Manifestante del 11J denuncia torturas en cárceles cubanas

El preso político Eduin Rodríguez Fonseca dice que ha sido víctima y testigo de golpes, humillaciones y torturas, como la de atar a los presos de pies y manos.

Captura de video YouTube / Canal Caribe
Guardias y reclusos en una cárcel de Cuba (imagen de referencia) Foto © Captura de video YouTube / Canal Caribe

El preso político Eduin Rodríguez Fonseca, condenado a 4 años de prisión por su participación en las protestas masivas antigubernamentales del pasado 11 de julio, denunció que en las cárceles cubanas las torturas son prácticas frecuentes.

Rodríguez Fonseca, de 41 años y recluido actualmente en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay, aseguró a Cubanet que ha sido víctima y testigo, en las prisiones por donde ha pasado, de golpes, humillaciones y torturas, como la de atar a los presos de pies y manos.

El manifestante cuenta que fue arrestado desde el 11 de julio pasado, mientras participaba en la manifestación, acontecida en las cercanías de la iglesia y el tribunal de Alquízar.

Según su testimonio, el día de la protesta, policías y boinas negras, además de funcionarios del Partido y el Gobierno de la localidad, golpearon a los manifestantes. Rodríguez Fonseca recuerda que, mientras los militares atacaban a la multitud, un oficial presente en el suceso exclamaba: “¡¿Qué es eso?! ¡No les den, no les den!”.

Añade que, luego de las detenciones, los manifestantes fueron conducidos a la unidad de policía de Alquízar, en la que sufrieron una fuerte golpiza y bastonazos por parte de la policía.

Desde entonces, el preso político ha trasegado por varios centros de detención. Primeramente, estuvo recluido en el Técnico de Cuatro Caminos (en Guanajay), donde lo mantuvieron dos semanas, y posteriormente fue trasladado a la prisión de Taco Taco, también en Artemisa, donde estuvo dos meses, hasta que finalmente lo llevaron para la cárcel de Guanajay.

La fiscalía pedía inicialmente para el manifestante, juzgado a inicios del pasado noviembre, una pena de 11 años de privación de libertad por los supuestos delitos de atentado y desórdenes públicos.

El pasado 8 de mayo, el preso político Pedro Albert Sánchez denunció que dos reclusos, entre los que se encontraba un manifestante del 11J, a quienes en prisión llaman despectivamente “tirapiedras”, fueron golpeados en la galera número 15, en la prisión de Valle Grande, en La Habana, por las autoridades penitenciarias.

El pasado abril, el preso político Oriandy Oviedo Acosta denunció que, en la prisión de Guanajay, los presos del 11J son amedrentados para que asistan a actividades de “reafirmación revolucionaria” y, en caso de que se nieguen, pueden sufrir la restricción de sus llamadas telefónicas, la suspensión de sus visitas familiares e incluso castigos corporales.

En enero pasado, la opositora cubana Mailene Noguera Santiesteban reveló, en una carta enviada desde la prisión, las torturas a las que son sometidos los manifestantes del 11J detenidos por el régimen, en represalias por su participación en las protestas.

La misiva describe cómo a los presos políticos les arrancan las uñas, los golpean delante de sus hijos, les dan patadas y utilizan bastones hasta hacerlos sangrar.

Según el testimonio de Noguera Santiesteban, en una ocasión, durante su reclusión en la Prisión de Mujeres de Occidente (El Guatao), ella misma fue arrastrada por los pelos entre insultos hacia su celda por las oficiales de prisión.

En los últimos meses, la plataforma jurídica Cubalex, ha documentado, a partir del testimonio de presos y expresos políticos, diversas formas de tortura que se utilizan en las cárceles cubanas.

Entre las técnicas tipificadas por la organización se encuentran, por ejemplo, la conocida como “la bicicleta”, que consiste en esposar a los reclusos y lanzarlos escaleras abajo; o la llamada “la fijación” o “el caballo”, que consiste en esposar o amarrar a los reclusos a una cama y dejarlos así por períodos de tiempo que pueden alcanzar los cinco o seis días.

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