Díaz-Canel, un presidente inútil

En un despacho en un ministerio quizá hubiera hecho carrera. Pero este trabajito lo va a matar, por dentro y por fuera.

Cumbre de la CELAC en México Foto © Presidencia de México

Ahí están todos en la foto de la CELAC, bonitos y gorditos. No son las grandes ligas, pero se juega al duro. Pregúntenle a Díaz-Canel.

Vamos a empezar por el principio, cuando López Obrador decidió alabar la Resistencia de Cuba ante los EEUU. López Obrador es el presidente de México. Es un señor viejito muy lento y aparentemente al borde de la incoherencia, pero ojo, nunca ha decidido "Resistirle" nada a EEUU. Que si el muro, que si la emigración, que si la xenofobia y la discriminación, pero ni por la cabeza le pasa romper relaciones con EEUU. Eso se lo dejamos a Cuba, que es El Faro de La Resistencia. Cuando Trump decidió revisar su tratado comercial con México y Canadá, cundió el pánico. Pero que Cuba resista sí es bueno. Es un ejemplo para América Latina.

Para los que bonchean con el tema de la presidencia, una aclaración. Si yo soy presidente, y en un país por ahí me sale un personajillo de estos a inflar con La Resistencia del Pueblo Cubano, lo mejor que hacen -sin esperar siquiera a que el personaje termine de hablar-, es ir eligiendo otro presidente. Porque nada más con la mirada, ya se va a callar, y a mí no me van a invitar más, a ninguna parte, a hablar de Resistencia.

Pero detrás viene él, y pone a José Martí a dar un discurso en el 1980 y pico. Le pasó por arriba al texto, leyendo en piloto automático. Le pasó además, a la historia y a los conocimientos más básicos. Desde la pantalla de su teléfono, Descartes entorna los ojos, viendo como existe, sin absolutamente ninguna intención de pensar.

Después Guillermo Lasso, presidente de Ecuador, lee la cartilla, en un tono de "al que le sirva el sayo, que se lo ponga". Pero el sayo estaba hecho a la medida. El sayo era Armani. Y en la expresión se le veía, que ya no tiene fuerza ni para poner cara de indignación. Todo lo que lograba transmitir era "ño, asere, ahora viene el punto este aquí a ponerme el déo alante 'e to'el mundo". Literalmente, de todo el mundo. Pero no, respiró profundo, lo dejó correr, y se salvó de esa.

Después vino Luis Lacalle Pou, presidente de Uruguay, y sí mencionó nombres.

Pudo ignorarlo. Pudo sonreír, y esperar a que uno de sus amiguitos históricos se sintiera identificado y lo defendiera. Pudo sonreír, y dejarlo así. Porque si yo soy el presidente de un país, y en ese país casi nadie sabe cómo fue que yo llegué a presidente, yo no discuto con otro presidente.

Pero recibió la orden de responder. Le trajeron otro papel, redactado a toda velocidad por los mismos que, trabajando sin presión, pusieron a Martí a dar un discurso en el 1980 y pico. El moderador le aclaró que lo dejarían responder como una circunstancia excepcional, y que fuera breve. Este papel lo leyó con la vida, con el alma, con la última gota de sangre.

Me he quejado de que lee, y además, monótonamente. No. Aquí leyó equivocándose y sudando. Trató de atacar a Lacalle. Le habló de firmas recogidas en contra de una ley. Cuestionó al gobierno de Ecuador. Por dentro, no dejó de gritar: "Sáquenme de aquí. Yo no puedo seguir haciendo esto".

Lacalle le respondió que menos mal que en su país se podía recoger firmas, que eso era la democracia, y le recitó una estrofa de "Patria y Vida".

Ahí DC no esperó un papel nuevo, y para rematar el papelazo, sudando a chorros y perdida toda compostura, gritando por encima del moderador que lo mandaba a callar, le dijo a Lacalle que tenía muy mal gusto musical, y pasó a la historia como el tipo más sanaco que ha accedido a la presidencia en Cuba.

Y yo no sé, exactamente, qué es lo que todo el mundo quiere que yo diga aquí. Porque tengo como 35 mensajes preguntando por el tema. Y para decir la verdad, este tema está agotado desde el 11J.

El Gran Salto Adelante terminó en una Gran Despingazón Hacia Abajo y en la Gran Hambruna China. La foto de Mao sigue ahí en la pared de Tiananmen, pero a NADIE se le ocurre ser como Mao. Eso quedó atrás, porque no daba resultado.

Díaz-Canel jugó a ser El Bárbaro. Sabemos que El Animal se enorgullecía de sus hazañas diplomáticas, y de los números que se botaba en las reuniones internacionales, en una era sin internet ni información. Sin pensarlo dos veces, se fue de la OEA, y se hizo una OEA para él. De hecho, se hizo varias. DC, muy lejos de la estatura política del Tigre, muchos años después y en un mundo interconectado, se lanzó a hacer lo mismo, y con una sola mano lo sopapearon.

O mejor, no se lanzó. Lo lanzaron a hacer lo mismo, los que lo están usando para mantener una apariencia de que esto no es una Monarquía Absolutista. Si en algún momento pensé que Díaz-Canel podría ser el mediador entre el Pueblo y el Misterioso Poder Superior, ahora me cuesta pensar que este hombre al borde del colapso y la depresión crónica pueda ser mediador, negociador, organizador o moderador entre dos bandos que lo desprecian.

¿Y saben qué? No es un sin casa. Es un hombre rendido e inútil, ahogado en la estupidez y la indolencia de decisiones ajenas, sin fuerza de voluntad ni poder real para enfrentarse a las presiones que lo aplastan desde todos los ángulos. En un despacho en un ministerio quizá hubiera hecho carrera. Pero este trabajito lo va a matar, por dentro y por fuera.

¿Y saben qué, también? Cuando el trabajito lo mate, van a poner a otro que, siguiendo la costumbre, va a ser aún peor para nosotros.

¿Y nosotros? Habremos pasado 10 años haciendo memes, riéndonos de nosotros mismos.

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Javier Bobadilla

Javier Alejandro Bobadilla Díaz, La Habana, 1979. Estudió ciencias de la computación, artes marciales japonesas y fotografía, sucesivamente. Relee las obras completas de Borges, periódicamente. Usa todo lo anterior -a falta de talento real- para escribir de política y sociedad

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