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El médico cubano exiliado Alexander Jesús Figueredo Izaguirre volvió a encender las redes sociales este lunes con una respuesta frontal al régimen, tras el intento de desmentido oficial sobre una grave denuncia de manipulación de cifras de mortalidad infantil en Cuba.
“Sigan ladrando. Yo seguiré publicando”, escribió Figueredo en un nuevo mensaje en Facebook, en el que también ironizó sobre el seguimiento oficialista a sus publicaciones.
“Gracias Cubadebate por confirmar que la dictadura sigue leyendo mis publicaciones como si fueran parte del parte médico matutino, poniéndome en primera plana. Y gracias también por darme la razón sin darse cuenta”, subrayó.
Su respuesta se produce luego de que el director provincial de Salud en Villa Clara, Juan José Pulido López, calificara como “falsa” la historia compartida por Figueredo sobre una supuesta presión institucional contra la doctora Anabel Obregón, por salvar la vida de un recién nacido mediante una cesárea de urgencia en el hospital de Placetas.
Según la denuncia, el objetivo de la presión era evitar que el bebé contara como muerte infantil si fallecía tras el parto, algo que afectaría las estadísticas oficiales, altamente valoradas por el régimen como propaganda de los supuestos logros del sistema socialista.
Pulido argumentó que la doctora Obregón reside fuera del país desde hace más de once años, y que por tanto su relato no podía ser cierto. Pero Figueredo desmontó ese razonamiento con contundencia.
“Justamente porque vivió en carne propia las negligencias del sistema de salud cubano y se largó asqueada, como tantos médicos. Su testimonio sigue teniendo valor porque lo vivió. Punto”, enfatizó.
A los ataques contra su condición de exiliado, respondió sin rodeos: “Tampoco hay que vivir en un basurero para saber que apesta. Pero tengo más fuentes dentro del sistema de salud cubano que ustedes en toda su redacción. Y a diferencia de ustedes, yo no cobro un salario por mentir”.
Y ante las burlas de que no sabría ubicar Placetas, replicó: “Sé que el hospital está en ruinas, que escasea desde el algodón hasta el antibiótico, y que su personal trabaja entre el miedo y la frustración”.
El médico cerró su pronunciamiento con una nueva publicación aún más desafiante, donde afirmó que el intento del régimen de desmentir su denuncia no hace más que confirmar la veracidad y el impacto de sus palabras.
“Cuando la dictadura sale a desmentir, es porque le dolió”, escribió, en alusión directa al despliegue de medios oficialistas para desacreditar los testimonios sobre la manipulación de estadísticas en el sistema de salud cubano.
“Ya empezaron a activar todos sus portales de propaganda para ‘desmentir’ los testimonios sobre la manipulación de cifras de mortalidad infantil en Cuba. ¡Perfecto! Eso quiere decir que les ardió”, añadió con tono irónico.
Figueredo incluso retó públicamente a los programas oficialistas: “Me encantaría que me dediquen un segmento completo en alguno de sus programas difamadores. En Con Filo, en Razones de Cuba, en el Noticiero Nacional de Mentiras, donde quieran. Porque cuando quieran jugar con fuego, les voy a responder con nombres, apellidos, fechas, hospitales, horarios, testigos y documentos. Caso por caso”.
Advirtió que toda la evidencia que posee será presentada ante tribunales cuando llegue el momento: “Y más les vale que vayan ensayando sus discursos, porque toda esa evidencia irá directo a los tribunales cuando la noche deje de ser eterna”.
Finalmente, dejó claro que su lucha no es personal, sino contra un sistema que, según denuncia, ha pervertido la esencia de la medicina: “El problema no soy yo, ni los exiliados, ni los médicos que escaparon. El problema es el sistema criminal que convirtió la salud pública en un altar de mentiras, donde se sacrifica a los recién nacidos para maquillar estadísticas”.
“No me van a callar. No me van a intimidar. Lo que viene es peor para ustedes: la verdad”, enfatizó.
Lejos de desmentir con pruebas, la respuesta oficial se enfocó en desacreditar al denunciante y proteger la narrativa institucional.
Pero el efecto fue el contrario: la publicación de Figueredo provocó una avalancha de testimonios similares en redes sociales, en los que otros médicos, estudiantes y familiares relataron haber vivido o presenciado prácticas dirigidas a manipular cifras de mortalidad infantil.
Los relatos abarcan desde las décadas de los 90 hasta la actualidad, y exponen una cultura institucional donde las decisiones clínicas se subordinan a la necesidad política de mantener estadísticas “limpias”, incluso a costa de la vida de los recién nacidos y de la ética médica. En lugar de una investigación, el régimen ha optado —una vez más— por desacreditar, silenciar y negar.
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