Primero se coge al canciller cubano que a un cojo

¿Miente Rodríguez Parrilla en conciencia o está siendo marginado por los guardias que no le pasan información buena, como hizo Fidel Castro con los miembros del Buró Político en el aciago verano de 1989?

Bruno Rodríguez Parrilla, canciller de Cuba Foto © ACN

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba vive días de intensa pasión revolucionaria en la que miente sin recato para intentar tapar el sol democrático con su dedo twitteador de embustes que llegan a comprometer los vínculos de La Habana con Canadá, prioritaria por su peso específico, el remoloneo de Justin Trudeau para propinar los menos golpes posibles y su condición de emisor de turistas, una vez amaine el coronavirus.

La bisoñez política de Bruno Rodríguez Parrilla y el nerviosismo que anida en el gobierno cubano desde el 11J, provocó que se metiera en un callejón sin salida, creyendo que el apagón y ralentización digital ejecutados por la Unidad Militar ETECSA evitaría que los cubanos descubrieran sus mentiras sobre una conversación telefónica con el canciller canadiense Marc Garneau.

Rodríguez -que no es hijo de Carlos Rafael y parece enfermo por su evidente desmejoría física- no es el mayor mentiroso de La Habana, donde su jefe Díaz-Canel, debutó con aquella ocurrencia de censurar porque aquí todo el mundo censura y siguió perfilando el socialismo próspero y sostenible que provocó la rebelión del 11J y su deslegitimación llamando a la guerra civil entre cubanos.

Un embustero debía saber que una mentira u omisión políticas -habituales en el reino del poder- debe tener una cierta verosimilitud y no ser una guayaba descomunal como las que ha parido en los últimos días, pues no solo compromete su prestigio, sino también a Cuba, gobernada por un pelotón de compañeros entusiastas a ritmo de contingente e incapaz de leer el mapa sociopolítico con sensatez.

Cuando el gobierno cubano reitera la letanía de que Estados Unidos quite el embargo, solo confirma su extrema dependencia del imperialismo yanqui y de remesas de la emigración, aunque sigue sin explicar los efectos de la sanción sobre las ausencias de pescado fresco en una isla, de medicamentos en una potencia médica, de guarapo y raspadura con 56 centrales azucareros; carencias que contrastan con la abundancia de pollos Made in USA y mentiras fabricadas por la casta verde oliva y enguayaberada.

La manipulación de Rodríguez sobre su charla telefónica con el canciller de Canadá no es el único acto gobbeliano en su agenda porque el miembro del Buró Político cosechó un formidable tapaboca de la Fiscal General de la República, Yamila Peña Ojeda, reconociendo que entre los detenidos por el 11J hay menores de edad, que las autoridades están "evaluando", circunstancia negada por el ministro un día antes.

¿Miente Rodríguez Parrilla deliberadamente o está siendo marginado por los guardias que no le pasan información buena, como hizo Fidel Castro con los miembros del Buró Político en el aciago verano de 1989?

Pero como no hay dos sin tres, ya el ministro evidenció su pasión mentirosa al calificar el 11J como disturbios aislados, provocados por Estados Unidos e Internet; otra guayaba verde, fruto del desasosiego que sufre el desgastado poder; sin capacidad para darse cuenta que, si insiste en la tesis de la influencia extranjera, confirma su incapacidad para seducir a los jóvenes, incluidos artistas e intelectuales, ante los que ha fracasado ideológicamente el defenestrado partido comunista.

¿No habían quedado en que Revolución es no mentir jamás; se ha pasado el compañero Bruno a la contrarrevolución, mintiendo sin recato? El 11J desnudó al gobierno cubano, presa del desconcierto y la improvisación y huérfano del mando único de consuelo infausto: Esto pasa porque Fidel no lo sabe; ¡y vamos que si sabía!

Los actos fallidos retratan a los humanos en circunstancias adversas, como las que vive el poder en Cuba; pero ya puestos a mentir, más valdría a Bruno y sus compañeros de zozobra llamar al gran Rubén Blades y ofrecerle guayabas, todas las guayabas posibles; que igual el hijo de Anoland Díaz, se apiada y les suelta una tierrita en concepto de Derechos de autor, ¡en dólares norteamericanos!, como le gusta a los neoburgueses anticubanos y okupas de Siboney, de mi sueño, te espero con ansia en mi caney...

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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