El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) volvió a encender el debate migratorio tras publicar un mensaje en el que responsabiliza a la administración de Joe Biden de haber “manufacturado una crisis” en la frontera sur, permitiendo —según la agencia— la entrada de millones de extranjeros sin verificación adecuada.
En su cuenta oficial en la red social X, ICE afirmó que la frontera sur está ahora “segura” gracias al presidente Donald Trump, así como al trabajo conjunto de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
El organismo aseguró que continuará removiendo a inmigrantes en situación irregular desde el interior del país y reiteró que su labor para “defender la patria” sigue en marcha.
Las declaraciones se producen en un contexto en el que la agencia ha enfrentado una creciente impopularidad y cuestionamientos por parte de sectores políticos, organizaciones de derechos civiles y activistas proinmigrantes, que critican el endurecimiento de las políticas de detención y deportación.
Para sus detractores, el lenguaje empleado por ICE —como el uso del término “criminal aliens” (extranjeros criminales)— refuerza una narrativa que generaliza y estigmatiza a comunidades migrantes enteras.
Diversas organizaciones han advertido que este tipo de discurso contribuye a la polarización y al aumento de tensiones sociales.
Por su parte, defensores de la actual política migratoria sostienen que el control fronterizo y la aplicación estricta de la ley son necesarios para garantizar la seguridad nacional y restaurar el orden en el sistema migratorio estadounidense.
El debate sobre inmigración continúa siendo uno de los temas más divisivos en Estados Unidos, especialmente en un escenario político marcado por fuertes contrastes entre las políticas implementadas en los últimos años y el actual enfoque de reforzamiento fronterizo y aplicación interna de la ley.
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