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Rolando Marino Cordero Rodríguez, un cubano de 76 años que llegó a Estados Unidos durante el éxodo del Mariel en 1980, fue arrestado por agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) frente a su vivienda en Miami el pasado 25 de octubre.
La detención ha provocado una ola de preocupación entre sus seres queridos, quienes denuncian que su avanzada edad, su frágil estado de salud y su historial de vida durante más de tres décadas en el país no han sido tenidos en cuenta por las autoridades.
Un pasado marcado por una condena y una vida de cumplimiento
El origen del proceso que culminó en su arresto se remonta a 1985, cuando la madre de una menor de 17 años lo acusó de haber mantenido una relación sentimental con su hija.
Cordero, quien por entonces llevaba apenas cinco años en Estados Unidos, fue juzgado y cumplió condena en prisión.
Desde entonces, quedó registrado oficialmente como "depredador sexual", un término que, según su familia, no refleja la realidad de su caso ni su comportamiento posterior.
"Fue acabado de llegar de Cuba. Algunas veces uno viene de Cuba y uno no sabe las leyes de este país y entonces algunas veces uno comete esos errores", explicó su actual pareja en entrevista con Univision, intentando contextualizar el hecho dentro del desconocimiento legal que enfrentan muchos migrantes recién llegados.
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Cordero Rodríguez fue liberado tras cumplir su sentencia, y desde entonces, según relatan sus allegados, no volvió a cometer delito alguno.
Durante más de 30 años se presentó regularmente ante las autoridades migratorias sin faltar a una sola cita.
En 1997, sin embargo, se le impuso una orden de deportación que, por razones desconocidas, nunca llegó a ejecutarse hasta ahora.
“Él no es ningún depredador sexual”: La defensa de su familia
Las voces más cercanas a Rolando Marino Cordero han salido en su defensa, cuestionando tanto el contexto como la forma en que ha sido tratado.
“Él no es ningún depredador sexual. Si yo supiera que él es un depredador sexual yo fuera la primera que no le hubiese dado confianza de acercarse a mí y mucho menos a mis hijas”, declaró su hijastra.
“Es una persona incondicional. No merece que le hagan esto”, añadió.
La familia subraya que el hombre, hoy con 76 años, se encuentra en una situación médica crítica. Ha sido operado del corazón y tiene una válvula colocada. A pesar de ello, sigue trabajando con dedicación.
“Es perfecto, él no hace nada que sea incorrecto. Es trabajador. Con esos años que tiene trabaja muchísimo”, reiteró la hijastra.
La detención frente a su casa
La detención ocurrió de forma repentina, justo frente a su residencia. Para su familia, fue un golpe inesperado.
Más aún porque Cordero lleva décadas asentado en Estados Unidos, ha trabajado sin descanso y ha mantenido una vida familiar estable.
A los oficiales les habría sorprendido que viviera cerca de una escuela, dado su estatus en el registro penal, aunque su familia sostiene que durante todo este tiempo nunca fue considerado una amenaza.
Desde su arresto, sus familiares no han vuelto a saber de él.
"Desde hace una semana no tenemos noticia de él. Lo último que supimos es que sería deportado a México", denuncian con angustia.
El ruego de su entorno más cercano es claro: piden clemencia, comprensión y humanidad. “Por lo menos estos últimos años que va a vivir, que los viva tranquilo, y en la casa”, expresó su pareja.
“Yo lo único que pido es que nos oigan, que por favor que lo perdonen”, añadió
El temor más inmediato es su posible deportación a México, un país con el que no tiene vínculos ni redes de apoyo.
Según la familia, una medida de ese tipo podría ser fatal, no solo por su edad y condiciones médicas, sino porque lo apartaría de la única vida que ha conocido en más de cuatro décadas.
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