Cuba herida de muerte

En todas los países ocurren desgracias por fenómenos naturales, pero tienen mecanismos para resarcir a las víctimas, incluidas las provocadas por la desidia gubernamental.

Facebook / Oscar Alba
Inundaciones en La Habana Foto © Facebook / Oscar Alba

Cuba es un basurero gigante y con gran número de viviendas e infraestructuras básicas deterioradas que provocan desgracias personales, como la niña del Cotorro que, este sábado, murió ahogada en una inundación.

La crisis económica crónica del comunismo de compadres no justifica que los cubanos vivan abandonados a su desgracia, cuando parte de los recursos empleados en absurdos como el programa de construcción hotelera y el alarde de vacunas propias anti Covid-19, pudieron emplearse en mejorar la seguridad ciudadana, que no solo incluye patrulleros y tonfas; otro despilfarro notable.

No hay dinero en el mundo que consuele a unos padres cuando pierden a un hijo; especialmente cuando ocurre de manera absurda, como viene ocurriendo en Cuba en los últimos años, pero los estados tienen la obligación de proteger a los ciudadanos y de propiciar mecanismos de resarcimientos; sobre todo, cuando alardean de protección social, de revolucionarios códigos familiares y usan el cambio climático como mantra neocomunista post Muro de Berlín.

La naturaleza salva y mata con igual intensidad en todas partes, pero si los barrenderos no tienen medios para limpiar calles, aceras y caminos rurales, Comunales no tiene camiones para la recogida de basuras; generándose un vertedero o más en cada barrio, mientras el principal de calle 100 contamina diariamente la respiración habanera; la culpa es de quienes gobiernan y de nadie más.

La letra e intención legislativas son importantes, pero si el legislador no se ocupa de limpiar y conservar Cuba, las familias están expuestas a derrumbes, enfermedades transmisibles y accidentes, y no hay ley, por justa que sea o parezca, que resguarde a sus víctimas; aunque la propaganda caduca siga echando los muertos a Estados Unidos e intentando homologar la desgracia propia a las ajenas, elegidas siempre de manera selectiva, oportunista y mentirosa.

En el alma cubana, los niños son la esperanza del mundo, porque son los que saben querer y, cuando la desidia y el abandono gubernamental, agravados por fenómenos naturales, matan a inocentes, la nación llora y maldice al estado fallido que, cual plaga bíblica, sigue exterminando a los pobres de la isla; que un día fue luminosa y ahora sobremuere entre tinieblas, duelos y alaridos.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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