
Una doctora cubana, madre de un paciente que se realiza hemodiálisis en el Hospital Celia Sánchez Manduley, en Manzanillo, Granma, denunció con duras palabras el abandono institucional a los enfermos, quienes son víctimas de frecuentes interrupciones del tratamiento médico y de la falta de voluntad de las autoridades para solucionar el problema, lo que pone en riesgo sus vidas.
“Merecemos respeto”, fueron las dos palabras con que la doctora Roselin Moreno finalizó un contundente texto publicado en su perfil de Facebook, el pasado sábado, a raíz de una nueva suspensión de la hemodiálisis a los pacientes por no haber bicarbonato de sodio, indispensable para ejecutar el procedimiento médico.
Con evidente indignación, la madre cubana decidió dejar a un lado su rechazo a hacer publicaciones en la red social, para exponer una situación que ya “pasa de castaño oscuro” y le atañe en lo personal.
Reveló que ese día no se hizo el procedimiento a los pacientes del hospital por falta de bicarbonato, pese a que “todo el mundo sabe lo que significa para ellos dejarse de hacer tratamiento cuando viene fin de semana, y hasta el martes no tienen más tratamiento”.
La doctora enumeró múltiples complicaciones médicas que sufren las personas con enfermedades renales durante años, que pueden ser cardiovasculares, edema agudo del pulmón, escalofríos, fiebre, descenso o subida de la presión arterial, hipoglucemia, sangramiento por fístulas, infecciones por el catéter, hepatitis y otras afecciones que agravan su condición.
“Yo me pregunto hasta cuándo vamos a estar soportando que, cada vez que llegan al tratamiento, no hay agua o no hay concentrado o no hay bicarbonato o no hay dializadores o comenzaron tarde porque no hay auxiliares de limpieza”, cuestionó.
“Lo que falta es sensibilidad humana”, sentenció. “Es una falta de respeto hacia esos pacientes y sus familiares”.
Moreno denunció que, pese a los reiterados llamados que han hecho a los dirigentes de Manzanillo, “no resuelven el problema, como tampoco lo resuelve salud, ni el partido ni el gobierno ni EMCOMED [Empresa Comercializadora y Distribuidora de Medicamentos], y lo más fácil fue decirles a los pacientes váyanse para la casa que no hay bicarbonato”.
Por tales razones, anunció que se está convocando a la primera secretaria del Partido en Granma y a los involucrados en el programa de Nefrología a una reunión con los pacientes y familiares, “no para oír justificaciones porque pienso que el mayor bloqueo es el que tenemos internamente con la falta de organización que hay”.
El reclamo de esta madre y doctora de la provincia Granma pone al descubierto, una vez más, el severo deterioro del sistema de salud en Cuba, marcado por la falta de fármacos e insumos, las demoras en las cirugías y otros tratamientos, las deficientes condiciones de la infraestructura y el abandono institucional.
La crisis fue reconocida en julio de este año por el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Portal admitió que el sistema sanitario atraviesa una “crisis estructural sin precedentes”, con sólo un 30 % del cuadro básico de medicamentos cubierto y hospitales con graves carencias organizativas y materiales.
El ministro expuso el alarmante panorama de la salud pública en Cuba, y citó entre otros problemas, el déficit de insumos médicos, el éxodo de profesionales, el incremento de la mortalidad materna e infantil y la corrupción en las instituciones hospitalarias. Sin embargo, siguiendo el guion oficial del régimen, responsabilizó de la situación al embargo de Estados Unidos, sin aludir a las fallas internas del sistema.
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