El gobierno comunista de Cuba asumió este lunes la coordinación del Grupo de los 21 (G-21) en el marco de la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra, Suiza.
Así lo informó en la red social X el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, quien destacó que el G-21 es el grupo de concertación más numeroso dentro del foro multilateral, al estar integrado por 33 naciones.
Según el dirigente del régimen, el bloque considera el desarme nuclear como su máxima prioridad, en un momento de creciente tensión global por los conflictos en Oriente Medio, Ucrania y Asia-Pacífico.
Cuba dirigirá las labores del grupo hasta el 15 de agosto, como parte de la agenda rotativa del organismo, expuso el oficialista diario Granma.
La Conferencia de Desarme fue establecida en 1978 como el único foro de negociación multilateral en materia de desarme, luego de experiencias previas como el Comité de los Diez (1960) y la Conferencia del Comité de Desarme (1969-1978).
El G-21, por su parte, agrupa principalmente a países en desarrollo con posiciones críticas hacia las potencias nucleares tradicionales. Todo ello en medio del conflicto bélico entre Israel y Estados Unidos versus Irán, un aliado del régimen de La Habana.
Contradicciones diplomáticas
A pesar de su retórica constante contra las armas nucleares, el régimen cubano nunca ha condenado abiertamente el arsenal atómico de aliados como Rusia, China o Corea del Norte. Por el contrario, ha sido un vocero de sus posiciones en foros internacionales.
La más reciente muestra de parcialidad se evidenció hace unos días, cuando el gobernante Miguel Díaz-Canel condenó enérgicamente los bombardeos de Estados Unidos a instalaciones nucleares iraníes, calificándolos de “peligrosa escalada de conflicto”, mientras guarda silencio ante las amenazas nucleares rusas en Europa del Este.
Cuba, los misiles y la historia
El tema no es ajeno al contexto cubano. En 1962, la isla fue epicentro de una de las crisis más graves de la Guerra Fría: la Crisis de los Misiles, también conocida como Crisis de Octubre, cuando el fallecido dictador Fidel Castro permitió el despliegue secreto de misiles nucleares soviéticos en territorio nacional. El mundo estuvo al borde de una guerra nuclear entre EE.UU. y la URSS, durante los 13 días de octubre, hasta que un acuerdo secreto evitó el conflicto.
Esa herencia histórica sigue pesando en el discurso oficialista, que intenta mostrarse como promotor de la paz, pero omite con frecuencia las inconsistencias de su política exterior, sobre todo cuando se trata de aliados autoritarios que poseen armamento nuclear o mantienen tensiones bélicas abiertas.
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