El anciano cubano Héctor Julio Cedeño Negrín, quien este miércoles fue arrestado de forma violenta en la calle Monte tras mostrar un cartel que decía “Abajo la dictadura”, en protesta al asedio a su humilde condición de vendedor ambulante, estuvo finalmente preso 12 horas en la estación de Dragones, aunque las autoridades no levantaron cargos en su contra.
En entrevista con Cubanet, Cedeño Negrín, de 71 años, ofreció un conmovedor testimonio sobre lo ocurrido este miércoles y sobre otros detalles de su vida.
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El cubano, quien es un veterano sindicalista y periodista independiente, con historial como opositor al gobierno, explicó que actualmente se gana la vida vendiendo confituras en la intersección de la calzada de Monte y la calle Suárez porque no tiene jubilación.
Compra confituras al por mayor y luego las vende al menudeo para sacarse un dinerito.
Cuenta que empezó guardando en su casa los carritos y las mesitas de los vendedores por cuenta propia que están por Monte, porque muchos viven lejos, hasta que él mismo decidió coger un carrito para comprar confituras y venderlas.
Detalló que su mamá, de 93 años, vive en Oriente y él trata de ayudar a su hermana a que pueda mantenerla, pues la anciana solo cobra 1,070 pesos. “Hay que luchar”, concluyó.
En lo que respecta a lo sucedido esta semana, sospechó que los inspectores venían a por él y por eso preparó un cartel que decía: "Abajo la dictadura". Así fue, y al negarse a irse del lugar le echaron a “los esbirros”.
"Se llenó aquello de gente. Yo con un cartel... trataron de meterme en el patrullero por la fuerza, pero me subí en el estribo del patrullero y seguí gritando, me puse tieso y no podían meterme. Me cargaron en peso y me metieron por la fuerza dentro del carro”, relató.
Detalló que el carrito suyo se lo encomendó a una muchacha para que se lo cuidara, porque tenía ahí miles de pesos en chupa-chups, maní, menta plus y otras chucherías.
“Me llevaron para la estación de policía. Allí me gritaron, no me dieron golpe, pero sí me amenazaron, me dijeron que era un mercenario, pero bueno, yo lo que estoy es luchando la vida aquí. No tengo ninguna ayuda, tengo que luchar”, apuntó el anciano.
Contó que estuvo preso desde las 10:30 a.m. hasta las 11:30 p.m. y que fue entrevistado por un individuo llamado “Castillo”.
"Le dije que la misma policía era la que iba a provocar una explosión social porque hay tanta persecución contra la gente que no la dejan vivir”, cuenta que le dijo al represor.
Héctor Julio Cedeño dice que no entiende el acoso permanente contra los pequeños vendedores de la calle Monte, gente que lo que quiere es salir adelante en medio de lo dura que está la vida en Cuba.
“Nosotros tenemos una gente que nos dirige, que son una asamblea de gordos, obesos”, observó el anciano, quien añadió que lo justo sería “perseguir y reprimir, en vez de a los vendedores ambulantes, a los vendedores de drogas, asaltantes, carteristas, a quienes son delincuentes realmente”.
“Quiero crear un gremio de trabajadores ambulantes para luchar por ellos porque son muy perseguidos”, subrayó Cedeño Negrín, quien dice que desde hace años no puede ejercer como periodista independiente porque carece de medios.
Hace años le quitaron su laptop y lo que tiene es un teléfono 2G.
En lo que respecta a sus orígenes como opositor al régimen, cuenta desde pequeño escuchaba “La Voz de la Américas”. Dice que un hermano suyo le lavaron el cerebro y llegó a ser militante del Partido Comunista, pero él no, él era como la oveja negra.
El 27 de septiembre de 1982 fue detenido por primera vez por “desorden público” tras sabotear una fiesta del Comité en la que que era la fiesta de los chivatones. Su actitud lo llevó a permanecer unos primeros seis días en el Combinado del Este.
En las últimas décadas formó parte de varias organizaciones o intentos de oposición al gobierno. Dice que integró la "Comisión Cuba", que era para orientar a la gente a que legalizaran sus organizaciones, esfuerzo que apunta que luego lo retomó en otro proyecto Marta Beatriz Roque.
También tuvo una organización que era la Unión Sindical Cristiana de Cuba, pero de la que precisó que luego se diluyó. Tiene en su humilde vivienda, además, la Biblioteca Reinaldo Arenas.
En suma, un anciano de 71 años que durante décadas se ha negado a plegarse a los dictámenes del régimen cubano y que ahora, en una etapa de su vida en la que solo quiere sobrevivir, se ve sometido al permanente acoso de quienes no dejan margen para que subsista.
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