
El giro económico emprendido por el régimen cubano comienza a levantar ampollas dentro de sus propias filas.
Militantes comunistas, dirigentes juveniles e intelectuales vinculados al oficialismo cuestionan unas reformas que amplían el espacio del mercado y del capital privado, mientras Miguel Díaz-Canel insiste en que Cuba no está renunciando al socialismo.
Una de las críticas más contundentes procede de Punto y Aparte, un medio digital alternativo de izquierda integrado por militantes del Partido Comunista de Cuba (PCC) y de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
En su editorial Nada será igual después del silencio, la publicación advierte que algunas de las reformas «implican el retorno del país hacia un régimen capitalista puro y duro» y acentúan las desigualdades.
Punto y Aparte va más lejos y considera determinadas medidas un «acto de rendición de la Revolución Cubana frente a los intereses de la nueva burguesía del país y del capital financiero internacional».
La relevancia de estas críticas está precisamente en su procedencia. No parten de la oposición o del exilio, sino de sectores que reivindican abiertamente el socialismo y temen que sea la propia cúpula la que esté desmontando algunos de sus pilares económicos.
El paquete de 176 medidas aprobado por el régimen amplía la autonomía empresarial y el papel del sector privado, contempla la transformación de empresas estatales en sociedades mercantiles con participación de capital privado nacional y extranjero y elimina restricciones para las mipymes, entre otros cambios.
Díaz-Canel ha asegurado que las reformas «no son para más capitalismo», aunque reconoció en una entrevista con el medio puertorriqueño Claridad que dentro del PCC existen «opiniones divididas» y que las medidas tienen «contradicciones» y «riesgos», según recogió 14ymedio.
Las reservas alcanzan también a dirigentes jóvenes. Alejandro Sánchez, secretario de la UJC en la Universidad de La Habana, cuestionó quiénes serán los verdaderos beneficiarios de las transformaciones. «Si la respuesta es “todos”, sería falso», escribió, al tiempo que reclamó mayor participación y control popular.
A ello se suma un documento de militantes comunistas al que tuvo acceso la agencia EFE, que advierte que algunas reformas «rebasan ampliamente» lo considerado históricamente admisible dentro del socialismo cubano.
El Cangrejo y el temor a una nueva élite
El debate económico coincide con otro foco de malestar: el protagonismo adquirido por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, El Cangrejo, nieto de Raúl Castro, pese a no ocupar un cargo público conocido.
Su papel como interlocutor en contactos con Estados Unidos y los privilegios asociados a los descendientes de la élite han provocado críticas incluso entre figuras oficialistas.
Michel Torres Corona, presentador del programa estatal Con Filo, cuestionó públicamente el papel de Rodríguez Castro y denunció los privilegios de los descendientes de la cúpula, preguntándose «qué justifica su impunidad».
Las críticas revelan una contradicción cada vez más difícil de ocultar. Después de seis décadas durante las cuales el régimen restringió la propiedad privada y presentó la acumulación de riqueza como una consecuencia indeseable del capitalismo, ahora necesita capital privado, inversión extranjera y mecanismos de mercado para intentar sacar a flote la economía.
El temor expresado desde su propia izquierda es que el resultado no sea simplemente una apertura económica, sino el nacimiento de una nueva clase privilegiada vinculada al poder, mientras la mayoría de los cubanos continúa soportando la crisis.
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