comenzar a abrirnos a eso, a la industrialización, a la tecnología, que es algo necesario, que se impone para poder, sin sacrificar la calidad y asegurando siempre que sea una emoción de plata para toda la vida, mejorar nuestros acabados. 

¿Has pensado ya en algún mercado específico?

Nuestro principal mercado es el norteamericano, que ama lo manual. La artesanía para ellos es algo que no tienen todo el tiempo, a diferencia de los latinoamericanos, que somos bendecidos por tener eso. Yo misma elijo los zapatos colombianos, las carteras peruanas: me encanta lo artesanal. Tenemos el acceso fácil a eso, estamos acostumbrados, aunque a veces no lo valoremos lo suficiente. Pero en el mercado norteamericano hay mucha influencia de las grandes producciones chinas. La mayoría prefiere comprar marca blanca y personalizarla. Por lo general, allí no tienen ese acceso al artesano local, eso está medio extinguido. De ahí que cuando ven lo hecho a mano, lo valoran, lo admiran y lo desean. 

¿Qué significa estar entre los emprendedores más relevantes de la isla, hasta el punto de invitarte a un encuentro con los Reyes de España?

Una de mis profesoras de la Maestría decía hace dos clases que ella no idealiza ni es fanática a nadie y yo me identifiqué con esa frase. La posibilidad de haber compartido con un rey y una reina me hace felicísima, pero más allá de eso, me alegra que me hayan elegido porque yo represento a la sociedad de emprendedores de Cuba, soy una de sus voces, soy parte de ese grupo que ha marcado una pauta. Cuando me llaman de cualquier país para ser parte de algo representando a Cuba, siento la mayor satisfacción, más allá de qué persona voy a conocer o con quién me voy a entrevistar. El hecho de ser elegida dentro del sector privado cubano es darte cuenta de que ha valido la pena y que no lo has hecho mal. 

¿Hasta qué punto has logrado ser un referente, no solo de la joyería de autor, sino de lo que es una empresaria cubana? 

Hace unos días me preguntaban qué era para mí el éxito y yo decía que para mí el éxito es no pretender alcanzarlo. Yo no trabajo para ser exitosa, sino para disfrutar el proceso. Estoy sembrando el camino y estoy haciéndolo bien para mis hijos. He creado una marca que es la empresa de la familia, algo que quedará para ellos. Por eso mi principal objetivo es crecer y si, además, tengo éxito, pues ¡qué bueno!, ¿no?, porque al final todo el mundo quiere obtener beneficios del resultado. Uno no tiene un termómetro para medir el reconocimiento, no trabaja para recibirlo. El principal premio es cuando las personas me escriben en las redes o me mandan un mensaje y yo siento esa emoción que dice que de verdad lo están sintiendo como yo se los estoy dando, que les está llegando, que lo viven, no por el valor de la joya, no usan ROX950 porque es caro y duradero, sino porque toca fibras sensibles en ellos. 

¿Cómo conjugar todo eso con ser madre?

Es difícil. Ayer mismo yo no vi a mis hijos y me sentí triste. Ellos lo son todo, la fuerza, el motor, el corazón, el alma, la razón. Ellos centraron mi vida, mis energías, las ganas. Son lo que me impulsó y siento que a ellos se debe mi esfuerzo. A veces no paso todo el tiempo que quisiera con ellos, no les doy toda la atención que quisiera, no los puedo disfrutar demasiado, pero pienso que en algún momento de la vida voy a poder explicarles por qué y para quién.         

¿Cuáles son las tres cualidades que te han permitido no dejarte vencer por los obstáculos?

La primera, la pasión que le pongo a las cosas, las ganas, más allá de que me gusta que todo esté bien. Eso es lo que más me da fuerza. Lo segundo, el nivel de exigencia, que es casi enfermizo, el querer hacerlo todo perfecto, lo mejor posible. Y el tercero, el ser sincera siempre, incluso cuando soy histérica, agresiva, porque se va un poco de nivel toda la energía que tengo por dentro y me cuesta controlarla. A veces quiero explotar y hago algo que no está bien porque se me va un grito o una reacción brusca.  

