El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, mantiene conversaciones secretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y hombre de confianza de Raúl Castro, en lo que podría ser el primer intento estructurado de negociar una transición en Cuba al margen de los canales oficiales del gobierno de Miguel Díaz-Canel.
La revelación, publicada por Axios y confirmada por fuentes de la administración Trump, señala que los contactos se realizan directamente con el círculo más cercano al líder histórico del régimen, evitando al aparato formal del Partido Comunista y al propio presidente cubano.
“No llamaría a esto negociaciones tanto como conversaciones sobre el futuro”, afirmó un alto funcionario estadounidense citado por el medio. Sin embargo, el objetivo de fondo sería claro: explorar escenarios de cambio político en la isla.
El interlocutor de Rubio es conocido como “Raulito” y apodado en círculos políticos como “El Cangrejo”, debido a una deformidad en un dedo. A sus 41 años, forma parte del entorno íntimo de Raúl Castro y mantiene vínculos con el conglomerado militar-empresarial GAESA, que controla los principales sectores económicos del país.
Las conversaciones se producen en un contexto de máxima presión sobre La Habana. Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y el desmantelamiento del eje Caracas–La Habana, Washington ha endurecido las sanciones energéticas contra Cuba, amenazando incluso a México, uno de los últimos proveedores de crudo a la isla.
El propio presidente Donald Trump ha declarado públicamente que su administración está “hablando con gente de los más altos niveles en Cuba” y que la isla “debería hacer un trato”. Según Axios, el Departamento de Estado no negó los contactos entre Rubio y el nieto de Raúl Castro, aunque declinó hacer comentarios oficiales.
Las revelaciones contrastan con las declaraciones recientes del viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, quien aseguró a la agencia EFE que “no existe diálogo de alto nivel” con Estados Unidos y que apenas ha habido “intercambios de mensajes”. El diplomático también descartó la existencia de intermediarios como México o el Vaticano.
Además, Fernández de Cossío dejó claro que Cuba no está dispuesta a discutir reformas constitucionales, cambios en el sistema socialista ni la liberación de presos políticos, marcando líneas rojas ante cualquier eventual negociación.
Sin embargo, la información publicada ahora sugiere que Washington podría estar siguiendo una estrategia distinta: negociar directamente con figuras del entorno de Raúl Castro, consideradas por la Casa Blanca como los verdaderos decisores en la isla.
Fuentes citadas por Axios indican que Rubio y su equipo ven en el nieto de Castro a un representante de una generación más pragmática y con mentalidad empresarial, para quien el comunismo revolucionario ha fracasado.
“Están buscando a la próxima Delcy en Cuba”, dijo una fuente en referencia al modelo aplicado en Venezuela, donde Estados Unidos promovió una transición sin desmontar completamente la estructura del poder.
El paralelismo con Caracas es evidente. Tras la caída de Maduro, Washington mantuvo a parte del aparato chavista en funciones mientras impulsaba un proceso de estabilización y reconciliación.
En Cuba, el esquema podría ser similar: una transición negociada que preserve ciertos intereses de la élite militar a cambio de reformas graduales.
No obstante, la situación cubana presenta mayores desafíos. A diferencia de Venezuela, la isla carece de una oposición política institucionalizada y su economía está más deteriorada.
Mientras el régimen insiste en negar negociaciones formales, las conversaciones descritas por Axios apuntan a una realidad más compleja: un diálogo discreto que podría definir el futuro político de Cuba.
La pregunta ya no es si existen contactos, sino qué tipo de transición estaría dispuesto a aceptar el castrismo —y bajo qué condiciones.
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