La recién excarcelada presa política y Dama de Blanco, Aymara Nieto Muñoz, rompió el silencio este martes tras su llegada a República Dominicana, describiendo la incredulidad de sus hijas al verla en libertad después de más de ocho años de encierro por su activismo opositor.
“Les pregunté a las niñas por la mañana si ya estaban contentas con su mamá en libertad, y me dijeron: ‘Ahora en estos momentos no me lo creo, mamá, pienso que tú estás de pase’”, relató Nieto en una entrevista con la activista de derechos humanos y comisionada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Rosa María Payá, quien compartió el diálogo en su red social X.
“Cada pase era muy duro… había que volver a la prisión y separarme otra vez de mis hijas. Mi mamá sufrió mucho”, añadió.
Nieto explicó que su salida fue el resultado de una amenaza directa del Departamento de Seguridad del Estado. “O presa o salida del país”.
Según narró, fue conducida directamente desde la cárcel hasta el aeropuerto, sin permitirle ir a su casa ni despedirse de toda su familia.
“Estuve presa hasta el último momento… ellos mismos me llevaron al aeropuerto. Nunca me dejaron ir a la casa. Apenas sabían que tenía los papeles listos, no me quisieron dar paz en nada”, dijo la opositora, quien agradeció el apoyo de numerosas organizaciones, activistas y voces internacionales que durante años denunciaron su caso.
La llegada de Nieto a Santo Domingo junto a su esposo, el ex preso político Ismael Boris Reñí, y sus dos hijas menores de edad ocurrió el lunes 11 de agosto, mientras su hija mayor quedó en Cuba, a la que no pudo ver antes de partir.
La excarcelación condicionada a abandonar la Isla es una práctica que organismos como Prisoners Defenders y activistas han denunciado como una violación flagrante del derecho internacional.
Nieto había sido condenada inicialmente a cuatro años de cárcel por “atentado” y “daños” tras una detención violenta en 2018.
En 2022, cuando estaba próxima a cumplir esa sanción, fue sentenciada de nuevo por “desórdenes en establecimiento penitenciario” durante un motín en el Guatao en 2020, a cinco años y cuatro meses adicionales, en un juicio denunciado como manipulado por la Seguridad del Estado.
Durante su reclusión, fue trasladada a más de 600 kilómetros de su familia, lo que le impidió ver durante años a sus hijas. Sufrió depresión, hipertensión arterial y dengue, y en varias ocasiones se denunció la falta de atención médica adecuada.
Ya en libertad, aunque lejos de su tierra natal, Nieto aseguró que continuará su activismo. “Nunca pensé que estaba sola… y ahora espero poder seguir luchando por liberar a muchos presos políticos que están pasando por lo mismo”, dijo.
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