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La felicitación de Miguel Díaz-Canel por el Día Internacional de la Mujer, difundida en los perfiles oficiales de la Presidencia y del propio gobernante, provocó este 8 de marzo una avalancha de reacciones en redes sociales.
Con el país atravesando una crisis sistémica sin parangón, la reacción de los usuarios estuvo marcada sobre todo por comentarios críticos, irónicos y de abierto rechazo al contraste entre el discurso oficial y la realidad que viven millones de cubanas.
En uno de los mensajes, el gobernante aseguró que dialogar con las mujeres cubanas “siempre enaltece, emancipa” y defendió las “conquistas” alcanzadas por ellas en la llamada “revolución”.
En otra publicación afirmó que “la luz de nuestros días tiene mucho de mujer: sensibilidad, talento y compromiso con la suerte del país”, acompañando el texto con la promoción de una entrevista a una científica vinculada al área fotovoltaica.
Pero el énfasis oficial en la “luz”, la “sensibilidad” y las “conquistas” chocó de inmediato con el humor negro y la indignación de decenas de comentarios, muchos de ellos centrados en el drama cotidiano de los apagones, la comida escasa, la falta de agua y la precariedad que recae con particular dureza sobre las mujeres.
La frase más repetida, en distintas variantes, fue una pregunta tan simple como demoledora: “¿Cuál luz?”.
La expresión se convirtió en eje de la crítica popular. Un comentarista resumió el sentir de muchos con una línea cargada de sarcasmo: “Buen día, pero por favor no me hablen de la luz al menos hasta que se restablezca el servicio”.
Otro fue todavía más punzante al describir la electricidad en Cuba como “una infiel, que se va cuando quiere y regresa cuando le da la gana”.
El ingenio popular también afloró en observaciones que mezclaban ironía y denuncia. “Ahí sí había electricidad”, señalaron varios usuarios al comentar las imágenes del encuentro oficial del “puesto a dedo” con la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en los salones climatizados de Palacio.
La idea se repitió en más de una publicación y dejó en evidencia el divorcio entre la escenografía del poder y la oscuridad en que sobrevive buena parte del país.
Otros comentarios fueron menos humorísticos y más crudos. Varias mujeres y familiares describieron un 8 de marzo sin celebración posible, atravesado por la angustia de no saber qué dar de comer a los hijos, con qué cocinar o cómo sobrellevar la falta de corriente.
Una usuaria escribió que las mujeres cubanas “no tienen nada que celebrar hoy”; otra lamentó que “ya no somos felices, no tenemos un día de felicidad”.
También hubo mensajes que retrataron a la mujer cubana como alguien que se levanta cada mañana pensando en la comida, el agua, la electricidad y en cómo resistir un día más.
Ese tono de agotamiento apareció una y otra vez. Hubo quien habló de mujeres “inventando para que sus familias no se acuesten sin comer”, y también quien recordó a las madres y abuelas que hoy cocinan “con carbón y leña”, una imagen que desmiente cualquier intento de maquillar la crisis con las desgastadas consignas oficialistas de la FMC.
Varios comentaristas pusieron además el foco en la falta de representatividad del acto oficial. Cuestionaron que el diálogo anunciado por Díaz-Canel no fuera con las cubanas que protestan por los apagones, con las que hacen colas interminables, con las que no encuentran medicinas para sus hijos o con las madres de presos políticos.
“No hablaron con las mujeres cubanas, hablaron con las mujeres que les van a decir lo que ustedes quieren escuchar”, vino a decir uno de los comentarios más certeros.
También destacaron mensajes que reclamaron visibilidad para las presas políticas, las Damas de Blanco y las madres de jóvenes encarcelados por manifestarse.
En ese grupo de reacciones, una idea se repitió con fuerza: el mejor regalo para la mujer cubana no sería una felicitación oficial ni una consigna, sino “libertad” y “una vida digna”.
Entre los comentarios más afilados estuvieron los que desmontaron el tono grandilocuente del mensaje presidencial con una sola frase. “Es un cinismo felicitar y otro más grande hablar de luz”, escribió una persona.
Otra remató: “De qué luz hablas, si vivimos en una eterna oscuridad”. Hubo incluso quien señaló que usar esa palabra en medio de apagones de 20, 30 o más horas era una burla.
La ironía llegó también por la vía política. Algunos usuarios recordaron que las mujeres cubanas son hoy, más que símbolos oficiales de heroicidad, las principales administradoras de la supervivencia doméstica en un país en ruinas.
En vez de “conquistas”, hablaron de hambre, miseria, estrés, desesperación y desgaste emocional. Una comentarista resumió ese sentimiento con una frase tan amarga como elocuente: “Nos duele la vida”.
Cada frase solemne del poder recibió como respuesta un recordatorio de la realidad. Si el mensaje de Díaz-Canel habló de “compromiso con la suerte del país”, muchos respondieron con el precio del arroz, del aceite o con las horas acumuladas sin corriente.
Si apeló a la épica revolucionaria, las respuestas le devolvieron escenas de mujeres agotadas, cocinando con carbón, sin medicamentos y tratando de calmar a hijos acalorados en medio del apagón.
Más que una celebración, lo que dejaron ver estas reacciones fue un profundo malestar social. Y también algo más: que en la Cuba de hoy el humor, la ironía y el comentario breve se han vuelto armas de desahogo frente a la retórica oficial del régimen, cada vez más desconectada de la vida real.
Este 8 de marzo, mientras el poder intentó envolver a las cubanas en palabras como “emancipación”, “conquistas” y “luz”, una parte importante de los comentarios le devolvió una respuesta mucho más terrenal: hambre, apagón y hartazgo.
Y en medio de ese coro crítico, la pregunta que más se repitió terminó siendo también la más devastadora: “¿Cuál luz?”.
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