Consternación en Cienfuegos por muerte violenta de una madre cubana en presencia de su hija

El asesinato tuvo lugar en la mañana de este martes.

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Una joven madre de 29 años, identificada como Yailin Carrasco Pérez y madre de tres niñas, fue brutalmente asesinada en la mañana de este 22 de julio en el Consejo Popular de Pastorita, en Cienfuegos.

El crimen ocurrió cerca de las 6:30 a.m. en la carretera Vial, Universidad, cuando la víctima, acompañada por una de sus tres hijas, presuntamente acudió a encontrarse con su agresor, según reveló en Facebook el perfil oficialista "Las Cosas de Fernanda".

Según vecinos de la comunidad aledaña al politécnico José Gregorio Martínez -citados por la fuente- los gritos desgarradores de la menor alertaron a los vecinos.

“¡Me mataron a mi mamá!”, habría gritado la niña de seis años, quien reconoció en el atacante a la pareja de su madre.

El sujeto ya fue arrestado y está "bajo investigación penal", según indicó la fuente.

El caso ha causado consternación en la comunidad y ha vuelto a poner en evidencia la gravedad de la violencia machista en Cuba, un problema creciente que, pese a los intentos de visibilización desde la sociedad civil y en especial desde plataformas feministas independientes, continúa sin recibir una respuesta efectiva por parte del Estado.


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Según precisó el activista Saúl Manuel en sus redes sociales, el presunto autor del crimen sería un reo fugado, un dato extremadamente grave que, de ser cierto, revelaría una preocupante cadena de negligencias institucionales.

“Yailin ‘La China’... fue asesinada por su pareja que se fugó de la cárcel”, escribió Manuel, quien detalló que, lamentablemente, la mujer murió degollada.

Captura de Facebook/Saúl Manuel

El uso del término “violencia pasional”: Un eufemismo peligroso

En su cobertura del hecho, el perfil oficialista Las cosas de Fernanda calificó de forma insistente el hecho como “violencia pasional”, aunque en parte del extenso texto llegó a utilizar una vez el término feminicidio.

Eufemismos como "crimen pasional" o "violencia pasional", todavía comunes en el discurso oficial cubano, son una forma de minimizar y despolitizar los crímenes de odio contra las mujeres.

Al hablar de “pasión”, se sugiere que hay una emoción incontrolable que justifica, o al menos explica, el asesinato.

Llamar a este asesinato “violencia pasional” no solo diluye su gravedad, sino que invisibiliza la categoría de feminicidio, que ni siquiera ha sido reconocida legalmente en Cuba.

A fin de cuentas, este tipo de lenguaje contribuye a la impunidad simbólica de los agresores y perpetúa una cultura que normaliza la violencia contra las mujeres.

Fidel, el marxismo y la contradicción permanente del sistema

El texto compartido por Las cosas de Fernanda incluyó una extensa y mareante reflexión sobre la supuesta lucha revolucionaria por la igualdad de género, con referencias a Fidel Castro y el marxismo.

Se insistió en que “la Revolución de 1959 trajo consigo un compromiso hacia la igualdad de género”, aunque se reconoció tímidamente que las estructuras patriarcales persisten.

Esta narrativa es profundamente contradictoria. Por un lado, se ensalza el legado de Fidel como impulsor de los derechos de la mujer; por otro, se reconoce que la violencia de género no ha sido erradicada, ni siquiera contenida.

Pero el análisis termina culpando al “sistema capitalista” de estas violencias, incluso en un país donde la prensa, la educación, las leyes y los medios están controlados por un sistema que se autodefine como socialista.

La omisión del rol del Estado cubano en la falta de políticas de prevención, protección y justicia para las mujeres es deliberada y funcional al relato oficial.

No es el capitalismo el que asesina a las mujeres en Cuba: es el machismo impune, permitido por un Estado que se niega a reconocer el feminicidio como delito específico y no establece protocolos efectivos de protección a víctimas.

La pena de muerte: ¿Una salida o una distracción?

Finalmente, el texto oficialista propone reinstaurar la pena de muerte para los crímenes de este tipo, citando la necesidad de acabar con la actual “moratoria”.

Fuente: Captura de Facebook/Las Cosas de Fernanda

Esta propuesta -que apela al castigo extremo- es sintomática de la falta de respuestas estructurales del régimen cubano ante la violencia de género.

Lejos de plantear mecanismos de prevención, casas de acogida, leyes integrales o educación con enfoque de género, se propone la muerte de los agresores como única solución.

Este enfoque punitivista oculta la raíz del problema: la ausencia de un sistema de protección efectivo para las mujeres. Yailin Carrasco Pérez no murió por una “pasión” descontrolada. Fue asesinada, presuntamente, por un hombre con quien tuvo una relación, que posiblemente había escapado de prisión, y que actuó con total impunidad.

Su caso, como tantos otros, exige un cambio radical en el tratamiento que los medios oficialistas y las instituciones dan a la violencia de género en Cuba.

Nombrar el feminicidio es un acto de justicia. Reconocer la responsabilidad del Estado es un deber.

Mientras se siga hablando de “violencia pasional” y se continúe glorificando el legado de quienes no enfrentaron estos crímenes con firmeza, las mujeres en Cuba seguirán muriendo sin protección, sin justicia y sin voz.

Hasta el cierre de esta nota, plataformas feministas no han informado sobre el caso.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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