Influencer cubano Carnota: “Tengo ganas de comerme el mundo”

Desde la óptica de Carnota, lo mejor que ha hecho como humorista hasta ahora es una parodia de la popular serie de Netflix “La casa de papel” que cuenta la historia de un grupo de cubanos que, obligados por la escasez que hay en el país, deciden asaltar un banco.

Carnota junto a Rosi y Nené, sus personajes más conocidos Foto © Alex Cam Raw

Carnota siempre fue el más jodedor de la clase, como el “desastrico”, el típico bufón que hacía reír a todo el mundo y, aunque eso le trajo muchos problemas, él era feliz siéndolo. Cree que esas dotes las heredó de su papá, que también es un poco simpático.

Pero eso no le ha bastado a José Ernesto González Carnota para hacerse humorista en los escenarios virtuales. Desde hace alrededor de un año estudia actuación con la profesora Massiel Dueñas y confiesa haber aprendido muchísimo. También observa con detenimiento a otros influencers que le inspiran como Marco o Luisito Comunica. “Siempre trato de tomar lo mejor de todos y ponerle mi sello de humor”, explica a CiberCuba.

Cortesía Carnota / Foto Daniel Arévalo

El joven influencer que se dio a conocer por hacer bromas telefónicas (lo que para los cubanos significa “correr máquina”) a famosos hoy tiene unos cuantos personajes propios, 34 mil seguidores en YouTube, más de 20 mil en Twitter, 11 mil en Facebook, unos 23 grupos de WhatsApp, dos canales en Telegram y un perfil de Tik Tok(que usa en menor medida). “No esperé nunca llegar a tener tanto impacto”, afirma quien interpreta a la singular Rosi Ruz, recientemente invitada a la gala anual de los Premios Lucas.

De 25 años, Carnota admite que pasa “un tiempito” conectado a internet con el celular en las manos: “alrededor de nueve o diez horas diarias” (ríe al decirlo). “Creo que el móvil es mi principal herramienta porque por ahí empezó todo”. No obstante, escapa un poco de las redes jugando playstation y aprovechando sus estudios de teatro, los ratos de lectura y la comida, que “me gusta mucho”.

Desde la óptica de Carnota, lo mejor que ha hecho como humorista hasta ahora es una parodia de la popular serie de Netflix “La casa de papel” que cuenta la historia de un grupo de cubanos que, obligados por la escasez que hay en el país, deciden asaltar un banco. Es válido resaltar que “La casa sin papel” tuvo más de un millón de reproducciones al poco tiempo de ser publicada en diferentes plataformas digitales.

La primera temporada de la miniserie, que también fue distribuida en la isla a través el paquete semanal, ha sido “un lindo proyecto con bastante alcance y en el que los realizadores Freddy Loons, Pepe Salón y Ernesto López hicieron tremendo trabajo, a pesar de que no contaban con presupuesto. La han conocido dondequiera”.

Más que contento con los beneficios que le ha traído “La casa sin papel”, antes de comenzar esta entrevista Carnota agradece a toda la gente involucrada y adelanta que puede esperarse pronto una segunda temporada “que estará más preparada y que también va a gustar mucho”.

¿Por qué normalmente no escribes tus chistes?

Ahora lo hago más que antes, pero no con las bromas telefónicas, donde debo tener un nivel de improvisación alto y estar a la expectativa de lo que diga la persona del otro lado de la llamada para responder rápido. Poco a poco con el entrenamiento he ido ganando la capacidad de hacerlo.

¿Cómo se reinventa un humorista diariamente para ir más allá de esas bromas?

Eso tiene mucho que ver con las ganas que yo tengo de comerme el mundo y de crecer como artista. Siempre estoy buscando cosas nuevas, mirando a otros humoristas y viendo cómo puedo llevarlo todo a mi onda. Se trata de no tenerle miedo a lo que hagas. Si vas a hacer algo fuera de tu zona de confort, hazlo sin temor o con temor, pero hazlo. Quizás funcione. A mí me ha funcionado. Empecé con las bromas telefónicas y he hecho personajes, a los que les falta por crecer al igual que a mí, pero se trata de intentarlo.

De tu primera broma para acá ha llovido mucho: Rosi, Nené, Armandito, una marca propia de ropa, etc. ¿Cuál ha sido el propósito último de todo eso más allá de ganar seguidores?

Yo creo que lo fundamental ha sido hacer reír con cosas nuevas y regalarles un poquito a los seguidores de lo que yo puedo dar. Por ejemplo, Armandito gusta mucho y yo traté de hacer que la gente pudiera llevarlo consigo y así surgió la idea de comercializar T-shirts personalizadas a un precio módico, porque ahora mismo aquí los precios de los pullovers andan por los cielos. Por eso intento que lo tenga la mayor cantidad de gente posible. Ya más de 2000 personas en Cuba tienen el pullover de Armandito. Incluso ha venido gente de otras provincias a buscarlo a La Habana o se les ha hecho llegar. Me hace muy feliz saber que a la gente le gusta lo que hago, que se siente identificado con eso. También hay merchandising de “La casa sin papel” que se ha estado vendiendo muchísimo.

¿Qué enseñanzas te han dejado referentes como Álvarez Guedes o Alexis Valdés?

Desde niño oía mucho a Álvarez Guedes y creo que él tenía una forma peculiar de contar los chistes, de decir las cosas con una frescura única y eso me llamó mucho la atención. Luego crecí y ocurrió lo mismo con lo que hacía Alexis Valdés, que tiene muchas virtudes que admiro. Quiero lograr lo que él ha logrado: tener un programa propio.

