La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) informó este sábado 31 de mayo que el país enfrenta un déficit de generación eléctrica superior a los 1.600 MW, lo que provocará cortes masivos del servicio en todo el territorio nacional.
Según el parte oficial, el sábado se afectó el servicio las 24 horas, con un pico de 1.478 MW registrado a las 10:10 pm, coincidiendo con la hora de mayor consumo.
Durante la madrugada de este sábado los apagones se mantuvieron sin interrupciones.
A las 7:00 am la disponibilidad era de 1900 MW con una demanda de 2920 MW, resultando un déficit de 1061 MW.
El pronóstico para el mediodía es de 1150 MW afectados.
Se proyecta que en el horario pico de la noche la afectación llegue hasta los 1.620 MW, en un sistema cuya demanda rondará los 3.450 MW, mientras la disponibilidad apenas alcanzaría los 1.900 MW.

El parte técnico revela un panorama crítico de la infraestructura energética nacional:
Cuatro unidades generadoras están fuera de servicio por averías: las unidades 3 de CTE Cienfuegos, 2 de CTE Felton, 6 de CTE Nuevitas y 6 de CTE Renté.
Otras tres unidades están en mantenimiento: la 2 de Santa Cruz y bloques claves de Cienfuegos y Renté.
La generación distribuida sufre por falta de combustible en 48 centrales (290 MW menos) y falta de aceite en motores (124 MW menos).
Las limitaciones técnicas en la generación térmica suponen otros 343 MW fuera de servicio.
Aunque el informe menciona una producción de 1.225 MWh proveniente de los 12 parques solares fotovoltaicos, esta fuente apenas cubre una fracción de la demanda real.
La gravedad de la situación no solo refleja el deterioro de las plantas termoeléctricas, muchas de ellas obsoletas, sino también una crisis de planificación, inversión y gestión.
El gobierno continúa culpando al embargo estadounidense y a problemas logísticos, mientras millones de cubanos enfrentan días enteros sin electricidad, sin poder refrigerar alimentos ni bombear agua.
Los apagones prolongados y diarios -ya normalizados en muchas zonas- golpean con especial dureza a la población más vulnerable, y generan un ambiente de creciente frustración.
La precariedad energética no solo limita la calidad de vida, sino que afecta gravemente el desempeño de hospitales, centros educativos, comercios y cualquier actividad económica.
Ante la falta de soluciones efectivas, y con el verano en puerta, se prevé que la crisis eléctrica empeore, provocando nuevos focos de malestar social y posibles protestas, como las ocurridas recientemente en varios puntos del país.
El régimen, sin ofrecer un plan claro de recuperación, sigue enviando señales de inmovilidad ante un sistema eléctrico colapsado, mientras la ciudadanía sufre las consecuencias más dramáticas de un modelo que ni genera, ni repara, ni responde.
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