Uno te ve encima de todo. ¿Es que Rosana ahora es más líder que artesana?

Desde que logré crear el oficio en mis alumnos, que ellos aprendieran y lo hicieran incluso mejor que yo, sentí que ya no era necesaria allí. Es como antes, que yo limpiaba la casa, hasta que encontré a alguien que lo hace como yo quiero que lo haga. Luego de haber preparado a mi grupo de orfebres siento que ya no me necesitan. Siempre me pongo fuera y digo: ¿dónde hago falta? Por eso decidí que era hora de dirigir a ROX950 en todo sentido. Ahora mismo tenemos una dirección de marca, otra comercial, otra de marketing y finanzas, otra de trabajo del taller, otra de logística y producción, es todo un engranaje que solo es posible llevar si eres líder y ese es el papel que me ha tocado jugar. Después de dos años de pausa y ocho meses de COVID, decidí crecerme y estudiar. Si no hubiera estudiado mi maestría no sabría que una marca necesita un director de marca y un financiero, porque tú no puedes serlo todo a la vez. He aprendido a delegar en todos los procesos y a hacerlos conectar desde afuera para que funcionen. Ahora soy la Rosana que organiza, dirige, que se sienta lo mismo a lijar que a empaquetar, que a armar, que a hacer un post a las doce de la noche o que responde un mensaje en redes si la community manager tuvo un problema. 

Pareciera que Rox se mete por el hueco de una aguja. ¿Te propusiste estar en todas partes o empezaste queriendo llegar a los famosos y ahora son ellos los que se acercan a ti?

En algún momento se habló de embajadores de la marca, pero después todo se dio de una manera distinta, las personas comenzaron a acercarse por sí solas. El término que antes era embajador, que era más frío, se convirtió en Rox Stars, que es algo más actual, más cálido, más adecuado. Entre ellos están artistas como Edenis Sánchez, Yía Caamaño, Alejandro Cuervo o Cimafunk. Y no solo famosos, también están las clientas que se sienten Rox Stars. 

¿Crees que se puede lograr algo bueno sin tener un buen corazón?

Hay un término que tal vez parece frío a veces porque hay quien lo usa para lo que no es que es el de la responsabilidad social. Y para Rox eso no es parte de una campaña de publicidad y marketing, es una necesidad. Hemos creado proyectos sociales y siempre estamos sumándonos a todo para ayudar, así sea cuidando a animales que encontramos en la calle. La acción de ayudar es una obligación que tenemos como seres humanos. Dar es el mayor placer que pueda tener en el mundo, ya sea algo que no me sirva, un pantalón que ya le dejó de gustar a mi madre, una cartera que ya no uso o algo que compré con mucho amor y tengo el placer de regalar. De hecho, me siento rara cuando recibo. Para mí dar, es lo más. 

¿Sin qué cosas no podrías vivir?

Sin amor. No podría vivir sin un proyecto, un objetivo que le dé razón a mi vida. Y sin fe tampoco. La fe ha sido algo que me ha sacado y me ha estabilizado, aunque a veces tengo que llamarme a capítulo porque como ser humano intenso y sanguíneo que soy cometo errores. La fe es lo que me da la fuerza que necesito. Dios no es algo de lo que hablaban mis amigas en la escuela, sino una fuerza más allá de lo que podemos ver y entender. La fe es mi home, mi palabra, mi centro. 

¿Por qué para ti el límite es el cielo?

Para mí no existe el no, no existe la pausa. Puedo hacer una pausa para tomar agua y descansar, pero no para detenerme. Me detendré el día que muera, después de haber sembrado en mis hijos, mi equipo y todo lo que esté alrededor de Rox la energía de seguir adelante muchos, pero muchos años. El límite es el cielo, lo repito hoy. Para mí, todo lo que pueda hacer en esta tierra, es posible; todo lo que desee, lo que sueñe, lo que piense, es posible. No existe lo que no eres capaz de crear, de pensar, de imaginar, de proyectar. Si lo creas, piensas, imaginas o proyectas, entonces puedes lograrlo.

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Katheryn Felipe

(La Habana, 1991) Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2014. Ha trabajado en diversos medios impresos, digitales y televisivos.

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