Polémica escultura de Trump aparece por sorpresa en una calle de Nueva York

Donald Trump (Imagen de referencia) Foto © X/The White House

Este artículo es de hace 1 año

En días recientes una escultura completamente roja del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apareció de forma inesperada en pleno centro de Manhattan, justo frente a The News Building, en la intersección de la East 42nd Street con la 2nd Avenue.

Trump fue representado de cintura para arriba, emergiendo desde una alcantarilla con traje, corbata, el rostro serio, mucho pelo y los labios fruncidos. Junto a él, asomando por la tapa del desagüe, una pequeña rata del mismo color acentuaba el simbolismo.

Esta provocadora figura fue instalada de manera clandestina por el artista francés James Colomina, quien la tituló simplemente "Donald".

Modelada en resina de tamaño real, la escultura fue concebida, tallada y pintada en el estudio de Colomina en Francia durante tres semanas. Luego fue desmontada, enviada a Nueva York y reensamblada in situ.

Compartida en su cuenta de Instagram con la leyenda “Make America Grime Again”, la pieza es parte de una serie de instalaciones con las que Colomina irrumpe en el espacio público para denunciar los excesos del poder.

Como ha explicado el propio autor: “Quería que esta imagen -un cuerpo rojo surgiendo de las alcantarillas- perturbara ese paisaje”.

Colomina es conocido por instalar obras políticas en espacios públicos sin previo aviso.

Una imagen perturbadora para una ciudad emblemática

Colomina eligió Nueva York como escenario no por azar. La Gran Manzana representa para él el corazón del mito construido por Trump.

“Aquí construyó su imagen, su imperio, su leyenda. Una ciudad que intentó conquistar con torres doradas y lemas brutales”, explicó.

Por eso, situar al mandatario literalmente a ras del suelo, emergiendo desde el subsuelo, adquiere un significado aún más potente.

El artista declaró que quería oponer la grandiosidad de los rascacielos neoyorquinos a la figura “grotesca” de su escultura.

 “Este rascacielos es un símbolo de poder, elevación y orgullo arquitectónico. Me gustó la idea de crear un contraste brutal entre esta grandiosa verticalidad y la aparición de un cuerpo grotesco desde las alcantarillas”, refirió en declaraciones a la prensa estadounidense.

Colomina no busca simplemente retratar una figura polémica, sino lo que representa: “Trump no aparece en la cima, sino a nivel del suelo, donde la ciudad reprime lo que no quiere ver. Es una especie de contra-monumento”.

Para él, el mandatario simboliza mucho más que una etapa política: “Ha alimentado el miedo, profundizado la división e inyectado una forma de vulgaridad en la esfera política”.

“No busco representar a un hombre, sino lo que simbolizó y sigue simbolizando: el odio al otro, el repliegue, la violencia disfrazada de liderazgo”, añadió.

Reacciones enfrentadas: entre el aplauso y el desprecio

Como suele ocurrir con sus intervenciones, la instalación generó reacciones inmediatas. En redes sociales, la publicación del artista recibió muestras de rechazo pero también de elogios como: “Me encanta esto”, “genio” o “super evocador”.

Desde la Casa Blanca, la portavoz Abigail Jackson respondió con sarcasmo: “La imitación es la forma más sincera de adulación”.

"Este ‘artista’ tendrá que volver a la mesa de dibujo. O quizás a la escuela de arte”, añadió.

Las autoridades retiraron la escultura poco después de su instalación.

“Se la llevaron, no sé qué van a hacer con ella”, declaró Colomina al portal Actu Toulouse.

Una trayectoria de provocaciones en rojo

La obra dedicada a Trump se suma a una larga lista de esculturas críticas realizadas por James Colomina en distintos rincones del mundo.

En 2022 instaló en Central Park una figura del presidente ruso Vladimir Putin sobre un tanque, retratado como un niño jugando.

En París, en 2020, presentó una escultura de Emmanuel Macron para denunciar la banalización de la pobreza. Más recientemente, en 2024, sorprendió en Toulouse con una figura erecta del Abbé Pierre en una iglesia desacralizada.

En todas sus obras, el denominador común es el color rojo intenso, símbolo de urgencia, ira y confrontación.

Según el sitio de Galeries Bartoux, “El 'Rojo Colomina' [...] encarna la ira, la pasión y la urgencia de los temas que aborda”.

Además, la metodología del artista es clara: sin previo aviso, instala sus piezas en espacios cotidianos para convertirlos en escenarios de reflexión. “Esta obra es una continuación de mi trabajo: desviar los símbolos del poder para revelar lo que perturba, lo que divide, lo que degrada”, afirma.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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