¿En qué se diferencia el humor que se hace exclusivamente para internet del que se produce para los medios tradicionales de comunicación?

Creo que tiene una línea más amplia porque en Instagram y otras plataformas puedes hablar de lo que tú quieras. Solo tienes que cumplir con las normas de cada red social donde creas tu contenido. En la televisión no, la televisión es regida por un órgano político y tú no puedes decir todo lo que piensas. Entonces, hay dos opciones: o decir lo que piensas, o estar en los medios.

He estado en cosas muy pequeñitas en la televisión. Grabé un capítulo de “A otro con ese cuento” y en ese tiempo hice en mis redes una comparación de canciones entre “Patria y Vida” y “Patria o Muerte por la vida”, y censuraron el programa, a pesar de que el director había propuesto incluso dejarme fijo.

Esa es una de las cosas que me ha chocado mucho en Cuba, aunque no me ha impedido seguir creando y mejorando mi trabajo. Me gustaría que en algún momento las cosas cambiaran en ese sentido, que la televisión nacional abriera un poco más los ojos y le diera más oportunidades a los jóvenes, a youtubers, a humoristas nuevos que tenemos ganas de hacer y crecer; que reconociera el talento que hay dentro de la isla.

¿Por qué crees que a mucha gente en Cuba le cuesta entender la labor de un influencer como un trabajo?

Yo pienso que la gente le tiene miedo a lo nuevo y esta onda de los influencers, los youtubers, los instagramers, fueron algo nuevo a partir de que se amplió el acceso a internet. Pero más allá de ese temor, creo que la seriedad que le pongas a tu trabajo es lo que determina si la gente te toma en serio o no. En lo particular, siempre he sentido que me toman en serio porque soy muy responsable con lo que hago y pienso seguir siéndolo. Se trata de que todos crezcan y que borren esas ideas de que estás “payaseando en Instagram”. No se trata de un hobby, ni de joder, es mi trabajo porque de eso yo vivo.

¿Es el precio de internet el mayor obstáculo para que un influencer se desarrolle en Cuba?

Creo que eso no impide que crezcas como influencer o youtuber. Sí creo que no es barato, pero tampoco es el más caro. Y existen también los parques, donde vas a pasar tal vez un poquito más de trabajo, pero están ahí. Si hay jóvenes que quieren hacerlo que no tengan eso como obstáculo, que no se pongan el “No” antes de empezar. Si quieres crecer como youtuber o influencer, coge tu celular, grábate y súbelo.

¿Hasta qué punto es una presión el tener que generar contenido constantemente? ¿Alguna vez te has sentido estancado por eso?

No generar contenido es lo que me hace sentirme mal y estancarme. Hacerlo es como una medicina para sentirme bien, para mi felicidad. El día que yo no suba algo es porque me siento muy mal de ánimo o estoy enfermo. Incluso con Covid-19 y aislado no dejé de crear y me decía: “Si me muero, tengo que dejar mi legado, tengo que hacer videos”. Hay veces que subiendo contenido diario te tienes que tomar un break, pero para pensar y hacer algo impactante, no más de lo mismo.

¿Por qué crees que el cubano acostumbra a reírse de sus propias desgracias?

¿Qué vamos a hacer si no nos reímos? El cubano siempre ha sido un ser bastante jodedor, carismático, jaranero, y yo creo que eso está como inculcado en cada uno de los que vivimos en este país que tiene varias cosas que son de risa, la verdad.

¿Cuánto de tu éxito crees que se debe a hablar de la realidad cubana?

Creo que un 60-40. 40 de hablar de la realidad cubana porque los chistes que hago son de lo que le sucede al cubano, pero no solo hago eso. El otro 60 es de Carnota y su sazón (ríe).

¿Alguna de tus bromas te ha traído problemas?

Una vez quizás que hice una broma telefónica y llamé a un hombre diciéndole que yo era un depravado y él tenía a su mujer embarazada y cuando me lo dijo me dio cargo de conciencia. Pero problemas, problemas, no. He hecho varias bromas que están en YouTube donde me amenazan: “Voy para allá a matarte ahora mismo”, pero no ha pasado nada hasta ahora. Por si acaso, yo cierro bien la casa (vuelve a reír).

¿Qué es lo más bonito que te ha pasado desde que te convertiste en una figura pública?

Los recuerdos más lindos siempre tienen que ver con los niños. No hay dinero que compre lo que te hace sentir que un niño te siga o te diga que eres su ídolo. Una vez fui a llevar un pullover de Armandito (que es algo que normalmente no hago yo, pero la mamá de ese niño me lo pidió porque quería darle una sorpresa por su cumpleaños) y cuando el niño me vio empezó a llorar. Es de las anécdotas más bonitas que tengo y tengo muchas.

¿Cuál es el sueño mayor que tienes como humorista?

Uno de ellos es tener mi propio programa de televisión, ya sea en Cuba o fuera de Cuba. Pero sé que lo voy a lograr. Y voy a mirar esta entrevista, le voy a hacer una captura y voy a comentar: “Mira, lo dije hace tres años”. Más que un sueño es una meta que tengo por cumplir. 

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Katheryn Felipe

(La Habana, 1991) Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2014. Ha trabajado en diversos medios impresos, digitales y televisivos.

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