Cuba ya no es de los cubanos

Cuba dejó de ser un país para los cubanos y se convirtió, delante de nuestras propias narices, en un crucero a la deriva, en una suerte de Titanic del siglo XXI que ya impactó contra el iceberg y está haciendo aguas.

Turistas en el Parque Central de La Habana Foto © CiberCuba

Si algo nos ha enseñado el último cuarto de siglo a los cubanos es el poco valor que tenemos para la clase dominante en la isla.

Desde que el turismo desplazara al azúcar como actividad económica fundamental, nuestra identidad y nuestras aspiraciones no solo se han trastocado con elementos foráneos -que en otro tiempo habían sido extranjerizantes y penados por la "sociedad socialista" de diversas maneras-, sino que se ha devaluado la cubanidad misma.

Un ejemplo reciente lo constituye el video de turistas en Varadero ajenos a la Covid-19, mientras disfrutan de un pedazo de Cuba al que un trabajador cubano no puede acceder con su salario.

Pero no hablemos ya de hoteles; sino de algo tan elemental como un trozo de pan: ni a eso puede aspirar la población de la isla, los viejitos de la isla, los niños de la isla.

De un lado vemos a extranjeros con todas las condiciones para pasar unas vacaciones memorables en Cuba y, de otro, asistimos al descalabro de una sociedad que ya ha perdido la ilusión de que un futuro mejor es posible y se lanza a buscarlo, a como dé lugar, allende el mar.

Recientemente, la Guardia Costera de Estados Unidos publicaba que desde octubre de 2020 hasta la fecha 228 cubanos han intentado ingresar ilegalmente a ese país del norte vía marítima, casi 5 veces más que los 49 reportados en todo el año fiscal 2020.

No es de extrañar. Colas, enfermedades e indolencia se propagan más que el coronavirus en Cuba. Y el gobierno cubano, que vive en otra dimensión, insiste en una ‘continuidad’ que solo ha traído miseria y extorsión para el pueblo de a pie.

Cuba dejó de ser un país para los cubanos y se convirtió, delante de nuestras propias narices, en un crucero a la deriva, en una suerte de Titanic del siglo XXI que ya impactó contra el iceberg y está haciendo aguas.

En ese barco, los cubanos de a pie son quienes nos hundimos en la sala de máquinas y los que desde camarotes de tercera clase lanzamos quejidos de auxilio sin que nadie pueda escucharnos. Los extranjeros beben sus vinos sin sospechar que la embarcación se hunde lentamente. Realmente, no tiene porqué importarles, no es su barco.

Mientras tanto, los dueños de Cuba, los que han abocado el barco al desastre por esa manía de probar una fortaleza sobrehumana inexistente, ya tienen sus botes salvavidas listos para zarpar en ellos al menor chance, y dejan a los músicos tocar para simular que no pasa nada.

Pero sí está pasando algo. Nos estamos ahogando y, si no hacemos algo pronto, terminaremos en el fondo del mar. Es nuestra responsabilidad rescatar el país que nos hemos dejado arrebatar.

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Annarella Grimal

Annarella O'Mahony (o Grimal). Aprendiz de ciudadana, con un título de Máster otorgado por la Universidad de Limerick (Irlanda). Ya tuvo hijos, adoptó una mascota, plantó un árbol, y publicó un libro.

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