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En un intento por incorporar a su narrativa oficial el fenómeno del reguetón cubano -y en particular su vertiente conocida como "el reparto"-, la prensa estatal comenzó a destacar sus valores culturales, a pesar de que durante años este género fue marginado y censurado por las instituciones del país.
La periodista Thalía Fuentes Puebla, del portal oficialista Cubadebate, publicó un artículo en el que elogia al reparto como "una de las expresiones musicales más distintivas y culturalmente relevantes dentro de la música urbana en Cuba", destacando su "riqueza rítmica y autenticidad" como reflejo de la "identidad popular".
Según Fuentes, el género ha "evolucionado" hacia una mayor complejidad instrumental ha integrado elementos de la música tradicional cubana, pero evita referirse a los problemas sociales profundos que han dado lugar a su auge: una crisis económica, educativa y cultural que deja pocas alternativas a los jóvenes para expresarse o encontrar espacios de realización personal.
El texto llega incluso a mencionar a cantantes como Candyman y Chocolate MC, ambos residentes en Estados Unidos y críticos del régimen.
Del primero dice que fue de los primeros en adaptar el reguetón al contexto cubano, y a Chocolate lo reconoce como impulsor del reparto con temas como "Bajanda", al tiempo que subraya su uso de "modismos y referencias específicas al contexto social cubano".
La reportera llama a no "satanizar" los géneros urbanos, y admite que son síntoma de una desigualdad mucho más profunda.
"La verdadera batalla cultural no está en prohibir ritmos, sino en garantizar que el arte elevado no sea privilegio de unos pocos, ni el arte popular sea el único consuelo posible", afirmó.
La publicación se enmarca en un contexto más amplio de intentos del gobierno por apropiarse de la narrativa del género urbano, que ha ganado enorme popularidad entre la juventud cubana.
En abril, el Ministerio de Cultura organizó un evento sobre el fenómeno musical, al que asistieron los reguetoneros Yomil y Yulién Oviedo, ambos conocidos por haber criticado en el pasado al régimen.
Sin embargo, su participación en el encuentro -y el silencio que mantuvieron después- generó cuestionamientos sobre la coherencia de sus posturas.
El gobierno insistido en que su intención no es prohibir estos géneros, sino "moderarlos" y garantizar un "equilibrio" en el ecosistema cultural.
Pero detrás de ese discurso se percibe una estrategia clara: cooptar al reguetón y al reparto como herramientas útiles para conectar con las masas jóvenes, sin tocar los factores estructurales que los han hecho tan influyentes.
Ya en marzo, la televisión dedicó una Mesa Redonda al impacto social del reparto, en el que funcionarios y académicos discutieron el fenómeno con un enfoque más controlado que crítico.
Luis Emilio Aybar, director del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, afirmó entonces que el reparto tiene "una fuerza social significativa", pero insistió en que la postura oficial no es "ensalzarlo de forma acrítica".
Mientras tanto, artistas independientes y sectores críticos señalan que el régimen busca domesticar y canalizar la cultura popular según sus intereses políticos, ignorando las condiciones que la originan: precariedad, desigualdad, represión y falta de horizontes.
El reconocimiento tardío y selectivo al reparto no parece un acto genuino de apertura cultural, sino parte de una estrategia de apropiación simbólica que refuerza el control sobre la vida artística y social de la isla.
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