Sin represión no hay “revolución”

Pudiera decirse que, a nivel mundial, Cuba lidera en tres categorías en estos momentos: la exportación de mano de obra esclava, la separación familiar y el desarrollo de la propaganda con las dosis de represión que lleva.

Carteles en Cuba: "Con el PCC, Fidel y Raúl siempre", "La revolución es el pueblo", "26 de Julio Heroísmo y Rebeldía" Foto © CiberCuba

Que las autoridades de un país recurran a medidas de reclusión domiciliaria y al corte de los servicios de telefonía y de internet para coartar el derecho a sus ciudadanos de expresarse libremente y de acceder a la información, sugiere una crisis de proporciones gigantescas en la sociedad.

Que agentes de la Seguridad del Estado hostiguen a los ciudadanos que dicen lo que piensan, y amenacen a sus familiares para doblegar al que disiente, indica la falta de argumentos de quienes están para mantener la paz y la seguridad de una nación.

Que las fuerzas del orden empleen tiempo y recursos en vigilar a personas para que no salgan de sus casas, y los secuestren a plena luz del día en presencia de todos, significa que quienes deben proteger a la población, la vulneran en sus derechos más elementales.

Que recurran a expulsar de sus carreras y centros laborales a jóvenes y no tan jóvenes, que los desacrediten; que intenten aislarlos, incomunicarlos, encarcelarlos por motivos de conciencia, solo habla de la vulnerabilidad de un pueblo entero.

Las últimas noticias desde Cuba no auguran un panorama promisorio para el progreso y la paz de los cubanos. Todo en medio de una situación de escasez y de liquidez del gobierno que impactan en la calidad de vida de la población.

Esto no es nuevo, sino que ha sido un elemento distintivo de la eufemísticamente llamada revolución cubana. De ahí que al proceso del 59 se le relacione con el atraso, con lo arcaico, con lo inservible, amén de ciertos avances -ya deteriorados, por cierto- en algunos sectores económicos o sociales.

Sin embargo, hay algo sórdido en el proceso de recaudación de divisas que nos convierte en víctimas y victimarios de la suerte a nuestro pueblo y a nosotros mismos.

Pudiera decirse que, a nivel mundial, Cuba lidera en tres categorías en estos momentos: la exportación de mano de obra esclava, la separación familiar y el desarrollo de la propaganda con las dosis de represión que lleva. Irónicamente, estos tres elementos constituyen fuentes de ingreso en divisas para la desvencijada economía de la isla o, precisión mediante, para las arcas de la casta militar que mal gobierna el país.

La formación de profesionales a granel y las medidas punitivas a quienes deciden ejercer sus derechos ciudadanos produce grupos migratorios que de manera temporal o indefinida inyectan moneda dura y conformismo a la maquinaria del poder.   

Y en esta ecuación macabra, la represión es un factor clave. Por eso, las autoridades invierten más en carros de patrullas que en ambulancias, y la cada vez más desacreditada salud pública necesita médicos obedientes, militares o agentes que hagan cumplir los designios represivos de un régimen también en decadencia.

De un lado está Luis Manuel Otero Alcántara 19 días en una institución de salud, aislado del mundo exterior y de su círculo de amigos, recibiendo Dios sabe qué tipo de tratamiento -a juzgar por el más reciente video del artista.

Están, además, los detenidos el pasado 30 de abril en la calle Obispo, y los que les antecedieron, solo por disentir del discurso oficial. Poco o nada se sabe de ellos. El acceso a la información en Cuba no es un derecho reconocido, sino administrado y metódicamente controlado por un poder que apuesta por el silencio de los que aún, y con toda razón, le temen. La "continuidad" se fragua en el terror y la mordaza.

Por suerte, cada vez son más los cubanos que alzan sus voces desde distintas latitudes. Tantos son que las autoridades ya han comenzado a amenazar a sus emigrados con la extradición y ridículos juicios in absentia.

La gran lección del panorama de la Cuba actual es que sin represión no hay “revolución”. ¿Y qué hacer ante la represión? Unos callan. Pero, ¿es callar una opción para los cubanos? ¿Acaso no hemos pagado ya bien caro nuestro silencio?  

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Annarella Grimal

Annarella O'Mahony (o Grimal). Aprendiz de ciudadana, con un título de Máster otorgado por la Universidad de Limerick (Irlanda). Ya tuvo hijos, adoptó una mascota, plantó un árbol, y publicó un libro.

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