La televisión estatal cubana difundió este martes un comentario en el que ratifica la postura del presidente Miguel Díaz-Canel de estar dispuesto a dialogar con Washington «sobre todos los temas, incluso por álgidos que sean», pero condicionando cualquier negociación al respeto a la soberanía, la autodeterminación y el derecho internacional. El medio oficial recoge así la disposición al diálogo declarada por Díaz-Canel en su comparecencia televisada de febrero de 2026.
El mensaje llega en un momento de máxima tensión bilateral. El 29 de enero, Trump firmó una orden ejecutiva que declara emergencia nacional por la «amenaza inusual y extraordinaria» de Cuba y autoriza aranceles a países que le vendan petróleo a la isla, en la medida de presión energética más agresiva en décadas. A eso se suma la caída del suministro venezolano tras la captura de Nicolás Maduro en enero, que agravó aún más la crisis energética cubana.
Jorge Legañoa, comentarista de la televisión oficial, enumera siete características que, según La Habana, definen el estado actual de las relaciones bilaterales: recrudecimiento del embargo energético, presiones contra la colaboración médica, ataques a la industria turística, suspensión de remesas, tolerancia a grupos armados, campaña mediática y una narrativa de confusión y desmovilización.
En ese último punto, el régimen apunta directamente a las revelaciones sobre contactos secretos entre el Secretario de Estado Marco Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como «El Cangrejo» y nieto de Raúl Castro, en una reunión en Saint Kitts al margen de la cumbre de CARICOM. Según informó CiberCuba, Rubio negoció la transición cubana con El Cangrejo, ignorando a Díaz-Canel y exigiendo reformas políticas concretas.
El pasado domingo se revelaron además negociaciones secretas para un acuerdo económico con Cuba que incluiría una salida negociada de Díaz-Canel, la permanencia de la familia Castro, apertura turística y alivio de sanciones en puertos y energía. El viceministro Carlos Fernández de Cossío confirmó intercambios de alto nivel pero descartó discutir reformas constitucionales, cambios al sistema socialista o la liberación de presos políticos.
El incidente de la lancha con matrícula de Florida interceptada el 25 de febrero cerca de Villa Clara —que portaba 14 fusiles de asalto, 11 pistolas, más de 12.800 cartuchos, explosivos, drones y uniformes militares— es presentado por el régimen como prueba de la «tolerancia al terrorismo» por parte de Estados Unidos. Según informó CiberCuba, el enfrentamiento dejó cuatro muertos y 21 impactos de bala entre los diez ocupantes, todos cubanos residentes en EEUU, y un guardafrontera cubano herido. El 4 de marzo, la Fiscalía presentó cargos de terrorismo contra seis sospechosos, con penas posibles de hasta 30 años o muerte.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respondió a las declaraciones de Díaz-Canel con un mensaje directo: «El Gobierno cubano está en las últimas y a punto de caer», y advirtió que deben «tener cuidado en los comentarios dirigidos hacia el presidente de Estados Unidos». Trump, por su parte, declaró públicamente estar «hablando con gente de los más altos niveles en Cuba» y que la isla «debería hacer un trato», describiendo la situación con una frase contundente: «No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen comida».
La televisión estatal cubana enmarca todo esto como una estrategia de manipulación de Washington para crear la narrativa de unas negociaciones que, según La Habana, no existen en los términos que el régimen aceptaría. El comentarista resume la postura oficial con una frase que apela a José Martí: «Plan contra plan». Y concluye que la disposición cubana al diálogo es real, pero debe ser «sin chanchullos, de manera seria y responsable, sobre la base de respeto a la soberanía y el derecho internacional».
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