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El turismo internacional en Cuba volvió a desplomarse en 2025 y cerró el año con su peor diciembre en cuatro años, en un nuevo golpe para una economía ya asfixiada por la crisis estructural, la caída del poder adquisitivo y la pérdida de confianza de los viajeros internacionales.
Según las cifras oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el país recibió un total de 2.604.092 viajeros hasta diciembre de 2025, lo que representa apenas el 86,6 % del total alcanzado en igual período del año anterior.
En términos absolutos, son más de 400.000 visitantes menos que en 2024. De ese total, 1.810.663 fueron turistas internacionales, una contracción todavía más severa: el 82,2 % con respecto a 2024, lo que equivale a una pérdida de casi 400.000 visitantes.
El economista cubano Pedro Monreal calificó el resultado como “terrible para el turismo internacional en Cuba”.
En un hilo publicado en redes sociales el 2 de febrero de 2026, el especialista advirtió que el sector experimentó una contracción del 17,8 % durante el año, con apenas 1,8 millones de turistas, por debajo de los 2,2 millones registrados el año anterior. “El turismo cubano no logra levantar cabeza”, resumió Monreal.
El mes de diciembre, tradicionalmente el inicio de la temporada alta, reflejó con claridad la magnitud del problema. Fue el peor diciembre desde 2021, con un nivel de llegadas internacionales muy por debajo de lo esperado.
Esa tendencia confirma, según Monreal, “una anémica primera parte de la temporada alta”, que anticipa un 2026 lleno de dificultades para la economía nacional.
La baja afluencia en el último mes del año no solo golpea las previsiones oficiales, sino que pone en entredicho la sostenibilidad de un sector que sigue siendo vital para la captación de divisas.
Los datos por mercados emisores confirman un deterioro generalizado. Canadá, principal fuente de turistas para la isla, redujo su flujo de visitantes de 860.877 en 2024 a 754.010 en 2025.
La comunidad cubana residente en el exterior, otro grupo clave, también cayó drásticamente: de casi 295.000 viajeros a poco más de 228.000.
Rusia, uno de los países que el gobierno cubano había intentado potenciar en los últimos años, se desplomó hasta los 131.882 visitantes, un 71 % del nivel del año anterior.
Estados Unidos también mostró una reducción marcada, con solo 110.005 viajeros, frente a los 142.450 de 2024, a pesar del restablecimiento parcial de vuelos y cruceros.
En Europa, las cifras tampoco son alentadoras: España y Francia registraron descensos, y Alemania sufrió una de las caídas más pronunciadas, con apenas la mitad de los turistas de 024.
Solo Argentina y Colombia presentaron incrementos interanuales, aunque con volúmenes demasiado bajos como para compensar la pérdida de los mercados principales.
El balance general muestra un escenario pesimista. A pesar del discurso oficial que insiste en la “recuperación gradual”, los números reflejan una industria estancada, golpeada por la falta de infraestructura, la mala calidad de los servicios, los apagones constantes y la escasez de alimentos y combustible.
El turismo cubano no ha logrado recuperar los niveles previos a la pandemia y ni siquiera pudo sostener el leve repunte observado en 2024.
El resultado deja al sector —controlado en su mayoría por el conglomerado militar GAESA— en su punto más bajo en cuatro años.
Con menos visitantes, una oferta cada vez más deteriorada y un entorno económico adverso, el turismo entra en 2026 en estado crítico, mientras el régimen insiste en proyectar una imagen de normalidad que las cifras desmienten.
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