
Vídeos relacionados:
Este viernes, el diario Granma dio a conocer el inicio de las pruebas de campo para ofrecer Wi-Fi en los trenes nacionales, algo que presentó como un paso hacia la modernización del transporte.
La misma se desarrolló la noche del 7 de agosto con la participación de especialistas de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba y la Empresa Ferroviaria de Tecnologías de la Comunicación, Señalización, Informática y Electricidad (COSIE).
Según la fuente oficialista, la Empresa de Soluciones Integrales de Telecomunicaciones (Solintel S.A.), en colaboración con la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba y la de Tecnologías de la Comunicación Ferroviaria (Cosie), aseguró haber validado “con éxito” la infraestructura y la calidad del servicio de Wi-Fi en el vagón 6407 del tren que cubre la ruta Habana-Guantánamo.
El proyecto, ganador del concurso Innova 2024 del Grupo Empresarial de la Informática y las Telecomunicaciones (GEIC), fue presentado como una innovación que permitirá regular emisiones radioeléctricas y mejorar la experiencia de los pasajeros.
Según la versión oficial, esta iniciativa forma parte del proceso de “transformación digital” del transporte cubano, y se enmarca en un contexto de nuevos accesos a internet en el país.
Pero la imagen que intentó proyectar el anuncio choca de frente con la realidad: apenas dos días antes, ese mismo tren sufrió un accidente que puso en evidencia el deterioro crónico del sistema ferroviario en la isla
Lo más leído hoy:
El descarrilamiento que expuso las grietas
El 6 de agosto, a las 2:30 p.m., el tren Guantánamo-La Habana se descarriló a las afueras de Matanzas, en un tramo cercano a las Cuevas de Bellamar.
Viajaban más de 820 pasajeros cuando siete vagones se salieron de la vía, afectando unos 200 metros de la Línea Central y obligando a suspender el tráfico ferroviario por más de 24 horas.
Cinco personas resultaron heridas, tres de ellas hospitalizadas con lesiones leves.
Entre los lesionados había dos ferromozas, una golpeada por la caída de un grupo de pasajeros durante la sacudida, y una pasajera que sufrió golpes en la cabeza y el codo. Ninguno de los heridos se encuentra en peligro, pero todos permanecieron bajo observación médica.
La investigación preliminar apunta al deterioro de la vía como causa. El maquinista, al detectar el problema, activó el freno de emergencia, evitando un desastre mayor. Sin embargo, la magnitud de los daños obligó a desplegar brigadas de reparación y a trasladar al resto de los pasajeros en ómnibus.
Innovación en un sistema al borde del colapso
El contraste es evidente: mientras el aparato propagandístico resalta la conectividad en los trenes, la infraestructura básica sigue fallando.
El sistema ferroviario cubano arrastra décadas de abandono, con rieles en mal estado, material rodante obsoleto y accidentes que se repiten año tras año.
El propio proyecto de Wi-Fi enfrenta obstáculos técnicos y financieros: zonas sin cobertura en gran parte de la red, necesidad de equipamiento especializado y ausencia de un modelo de negocio definido.
Todo ello en un país con cortes de electricidad constantes, un internet caro y limitado, y un transporte público que apenas logra garantizar el servicio.
Un anuncio con años de retraso
La promesa de Wi-Fi en trenes no es nueva. El gobierno la presentó por primera vez en marzo de 2023 como parte de un plan para que los pasajeros pudieran acceder a correo electrónico, navegación web, redes sociales y la intranet corporativa.
Entonces se aseguró que el servicio estaría activo en determinados tramos antes de finalizar el año, pero tal meta no se cumplió.
En mayo de 2024, Solintel anunció las primeras pruebas de campo, sin precisar rutas ni costos, y reconociendo que aún no había financiamiento para el despliegue general.
Los plazos se corrieron, las pruebas continuaron y los obstáculos permanecieron.
Que el 8 de agosto se anuncie “con éxito” la validación del Wi-Fi en la ruta Habana-Guantánamo, justo después de un accidente en ese mismo recorrido, no es solo una coincidencia desafortunada: es un reflejo del orden de prioridades oficiales, donde la imagen de modernidad se impone sobre la reparación de problemas estructurales que amenazan la seguridad y la vida de los pasajeros.
El Wi-Fi en los trenes podría ser una mejora para los viajeros, pero su anuncio en medio de un sistema ferroviario frágil y peligroso deja más dudas que certezas.
El contraste entre la promesa tecnológica y los rieles rotos que provocan descarrilamientos muestra que, en Cuba, el discurso de modernización a menudo circula sobre vías que hace tiempo necesitan algo más urgente que conexión inalámbrica: seguridad, mantenimiento y fiabilidad.
Archivado en: