Díaz-Canel, mariscal de campo en Tamarindo: “Cada cubano debe tener una forma, un lugar y un medio en la defensa”



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Miguel Díaz-Canel en Tamarindo © Facebook / Presidencia Cuba
Miguel Díaz-Canel en Tamarindo Foto © Facebook / Presidencia Cuba

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El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel reapareció este sábado con uniforme verde olivo, gesto adusto y un fusil de museo a pocos metros, en un acto militar en Tamarindo, municipio Diez de Octubre, como parte del tercer “Día Nacional de la Defensa” del mes.  

La escena, más propia de una película de los años 80 que de un país en crisis, buscaba —según Presidencia— “elevar la preparación del pueblo bajo el concepto de la Guerra de Todo el Pueblo”. 

Rodeado de generales de cuerpo de ejército, ministros del Interior y las Fuerzas Armadas, y un puñado de vecinos reclutados para la ocasión, Díaz-Canel intentó transmitir firmeza ante lo que describió como una “creciente agresividad del imperialismo”.  

En realidad, la jornada se pareció más a una feria de armas e ideas oxidadas que a un ejercicio táctico: rifles AKM de medio siglo, caretas antigases de la “guerra de trincheras” y un par de toldos improvisados sirvieron de escenografía para el nuevo “parte de guerra” del Partido Comunista. 

“Cada cubana y cubano debe tener una forma, un lugar y un medio en la defensa”, sentenció el mariscal de campo y primer secretario del PCC, mientras los asistentes —entre ellos varios civiles con cara de domingo— sostenían “medios” que apenas sobrevivirían a una ráfaga de aire.  

Los noticieros oficialistas, sin embargo, presentaron la actividad como una muestra de “unidad revolucionaria” y “preparación combativa ante cualquier agresión extranjera”. 

El “mariscal de campo de Tamarindo”, como lo apodaron usuarios en redes sociales, no lució especialmente entusiasmado: las fotos oficiales lo mostraron serio, casi ausente, mientras escucha explicaciones sobre piezas de armamento que podrían estar mejor en un museo.  

A su alrededor, la jerarquía militar sonreía con disciplina, quizá sabiendo que la verdadera batalla que enfrenta el país no se libra con fusiles sino con apagones, escasez y hastío. 

En paralelo, mientras Cuba presume de ejercicios simbólicos, Estados Unidos continúa su despliegue tecnológico y estratégico en el Caribe, reforzando su presencia aérea y naval tras la captura de Nicolás Maduro.  

La brecha entre ambos escenarios no podría ser más elocuente: de un lado, drones, satélites y portaaviones; del otro, discursos reciclados y milicianos con fusiles de madera. 

Con esta nueva jornada de “defensa popular”, el régimen intenta proyectar control y cohesión. Pero lo que se vio en Tamarindo fue otra cosa: una escenificación de poder declinante, un ritual cada vez más vacío donde el enemigo imaginario sirve, otra vez, para distraer del hambre real y el aburrimiento de otro fin de semana de apagones.

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